Capítulo 4
Juniper abrió los ojos con dificultad debido a la pesadez de sus parpados. Tenía un agudo dolor de hombros y rigidez en las piernas que le causaba la sensación de haber dormido una eternidad. Cuando intentó estirarse para acabar de despertar notó como una aguja incrustada en su brazo y un dedal en el índice de su mano se lo impedían. Fue entonces que se dio cuenta de la presencia de la máquina a su lado y la botella de suero que colgaba de un atril.
Parpadeó unos segundos creyendo que así terminaría de despertar, pero la realidad la golpeó un instante después. No estaba en su dulce habitación lila llena de peluches sino en una habitación de hospital.
¿Por qué estaba en un hospital? ¿Qué había pasado?
Juniper respiró muy hondo un par de veces expulsando el aire lo más lento que le era posible. Intentó recordar que era lo que le había pasado, pero no pudo. Más allá de subir a su habitación luego de comer un trozo de pastel a escondidas en la cocina, su cabeza estaba completamente en blanco.
Dándose por vencida de cualquier intentó por recordar, levantó un poco la cabeza y buscó un timbre para llamar a una enfermera.
—¡Auch!
Una punzada en el cuello hizo que regresara la cabeza a la almohada en el acto.
—¿Señora Rosemberg? ¿Ha despertado?
—Bueno, considerando la situación creo que sigo en una pesadilla. Me duele la cabeza. Y todo el cuerpo.
La enfermera sonrió como si el dolor de Juniper fuera algo bueno.
—Eso es perfectamente normal. El accidente que tuvo fue muy fuerte. Ha sido una suerte que solo resultara con unos cuantos golpes sin fractura. Ahora mismo informaré al doctor que ha despertado con fuerte dolor y él le medicará algo para controlarlo.
—¿Tuve un accidente? No recuerdo nada de eso.
—Debe guardar la calma, señora Rosemberg. Ya su médico le explicará mejor que yo lo sucedido.
—Una cosa más. ¿Por qué me llama señora Rosemberg?
La enfermera frunció el ceño ante la pregunta y se detuvo a revisar la hoja de su historial en busca de confirmación.
—Corríjame si me equivoco, pero aquí dice que usted efectivamente es la señora Juniper Alexandria Rosemberg.
Juniper sonrió al escuchar esto. —Ese papel está erróneo. Primero, soy señorita. No estoy casada. Y segundo, mi nombre es Juniper Alexandria Julliard.
—¿Amnesia? —repitió Andrew.
Cuando el médico vio la incredulidad en sus ojos, explicó: —La señora sufrió un fuerte traumatismo craneal por lo que su condición es un tanto delicada, quizás no físicamente, pero si en lo emocional. Para ser más claros, ella no recuerda los últimos siete u ocho años de su vida. Aunque en este momento se encuentra estable y consiente.
—¿Quiere decir que no recuerda absolutamente nada de lo que ha vivido en estos ocho años? ¿Está completamente seguro?
—Totalmente. Tampoco recuerda nada del accidente. Un lienzo en blanco me atrevería a decir.
—¿Ella lo sabe?
—En cuanto le informó el diagnóstico, se mostró escéptica.
—Hay cosas que nunca cambian —dijo Andrew con una sonrisa al recordar el carácter de su querida esposa que había ganado fama en los últimos años.
De repente, Austin se quedó petrificado al darse cuenta que si no recordaba los últimos ocho años de vida quizás tampoco lo recordara a él. Y menos recordara que estaban casados.
Después de un extraño y estresante día recibiendo visitas de médicos que solo la bombardeaban de preguntas, pero ninguna respuesta que la satisficiere, logró conciliar el sueño, aunque por muy poco tiempo. Cuando abrió los ojos aún era de noche. La habitación estaba completamente en oscuras a excepción del pequeño reflejo que se colaba por la ventana. —¿Mamá? —susurró intranquila. Casi estaba segura de no recibir respuesta de nadie.
—Juniper.
Aquella voz grave acarició sus oídos. Al principio la sorprendió por tratarse de una voz desconocida, pero se tranquilizó al recordar que estaba en un hospital y que quizá era un médico que había pasado a checar su estado.
—¿Doctor?
Oyó los pasos de una persona acercándose a su cama y sentándose a los pies de esta.
—Juniper —repitió su misterioso acompañante como en espera de confirmación. En cuanto escuchó un leve susurró se acercó más y la tomó de la mano sorprendiéndolo que ella entrelazara sus dedos con los de él.
—Hola —le dijo.
Juniper tragó saliva. Él trato bastante personal que estaba recibiendo la estaba confundiendo. ¿Se trataría de algún médico amigo de la familia que no reconocía por la falta de luz? No. Esa era una posibilidad descartada. El único médico que le daba un trato especial a ella era un septuagenario inconfundible. Entonces, ¿quién era esta persona?
—He hablado con el médico a cargo de tu caso y me ha advertido que tendrías un millón de preguntas al despertar. ¿Quieres hacer algunas ahora mismo? O, ¿prefieres que llame a una enfermera? Quizás tengas sed, pero me temo que aquí solo hay agua…
Editado: 30.03.2026