La sala del club de literatura olía a una extraña pero reconfortante mezcla de madera vieja, galletas de canela y hojas de té. Hinata Kurusu hojeaba un ejemplar con una ceja alzada, su expresión navegando entre el sarcasmo y una concentración genuina.
—¿Esperándote bajo la lluvia, tercera edición extendida? —leyó con voz neutra—. ¿Acaso no quedó claro el mensaje desde la primera edición?
—Seguramente el autor pensó que, si la chica no entendía la indirecta en cien páginas, tal vez en trescientas llorando bajo la tormenta sí lo haría —comentó Nozomu Tateishi, recostándose contra el marco de la ventana abierta para dejar que la brisa de junio jugara con su flequillo.
Riku Amasawa soltó una risita desde su asiento. —Yo creo que es realismo romántico. Ya saben, a veces uno espera tanto a alguien que acaba empapado. O peor... soltero.
Los tres rieron en voz baja, hasta que el eco de unos pasos firmes y rítmicos en el pasillo los puso en alerta.
—Ya llegó la solterona profesional —murmuró Hinata. —Shhh —Nozomu le dio un codazo justo cuando la puerta se abría.
Haruka Kiryuuin entró con una carpeta bajo el brazo y el cabello recogido en una trenza impecable. Como siempre, lucía inmaculada, vestida con esa sobriedad que la hacía parecer una mujer de cincuenta años atrapada en el cuerpo de una de treinta y cinco, sin rastro del calor agobiante que ya dominaba Hakodate.
—Buenas tardes —dijo con tono altivo—. Espero que no estén perdiendo el tiempo con bromas de mal gusto.
—Jamás, sensei. Estábamos hablando sobre las estructuras narrativas del romance contemporáneo —respondió Riku, cerrando el libro con una reverencia fingida.
Haruka ladeó la cabeza. Sus ojos afilados pasaron fugazmente por la portada del libro y luego por sus alumnos, a quienes casi nunca permitía que la llamaran "sensei" sin una corrección de por medio.
—¿Y a qué brillante conclusión llegaron?
Hinata intercambió una mirada cómplice con los otros dos. —A que esperar a alguien que nunca llega no es romántico, sino masoquista.
—O quizá es simplemente propio de alguien con mucha paciencia —intervino Nozomu, encogiéndose de hombros.
Haruka dejó la carpeta sobre la mesa y sus labios se curvaron en una sombra de sonrisa. —La paciencia es una virtud, Tateishi-kun. Aunque si esperas demasiado, a veces te gana alguien con menos miedo.
—O alguien que no te manda al hospital por unas galletas con nuez… —murmuró Hinata para sus adentros, provocando que Riku desviara el tema rápidamente para evitar el desastre.
—Entonces, ¿usted cree en el amor tardío, sensei?
—No —respondió ella con una firmeza que no dejaba lugar a dudas—. Pero creo en las personas que dejan de mirar al pasado justo a tiempo.
Dicho esto, se sentó con elegancia en su habitual silla, fingiendo ignorar las miradas de sorpresa de sus alumnos. Hinata abrió los ojos de par en par.
—¿Eso fue una confesión disfrazada? —O una indirecta para el pobre tipo de la intoxicación… —susurró Nozomu.
Haruka exhaló un suspiro largo, cerrando los ojos. —Estoy considerando seriamente suspender el club por exceso de comedia involuntaria. Kurusu-kun, te recuerdo que los comentarios personales están fuera de lugar.
—Pero… ¿cómo fue que lo olvidaste, Haruka-sensei? —preguntó Nozomu, cruzándose de brazos—. ¿No le había dicho que era alérgico?
—¡Fue una omisión menor! —replicó ella, recuperando su dignidad—. Nadie se muere por un par de nueces.
—¿No pasó tres días en observación? —remató Riku. —¡Fue por protocolo hospitalario! —protestó Haruka, notablemente incómoda.
Hinata se llevó una mano al pecho, dramatizando la escena: —Imagino el momento: “Gracias por invitarme, Kiryuuin-san… espera, ¿qué es estooo—?” —fingió ahogarse mientras se dejaba caer hacia atrás en la silla.
—¿Y usted ahí, con el delantal de encaje, mirando en silencio cómo el amor de su vida se convertía en un globo rojo? —añadió Nozomu entre risas.
Haruka se reprochaba internamente el haberles contado aquella historia en una tarde de lluvia y debilidad emocional. Se puso de pie y se acercó a la ventana para revisar unos papeles, pero Riku no la dejó escapar.
—Haruka… ¿cómo se llamaba? ¿Yuta? ¿Yusuke? ¿Yu-no-te-hablo-más?
—Fue un accidente —murmuró ella con resignación—. Son como pirañas con uniforme escolar. Nunca más vuelvo a confiar en ustedes.
—Pero no puede dejar de traernos galletas y panes caseros aunque esté quemados o no seamos alérgicos a algún ingrediente —replicó Nozomu con una sonrisa. —¡Fue una fugaz grieta emocional! —exclamó ella, alzando los brazos—. De ahora en adelante, mantendré una compostura inquebrantable, profesional y distante.
Tres segundos de silencio absoluto reinaron en la sala.
—Aunque —añadió ella sin poder evitarlo— el segundo mensaje fue más cursi. Le puse: “Tal vez las nueces eran mi forma de decirte que me importas”.
—¡Haruka! —gritaron los tres en coro, horrorizados y divertidos a la vez.
Ella se hundió en su silla, derrotada. —No tengo salvación, ¿verdad?
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Editado: 26.08.2026