El Secreto Del Magnate

Capítulo 04: Nos Vamos

—Acuerdo de divorcio —anunció Niko con tono profesional—. Separación total de bienes, sin pensión compensatoria, sin reclamos futuros. Firma aquí y terminamos en minutos.

Dahia soltó una carcajada nerviosa.

—¿En serio crees que voy a firmar algo así? ¿Sin nada para mí? —miró a Dael buscando apoyo—. Mi novio es un Jones. No necesito tu miseria.

Dael sonrió con suficiencia, pero había un leve nerviosismo en su mirada. Sabía quién era Ethan Smith en los círculos empresariales. Lo que no sabía era cuánto poder tenía realmente.

Ethan ignoró el comentario y se dirigió directamente al abuelo Caín.

—Abuelo… sé que esto es difícil para usted. Pero le prometo que no voy a lastimar a nadie que no lo merezca —dijo con respeto genuino.

Caín asintió lentamente, con los ojos húmedos.

—Hijo… haz lo que tengas que hacer. Yo sé quién eres de verdad. Y sé lo que vales. —El viejo Jaker sabía todo le Ethan, un joven soñador enamorado de la vida y de su trabajo. Primero había querido que fuera su adorada Emily quien se casara con él. Pero Dahia siempre fue una víbora envidiosa; cuando lo vio en traje y pensó que era rico, nada más lejos de la realidad.

Dahia puso los ojos en blanco con evidente fastidio.

—Qué tierno. El pobretón y el viejo decrépito haciéndose arrumacos. —Se volvió hacia Emily, que seguía en silencio—. Y tú, inútil, ¿qué? ¿Vas a quedarte mirando como siempre? Al fin y al cabo, siempre has estado babeando por mi marido. Bueno, exmarido. Puedes quedártelo. Son tal para cual: dos perdedores.

Emily se encogió visiblemente. Las lágrimas asomaron a sus ojos, pero no dijo nada.

Ethan dio un paso hacia Dahia. Su expresión cambió por completo: ya no había rastro de dolor, solo una frialdad absoluta.

—No vuelvas a hablarle así a Emily —dijo con voz baja y peligrosa—. Nunca más.

La sala se quedó helada. Nadie esperaba que Ethan defendiera a Emily con tanta vehemencia.

Dahia parpadeó, sorprendida.

—¿Qué? ¿Ahora la defiendes? ¿A esa…?

—No termines la frase —cortó Ethan—. Firma los papeles. Ahora.

Dahia miró los documentos que Niko le extendía. Luego miró a Dael, esperando que él dijera algo. Pero Dael solo se encogió de hombros levemente.

—Firma, Dahia. Cuanto antes terminemos con esto, mejor —murmuró.

Ella tomó la pluma con dedos temblorosos, pero antes de firmar levantó la vista hacia Ethan.

—¿De verdad crees que vas a encontrar algo mejor que yo? —preguntó con veneno—. Mírate. Sigues siendo el mismo don nadie con traje prestado.

Ethan sonrió. Una sonrisa fría, casi sádica.

—No tengo que buscar nada mejor. Ya lo encontré.

Y entonces, miró directamente a Emily.

Todos en la sala siguieron su mirada. Emily se puso roja hasta las orejas y bajó la cabeza, pero no pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla.

Ethan se acercó a ella con pasos suaves, se agachó un poco para quedar a su altura y le habló en voz baja, solo para ella.

—No tienes que tener miedo de mí, Emily. Nunca te haría daño. Solo necesito un favor. Uno pequeño. ¿Vendrás conmigo?

Emily levantó la vista. Sus ojos negros brillaban con una mezcla de confusión, miedo y… esperanza.

—¿A dónde? —susurró.

—A un lugar donde nadie nos interrumpa —respondió él con suavidad—. Te lo explicaré todo. Te lo prometo.

El abuelo Caín carraspeó.

—Ve con él, mi niña —dijo con voz temblorosa—. Confío en Ethan más que en nadie aquí.

Emily miró a su abuelo, luego a Ethan. Finalmente asintió, muy despacio.

Dahia soltó una risa histérica.

—Vaya. La basura recogiendo basura. Qué romántico.

Ethan se enderezó y volvió a mirar a Dahia.

—Firma —ordenó.

Dahia, furiosa, tomó la pluma y firmó los documentos con trazos agresivos. Los arrojó al suelo.

—Listo. Ahora lárgate de mi vista para siempre.

Ethan se agachó, pero antes de que pudiera recogerlos, unas manos delicadas lo hicieron por él. Emily, con las uñas pintadas de un rosa suave y natural, le entregó los papeles con una sonrisa tímida.

—Aquí tienes… Ethan —dijo en voz baja.

Él le sonrió con ternura genuina por primera vez en toda la noche.

—Gracias, Emily.

Luego se volvió hacia Dahia y Dael.

—Disfruten su victoria. Porque va a ser la última.

Tomó la mano de Emily con delicadeza y la guio hacia la puerta. Niko los siguió, cerrando la carpeta con una sonrisa satisfecha.

Cuando salieron, el silencio en la sala fue ensordecedor.

Dahia se dejó caer en el sofá, temblando de rabia.

—¿Qué acaba de pasar aquí? —preguntó con voz quebrada.

Nadie respondió. No encontraban motivos para descifrar. La magnitud del poder que ahora tendría Ethan Smith.

Pero todos sabían que algo acababa de cambiar para siempre.

Dahia aún no sabía que había dejado perder a una gran mina de oro, como lo era su exesposo.




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