El Secreto Del Magnate

Capítulo 15: La sombra que nunca se fue

La felicidad tiene un olor particular: café recién hecho y el leve perfume de jazmín que Emily dejaba en la almohada. Durante casi tres semanas, ese aroma envolvió el penthouse como una promesa. Pero las promesas, como los cristales finos, solo resisten hasta que algo suficientemente pesado cae sobre ellas.

Ethan lo notó primero, aunque al principio lo atribuyó al cansancio.

Eran detalles pequeños.

Ethan no quería desconfiar. Se repetía que era normal: el escándalo había sido brutal, los medios seguían sacando notas semanales, los haters de Dahia la perseguían en redes con fotos antiguas y teorías conspirativas. Era lógico que Emily estuviera nerviosa, frágil, hipervigilante.

Pero había algo más.

Una tarde, mientras Emily daba clases, Ethan se quedó solo en el penthouse. El teléfono de ella vibró sobre la isla de la cocina. La pantalla se iluminó con un nombre que él no esperaba volver a ver nunca:

Dael Jones

Ethan se quedó mirando los dígitos como si pudieran quemarle la retina. No contestó. No tocó el teléfono. Solo esperó a que la llamada se cortara y la pantalla se oscureciera. Luego abrió la aplicación de mensajería que compartían con Nikolay y escribió una sola línea:

Necesito que investigues algo. Discretamente. Ya te explico.

Niko respondió en menos de treinta segundos:

¿Otra vez los Jones? Pensé que ya los habíamos dejado en la lona.

No es solo sobre ellos. Es sobre Emily. Hazlo ya.

Silencio del otro lado. Luego:

Entendido. Dame 48 horas.

Ethan borró la conversación y se sirvió un whisky aunque apenas eran las cuatro de la tarde.

Después de lavarse los dientes, Emily se metió en la cama y se acurrucó contra él como siempre. Pero esta vez Ethan no la abrazó de inmediato. Se quedó mirando el techo.

—¿Pasa algo? —preguntó ella en voz baja.

Él tardó en responder.

—Solo estoy cansado.

Ella le besó el hombro.

—Duerme. Mañana será mejor.

Ethan cerró los ojos, pero no durmió.

A la mañana siguiente, mientras Emily estaba en la ducha, el teléfono de Ethan vibró. Era Niko. Un mensaje de voz.

Ethan lo reprodujo con auriculares y volumen mínimo.

“Amigo… esto no te va a gustar. Preparate.”

Pausa. Ruido de papeles.

“Primero: Dael Jones no está quebrado. Al menos no del todo. Su padre vendió dos propiedades en Miami y pagó la deuda más grande con el banco. Siguen operando, aunque con el rabo entre las piernas. Segundo: Dahia y Dael volvieron a verse. No una vez. Al menos siete en las últimas tres semanas. Hoteles discretos, restaurantes fuera de la ciudad, un apartamento que Dael alquila en el centro con nombre falso. Tercero… y aquí viene lo feo: Emily estuvo en dos de esos encuentros. Una vez en el lobby del hotel Conquistador, otra vez en un café en El Rodadero. Las fotos son claras. Ella no se ve feliz, pero tampoco está siendo forzada. En una se les ve hablando muy cerca. En la otra… él le toca la mano y ella no la retira.”

El silencio fue largo.

“No saques conclusiones todavía, Ethan. Pero tampoco te hagas el ciego. Te mando todo el material por el servidor seguro. Llámame cuando lo veas.”

El audio terminó.

Ethan sintió que el aire se volvía espeso, difícil de respirar. Abrió el enlace que Niko le envió. Las fotos cargaron una por una.

Primera: Emily entrando al lobby del Conquistador con gafas oscuras y bufanda, aunque era pleno verano.

Segunda: Dael esperándola en una mesa apartada del café, levantándose al verla.

Tercera: los dos hablando, cabezas muy juntas.

Cuarta: la mano de Dael sobre la de ella. Emily mirando hacia abajo. No sonriendo. Pero tampoco retirando la mano.

Quinta: Emily saliendo sola del hotel dos horas después, con la misma bufanda y expresión ausente.

Ethan cerró el enlace. El corazón le latía en los oídos.

Cuando Emily salió del baño envuelta en una toalla, lo encontró sentado en el borde de la cama, con el teléfono aún en la mano.

—¿Todo bien? —preguntó ella, intentando sonar casual.

Ethan levantó la vista lentamente.

—Dime la verdad, Emily. ¿Has vuelto a ver a Dael Jones?

El rostro de ella cambió en fracciones de segundo: sorpresa, miedo, culpa, y finalmente… resignación.

—No es lo que piensas —susurró.

Ethan soltó una risa amarga, casi inaudible.

—Esa frase nunca significa algo bueno.

Emily se acercó, pero no se sentó a su lado. Se quedó de pie, apretando la toalla contra el pecho como si fuera un escudo.

—Dahia me contactó hace dos semanas. Dijo que estaba en peligro. Que Dael la estaba presionando para que volviera con él, que la amenazaba con fotos comprometedoras de cuando estaban juntos… fotos que podrían destruirla por Completo. Me pidió que hablara con él. Solo que hablara. Que le dijera que ella no iba a volver y que la dejara en paz.

Ethan la miró fijamente.

—¿Y tú le creíste?

—No, al principio. Pero luego me mandó una de esas fotos… —Emily tragó saliva—. Era real, Ethan. Muy explícita. Y muy reciente. No de cuando estaba contigo. De hace dos meses. Ella seguía con él después del divorcio. Mucho después.

Ethan sintió náuseas.

—¿Y por qué no me lo contaste?

—Porque sabía que te pondrías como loco. Que irías tras él. Que todo volvería a explotar en los medios. Quería resolverlo sola. Protegerte. Protegernos.

Ethan se puso de pie. La diferencia de altura nunca le había parecido tan grande.

—¿Y en esas “reuniones” le dijiste que lo dejara en paz?

Emily bajó la mirada.

—Intenté. Pero… él no escucha. Dice que Dahia le debe dinero. Mucho dinero. Que ella le prometió cosas cuando creía que tú eras pobre y que ahora que sabe que eres rico, él quiere su parte. Amenazó con ir a la prensa con las fotos si no le pagaba. Y luego… amenazó con ir por mí.

Ethan entrecerró los ojos.

—¿Por ti?

—Dijo que si Dahia no pagaba, publicaría que yo estuve conspirando con ellos desde el principio. Que yo sabía de su relación todo el tiempo. Que ayudé a Dahia a engañarte. Que por eso acepté fingir ser tu esposa tan rápido… porque ya teníamos un plan para sacarte dinero después del divorcio.




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