Caminábamos despacio.
Matt iba a mi lado, demasiado cerca como para fingir que lo de anoche no había pasado.
—No me has dicho nada del beso —soltó de pronto, mirándome de reojo—. Y no fue cualquier beso, Luisa.
Sentí cómo el calor me subía al rostro.
—Fue un error —respondí, rápida—. No significa nada.
Matt se detuvo un segundo, obligándome a hacerlo también.
—No mientas —dijo en voz baja—. Tú no besas así cuando no sientes nada.
Abrí la boca para contestar… cuando una presencia se coló entre nosotros sin pedir permiso.
—Vaya —dijo una voz que no necesitaba presentarse—. Interrumpo algo interesante.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Liam.
Estaba apoyado contra la pared, con esa sonrisa ladeada, arrogante, como si el mundo le debiera explicaciones. Sus ojos se clavaron en mí con una intensidad que me hizo arder la piel… justo ahí, donde anoche él había estado.
Mi visión se nubló un segundo.
La calle.
La oscuridad.
Su cercanía.
El calor de su cuerpo.
Sacudí la cabeza de inmediato.
No.
No ahora.
No frente a Matt.
—¿Lo conoces? —preguntó Matt, notando mi silencio.
—No —respondí demasiado rápido—. No lo conozco.
Liam arqueó una ceja, divertido.
—Duele un poco escuchar eso —dijo, acercándose—. Después de lo… cercanos que fuimos.
Matt frunció el ceño.
—¿De qué habla?
Di un paso atrás, manteniendo la compostura.
—Está bromeando.
Liam soltó una risa suave, peligrosa. Se inclinó apenas hacia mí, lo suficiente para que solo yo escuchara.
—Anoche no te parecían bromas —susurró—. Me mirabas como si ya me conocieras.
Mi corazón golpeó con fuerza.
—Cállate —le dije entre dientes—. No digas nada.
Sus labios se curvaron con satisfacción. Había entendido exactamente lo que yo quería… y lo que no.
—Tranquila —dijo, enderezándose—. No voy a arruinar tu… fachada.
Luego miró a Matt, de arriba abajo, con despreocupada superioridad.
—Soy Liam —se presentó—. Y tú debes ser el chico del beso.
Sentí que la sangre se me helaba.
—¿Cómo sabes eso? —exigí.
Liam me miró otra vez, lento, como saboreando el momento.
—Digamos que se te nota cuando algo te importa… y cuando alguien más te marca primero.
Matt dio un paso al frente.
—Oye, ¿cuál es tu problema?
Liam sonrió.
—Ninguno —respondió—. Solo paso por aquí recordándole cosas a Luisa que ella prefiere olvidar.
Nuestros ojos se encontraron.
Por un segundo, todo lo demás desapareció.
—Yo no olvido nada —dije firme, aunque no estaba segura de eso.
Liam se inclinó apenas, provocador.
—Claro que no —susurró—. Tu cuerpo recuerda por ti.
Me giré de inmediato hacia Matt, forzando una sonrisa que no sentía.
—Vámonos —dije—. No vale la pena.
Matt dudó, mirándolo con desconfianza, pero asintió.
Mientras nos alejábamos, sentí la mirada de Liam clavada en mi espalda.
—Buenas noches, Luisa —dijo—. O debería decir… hasta que decidas recordar.
No miré atrás.
Pero su voz me siguió,
como anoche,
como una promesa que aún no estaba lista para enfrentar.