El Bentley avanzaba por las avenidas más amplias de la ciudad, dejando atrás los barrios modestos y entrando en la zona residencial de lujo. Las luces de las farolas se reflejaban en los vidrios polarizados, creando patrones que bailaban sobre el rostro de Emily. Ella seguía con la vista fija en la ventanilla, aunque en realidad no veía nada. Su mente era un torbellino.
Ethan la observaba de reojo. Notaba cómo frotaba las manos contra los jeans, cómo su respiración era un poco más rápida de lo normal. Sabía que estaba nerviosa. Y tenía razones para estarlo.
—¿Te duele separarte de Dahia? —preguntó ella de pronto, con voz tan suave que casi se perdió en el ronroneo del motor.
Ethan giró la cabeza hacia ella. La pregunta lo tomó por sorpresa. No era la que esperaba.
Emily se arrepintió al instante de haberla hecho. Bajó la mirada y se mordió el labio inferior.
—Por favor, dime la verdad y no me mientas —agregó rápidamente, intentando sonar firme aunque su voz temblaba—. Necesito saberlo.
Ethan suspiró largo y profundo. Apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos un segundo.
—No te mentiré, Emily. Sí me duele… y me está matando por dentro —confesó con honestidad cruda—. Porque de verdad la quería. Hice todo lo imposible por hacerla feliz. Le compré lo poco que podía, trabajé horas extras, soporté sus desprecios… porque creía que algún día cambiaría. Que vería que la amaba de verdad.
Emily sintió un nudo en la garganta. No debería dolerle escuchar eso, pero dolía. Dolía imaginarlo sufriendo por su hermanastra, la misma que siempre la había tratado como inferior.
—Pero la traición… —continuó Ethan, abriendo los ojos y mirándola directamente—. Eso no lo perdono. Nadie me obliga a perdonar algo así. Quise ponerla a prueba durante estos dos años. Pensé que, si me amaba de verdad, se quedaría aunque creyera que era pobre. Pero hoy entendí que todo fue una burla para ella.
Emily asintió lentamente. Lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas, sin embargo, no las limpió. No quería que él pensara que lloraba por celos… aunque en parte sí lo hacía.
Ethan notó las lágrimas y su expresión se suavizó.
—Lo siento, Emily. A veces soy demasiado directo. No quería hacerte sentir mal.
Ella negó con la cabeza.
—No es tu culpa. Solo… duele verte sufrir.
Él estiró la mano y, con una delicadeza que sorprendió a ambos, le limpió una lágrima con el pulgar.
—No llores por mí. Ya pasó. Y estoy aquí, contigo, porque necesito tu ayuda.
Emily levantó la vista. Sus ojos negros se encontraron con los de él.
—¿Mi ayuda? ¿Para qué?
Ethan respiró hondo, como si estuviera a punto de saltar a un abismo.
—Les he mentido a todos. A Dahia… y a ti también, aunque nunca directamente.
Emily frunció el ceño.
—¿Mentido? ¿En qué?
—Soy rico, Emily. Mucho más rico de lo que cualquiera imagina. Mis padres fundaron una de las empresas más grandes del país. Hoy era el aniversario oficial. Iba a presentar a Dahia como mi esposa en la gala… pero la encontré con Dael.
Emily sintió que el mundo giraba a su alrededor.
—¿Entonces… todo este tiempo… fingiste ser pobre?
—Sí. Estaba cansado de que las mujeres se acercaran por mi dinero. Quería alguien que me quisiera por quien soy. Cuando conocí a Dahia en la universidad, me enamoré. Pensé que ella era diferente. Por eso inventé esa vida sencilla.
Emily procesó las palabras en silencio. Todo encajaba ahora: el auto viejo, la casa modesta, los regalos pequeños… Todo había sido una prueba.
—Y ahora… —continuó Ethan—, no puedo cancelar la gala. Los accionistas, los medios, los socios… todos esperan conocer a “mi esposa”. No tengo tiempo de explicar nada. Por eso te necesito a ti.
Emily sintió que el corazón se le detenía.
—¿Yo?
Ethan la miró con intensidad.
—Necesito que te hagas pasar por mi esposa. Solo esta noche. Solo en la gala. Después… más tarde veremos qué pasa.
Emily se quedó inmóvil. El aire dentro del auto se volvió espeso.
—¿Hacerme pasar por… tu esposa? —repitió, como si las palabras no tuvieran sentido.
—Sí. Sé que es mucho pedir. Sé que te estoy metiendo en algo complicado. Pero no tengo otra opción. Y… confío en ti, Emily. Más que en nadie ahora mismo.
Ella bajó la mirada a sus manos entrelazadas. El pulso le latía tan fuerte que lo sentía en las sienes.
—¿Y después? ¿Qué pasa después de la gala?
Ethan dudó un segundo.
—No lo sé. Pero te prometo que no te usaré. Te contaré todo. Y si decides irte después… lo respetaré. Pero esta noche… te necesito a mi lado.
Emily cerró los ojos. Sabía que decir que no sería lo más sensato. Sabía que aceptar la convertiría en parte de una mentira. Aun así, también sabía que esa sería la única oportunidad en su vida de estar cerca de él, aunque fuera fingido.
Y aunque doliera después… aunque se rompiera el corazón al final…
No podía decirle que no.
Abrió los ojos y lo miró directamente.
—Está bien —susurró—. Lo haré. Solo por esta noche.
Ethan soltó el aire que había estado conteniendo. Una sonrisa pequeña, casi vulnerable, apareció en su rostro.
—Gracias, Emily. No te arrepentirás.
Ella no respondió. Solo apretó su mano un poco más fuerte.
El Bentley siguió avanzando hacia la mansión Smith, donde la gala ya había comenzado. Donde todo el mundo esperaba conocer a la esposa de Ethan Smith.
Y donde Emily, por unas horas, sería exactamente eso.
Aunque su corazón ya supiera que era solo un sueño prestado.
#4883 en Novela romántica
#1173 en Novela contemporánea
nuevaoportunidad, engaños amor dolor secretos pasión odio, engaño y mentiras
Editado: 31.01.2026