El segundo latido

Capitulo 7:El recuerdo que despierta

No grité.
No corrí.
Eso fue lo que más me asustó.
Seguía ahí, apoyado contra la pared de mi habitación, como si mi sorpresa no le afectara en absoluto. Como si supiera que no iba a echarlo.
—Esto no es posible —dije, retrocediendo un paso—. No eres real.
—Eso te repites cada vez —respondió con calma—. Y cada vez fallas.
La luz de la luna lo bañaba a medias, dibujando sombras extrañas en su rostro. No parecía una amenaza inmediata. Parecía algo peor: una certeza.
—Sal de aquí —ordené. —Si pudiera hacerlo tan fácilmente, ya lo habría hecho —contestó.
Algo en su voz cambió. Ya no era provocación. Era cansancio. Como si hubiera esperado demasiado tiempo, este momento.
—¿Qué quieres de mí? —pregunté, apretando los puños.
Se acercó despacio, con cuidado, como si temiera romper algo frágil.
—Que recuerdes.
La palabra cayó pesada en el aire.
—No te conozco —repetí. —Eso no es verdad —dijo—. Me conociste antes de aprender a mentir tan bien.
Cerré los ojos un instante y, sin querer, una imagen cruzó mi mente:
una risa que no reconocía,
una promesa susurrada en la oscuridad,
unas manos entrelazadas bajo la lluvia.
Abrí los ojos de golpe.
—¿Qué me estás haciendo? —susurré.
—Nada —respondió—. Solo estoy quitando el velo.
Me tomó la muñeca. No dolió. No apretó. Pero al hacerlo, algo se rompió dentro de mí.
El mundo se dobló.
Vi otra versión de mí misma: más joven, menos dura, mirándolo con devoción. Escuché mi propia voz diciendo su nombre… un nombre que ahora no podía pronunciar.
Me solté con brusquedad.
—Basta.
Él retrocedió.
—Aún no estás lista —admitió—. Pero lo estarás.
—No vuelvas —le dije, temblando—. No te acerques a mí otra vez.
Me observó en silencio. Por primera vez, no sonrió.
—No soy yo quien decide eso —dijo—. Cuando recuerdes del todo… me buscarás.
--y por cierto me llamo Liam.
La habitación se enfrió de golpe. Las cortinas se agitaron. Y entonces, como la primera vez, desapareció.
Caí sentada en la cama, respirando con dificultad.
A la mañana siguiente, el mundo seguía igual. El campus, las miradas, las rutinas. Matt. La fachada. Todo seguía en su sitio.
Pero yo no.
Porque ahora sabía algo que no podía ignorar:
El verdadero plan no había empezado conmigo…
había empezado mucho antes.
Y alguien —o algo— acababa de reclamarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.