Capitulo 6
La mañana del domingo encontró a Giselle y Martín despiertos mucho antes de lo habitual.
El departamento permanecía en silencio.
Un silencio diferente.
No era incómodo.
Era un silencio cargado de preguntas que ninguno de los dos se animaba a formular.
La noche anterior había quedado atrás.
Sin embargo, la presencia de Esteban seguía ocupando un lugar invisible dentro de la habitación.
Martín observó a Giselle mientras ella permanecía acostada, con la mirada perdida en el techo.
Parecía despierta.
Pero estaba lejos.
Muy lejos.
Habían compartido la misma cama durante años.
Aquella mañana, sin embargo, sintió que entre los dos existía una distancia imposible de medir.
No era física.
Era algo mucho más profundo.
Algo se había movido.
Y ninguno sabía todavía cómo nombrarlo.
Martín rompió el silencio.
—¿Cómo estás?
Giselle tardó unos segundos en responder.
—Bien… tuve un sueño extraño.
La respuesta sonó más como una forma de evitar la conversación que como una respuesta verdadera.
Martín la observó unos instantes.
Conocía cada gesto de aquella mujer.
Sabía cuándo estaba feliz.
Cuándo estaba triste.
Y también cuándo intentaba esconder algo.
—¿Querés que prepare algo para comer?
—No… no tengo hambre.
—¿Te pasa algo?
Ella negó lentamente.
—Estoy cansada.
Nada más.
Martín decidió no insistir.
Se levantó, caminó hasta la cocina y preparó algo sencillo.
Mientras el agua comenzaba a hervir, una imagen volvía una y otra vez a su cabeza.
No recordaba solamente lo ocurrido.
Recordaba la expresión de Giselle.
La manera en que había dejado de controlar la situación.
La intensidad con la que se había entregado a una experiencia que, hasta entonces, solo existía como una fantasía.
No sentía exactamente celos.
Tampoco arrepentimiento.
Lo que sentía era incertidumbre.
Por primera vez temía haber abierto una puerta que ninguno de los dos sabría cerrar.
Cuando regresó a la habitación, Giselle seguía inmóvil.
Miraba un punto fijo sin prestar atención a nada.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
Y, por primera vez desde que se conocían, ninguno encontró el valor suficiente para preguntar aquello que realmente necesitaba saber.
El domingo avanzó lentamente.
Pero algo había cambiado para siempre.
No fue la presencia de Esteban.
Fue la huella que había dejado en cada uno de ellos.
Y esa huella recién comenzaba a mostrar sus
Consecuencias.
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Editado: 04.07.2026