Capítulo 5
—¿Ma… marido? ¿Mi marido? ¿Cómo es que…? —La ola de emociones que Juniper experimentó en menos de un segundo causó que su pulso se acelerara haciéndose notar en la máquina a la que estaba conectada.
— Seré estúpido. El médico me advirtió no decirte nada que pudiera alterarte y es lo primero que hago.
—¿Por qué asegura ser mi marido? ¿Es que acaso mis padres firmaron algún papel para llevar a cabo un matrimonio mientras estaba inconsciente? O… No, ellos no pudieron hacerme esto. ¿Ellos me mantuvieron en este estado para poder casarme a la fuerza?
Aterrada ante el mar de ideas que se le arremolinaban rápidamente en su mente, Juniper intentó incorporarse de la cama, pero el dolor la obligó a regresar a su posición de reposo. La cabeza empezó a punzarle de nuevo y por un instante tuvo la sensación de que iba a explotar como un globo. Lo único que pudo hacer entonces fue colocarse la mano libre de cables médicos en la boca para intentar calmarse. Tenía que haber una explicación para todo esto. Tenía que haberla.
—Tranquilízate Juniper. Nadie te ha secuestrado para forzarte a hacer nada. Es verdad que requerimos el consentimiento de tus padres para casarnos, pero nadie nos forzó a aceptar nada. Ese matrimonio se hizo porque así lo quisimos los dos.
El esfuerzo que Andrew estaba haciendo por calmarla estaba siendo casi inútil. A Juniper le resultaba casi imposible concentrarse debido a todo el drama de suspenso que estaba produciéndose en su interior.
—¿Qué estás diciendo, papá?
—Sabes perfectamente lo que dije, Juniper —dijo él con impaciencia. —Te casarás con el hijo de Kouros a mediados de año y no está en discusión.
—Pero papá, ¿por qué estás haciéndome esto?
—Precisamente porque soy tú padre y de algo debe de servirme el paquete. Al casarte no solo nos uniremos en familia con mi mejor amigo, sino también, la empresa saldrá beneficiada enormemente.
—En otras palabras, me has vendido.
—Si así lo quieres ver…
—Es que es la verdad —exclamó ella enfurecida. —¿De qué otra manera explicas que quieras que me case con alguien a quien no amo?
—No seas ilusa niña. El matrimonio es solo un papel sin ningún valor. Algo a lo que debes sacar provecho si se presenta la oportunidad.
—¿A como tú y mamá?
—Exactamente. Tú madre y yo nos casamos por mera transacción comercial y nada más —declaró Jacob Julliard con lengua filosa. —Tú también entenderás cómo funciona el mundo dentro de poco.
—De acuerdo papá. Solo espero poder devolverte el favor muy pronto.
—Juniper… Juniper…. ¿Me escuchas Juniper?
Una caricia tierna y cálida en su rostro proveniente de unos dedos largos y masculinos devolvieron a Juniper a la realidad.
—Vamos, cariño. Intenta serenarte y abre esos hermosos ojos para que pueda verlos.
—¿Es esto un sueño?
—No.
—¿En verdad estoy casada?
—Si. Desde hace ocho años.
—¿Qué…?
—Juniper, ¿cuántos años tienes?
—Acabo de cumplir diecisiete el mes pasado. ¿Cómo pude casarme de once años? No es legal…
—Nos casamos cuando tenías diecisiete años. Ahora tienes veinticinco.
—¿Veinti… veinticinco? ¿Qué estás diciendo?
—Actualmente tienes veinticinco años, por lo que tanto nuestro matrimonio como el que conduzcas un auto es completamente razonable.
La inminente explosión de su cabeza cesó por un momento mientras esta digería la nueva información. Cuando por fin consiguió un minuto de paz mental, se dio cuenta de dos cosas. La primera, que la habitación estaba completamente iluminada por la luz blanca que proporcionaba la bombilla y la segunda, que el rostro del hombre que emitía la voz que la había tranquilizado y que se suponía era su esposo era lo bastante atractivo como para acelerarle el pulso a cualquiera sin necesidad de ser paciente de un hospital. Guapo como estrella de televisión, con el cabello negro llevando el clásico despeinado de moda para casi todo el mundo en su tiempo libre y unos brillantes ojos color aguamarina.
—¿Te encuentras mejor? ¿Necesitas que localicé un médico?
—No. Estoy bien. Lo único que necesito es que mi mente se aclare pronto.
—No debes forzarte.
—Lo intento, pero… Es que todo está en blanco.
—Lo entiendo. No pasa nada —la consoló Andrew en tono tierno.
—Espero que todo vuelva a mi muy pronto, digo, teniendo a un marido tan guapo como tú sería el colmo no poder recordarlo.
Andrew sonrió.
—Deberías verlo como las vacaciones bien merecidas que no has querido darte en años.
Ella sonrió. —Si no me conociera bien pensaría por lo que dices que me la paso todo el día trabajando.
—Yo no diría que trabajando todo el día. También haces tiempo para hacer del mundo un infierno para los que te rodean. Tu temperamento es bastante famoso.
Editado: 30.03.2026