El penthouse de Ethan tenía una vista panorámica de la ciudad que, en ese momento, parecía burlarse de ellos. El sol de mediodía entraba sin piedad por los ventanales del piso al techo, iluminando cada rincón del salón minimalista y moderno. Emily caminaba de un lado a otro frente al sofá, con el teléfono en la mano, revisando las notificaciones que no paraban de llegar: menciones en redes, artículos de tabloides, mensajes de conocidos preguntando si era verdad lo que decía Dahia.
Ethan estaba sentado en el borde del escritorio, hablando por teléfono con Nikolay en altavoz.
—…los mensajes ya están listos para publicar —decía Niko con voz firme—. Tenemos las capturas de pantalla de las conversaciones donde ella le pedía dinero, los extractos bancarios de las tarjetas que él le dio (y que ella gastó en menos de un mes), el acta de divorcio con su firma y los videos de seguridad de la casa que muestran claramente a Dael saliendo esa tarde. Todo verificado por peritos digitales para que no digan que es manipulado.
Ethan asintió, aunque Niko no pudiera verlo.
—¿Y la entrevista en el canal rival?
—Confirmada para mañana a las 8 p.m. Quieren a los dos: tú y Emily. Dicen que será en vivo, sin edición, y que les interesa la versión completa. Van a promocionarla como “la verdad detrás del escándalo Smith”.
Emily se detuvo en seco.
—¿En vivo? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Sin edición?
Ethan colgó la llamada y se levantó.
—Sí. En vivo. Eso significa que Dahia no podrá alegar después que cortaron algo o que la editaron para favorecerla. Pero también significa que no hay marcha atrás. Una vez que empieces a hablar, todo saldrá.
Emily se abrazó a sí misma.
—No sé si pueda. ¿Y si me trabo? ¿Y si digo algo equivocado y le doy más munición?
Ethan se acercó y le tomó las manos con suavidad.
—No vas a estar sola. Estaré a tu lado todo el tiempo. Y si en algún momento quieres parar, solo dices “no más preguntas” y terminamos. Pero creo que necesitas hacerlo, Emily. No por mí… por ti. Para que dejen de verte como la “oportunista” y empiecen a verte como la mujer que fue valiente cuando nadie más lo fue.
Ella lo miró fijamente. En sus ojos había miedo, pero también algo nuevo: determinación.
—Está bien —dijo al fin—. Lo haré. Pero quiero que sea claro desde el principio: no soy la villana. Solo… solo quise ayudar a alguien que estaba sufriendo.
Ethan sonrió con ternura.
—Exacto. Eso es todo lo que vamos a decir.
Esa tarde, la declaración oficial salió publicada en las redes de la empresa Smith y en varios portales de noticias serios. Era breve, directa y demoledora:
“Ante las declaraciones públicas realizadas por la señora Dahia Jaker en medios de comunicación, el señor Ethan Smith informa lo siguiente:
El señor Smith y la señora Emily Jaker ofrecerán su versión completa en entrevista exclusiva mañana a las 8 p.m. en Canal Nacional. No se realizarán más declaraciones hasta entonces.”
La publicación se viralizó en minutos. Los comentarios explotaron: algunos defendían a Dahia (“pobre mujer engañada”), pero la mayoría empezaba a cambiar de bando (“si hay pruebas, entonces ella mintió”). Los hashtags #VerdadSmith y #DahiaMiente subieron como la espuma.
Esa noche, Emily no pudo dormir. Se quedó en la habitación de invitados que Ethan le había preparado —una suite enorme con vista al mar—, mirando el techo. Ethan tocó suavemente la puerta abierta.
—¿Puedo pasar?
Ella asintió. Él se sentó en el borde de la cama.
—No tienes que hacerlo si no quieres —dijo—. Podemos cancelar la entrevista.
Emily negó con la cabeza.
—No. Quiero hacerlo. Quiero que sepan que no soy lo que ella dice. Que nunca busqué esto… que solo… —Se le quebró la voz— que solo te quería ver feliz.
Ethan la miró en silencio un largo rato. Luego, con una lentitud casi reverente, se inclinó y le dio un beso suave en la frente.
—Gracias, Emily. Por quedarte. Por creer en mí.
Ella cerró los ojos, sintiendo que algo dentro de ella se aflojaba.
—Mañana… mañana les diremos la verdad —susurró.
—Y después… veremos qué pasa después —respondió él, sin soltarle la mano.
La ciudad dormía allá abajo, ajena al torbellino que se avecinaba. Pero para ellos dos, esa noche marcaba el fin de las mentiras… y el comienzo de algo que ninguno se atrevía a nombrar todavía.
Al día siguiente, a las 8 p.m., las cámaras se encenderían. Y con ellas, la verdad saldría a la luz.
Dahia había encendido la mecha. Ahora, Ethan y Emily estaban listos para dejar que el fuego consumiera las mentiras.
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Editado: 05.02.2026