El sueño de verano, la voz del conejo y los recuerdos sin ti

Cuando el cielo se rompe

Era un día extraño, uno de esos donde el tiempo parece espesarse. Los asientos que Haruka-sensei esperaba ver ocupados, a lo largo del día, en sus clases de literatura antigua, ya sea por la curiosidad incesante de Haruki, que desviaba siempre del tema a la sensei para alegría de sus compañeros o la mirada analítica de Mizaki, permanecían vacíos.

No habían aparecido en todo el día. Ni en las clases matutinas, ni en el pasillo, ni ahora, cuando el sol de Hakodate empezaba a teñir las ventanas de un naranja sucio.

El aire en la sala del club de literatura estaba estancado, cargado con el rastro de un té verde que se había enfriado hace horas y el aroma a papel viejo que siempre exhalaban las estanterías de Usigaoka.

Hinata Kurusu estaba recostada en su silla, jugando con una goma de borrar como si fuera una pelota de béisbol, lanzándola al aire con un ritmo hipnótico que solo acentuaba el silencio. Riku hojeaba una revista de novelas ligeras sin detenerse en ninguna página, y Nozomu escribía algo en su libreta con una intensidad sombría, ajeno al resto.

Haruka-sensei entró rompiendo la inercia del grupo. Dejó su carpeta sobre la mesa con un golpe seco, pero su mirada se desvió inevitablemente hacia los rincones deshabitados de la sala.

—Vaya... parece que hoy tenemos bajas en el frente —dijo la profesora, intentando mantener su tono teatral, aunque sus ojos buscaban una explicación en los rostros de los veteranos.

—¿De qué hablas -Haruka-sensei? —preguntó la propia Hinata sin despegar la vista de la goma en el aire.

—¡Es increíble, no han venido a la escuela!

—No debiste ponerles nueces a las galletas —Soltó Nozomu sin dejar de escribir en su libreta.

—¿No han venido a la escuela, Haruka? —murmuró Hinata, atrapando la goma de borrar con un chasquido— ¿De qué hablas?

—Corren rumores de "fiebre", pero con el drama que se cargaban ayer, dudo que sea algo que se cure con paracetamol. — dijo Haruka elevando su mano al techo de manera exagerada, omitiendo detalles que sus alumnos no comprendían

—El ambiente está viciado —añadió Riku, cerrando su revista—. Ayer, después de que te trajeras a ese chico perdido al club, se sentía como si alguien hubiera cortado un cable de alta tensión.

Haruka suspiró, cruzándose de brazos. La ausencia de Mizaki le preocupaba especialmente; ella no era de las que faltaban por un simple capricho. Y Minase... bueno, Minase era un incendio que solía apagarse solo, pero su desaparición conjunta dejaba a Kaoru en una posición peligrosamente solitaria, justamente cuando el chico, cargando un papel arrugado con manchas que parecían ser un mapa que decía “club”, entró con cierta timidez. Detrás de él, Yume apareció.

No traía la sonrisa impostada de otras veces. Estaba pálida, con las ojeras marcadas y las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta. Se quedó allí, en el umbral, mirando a sus compañeros que no le prestaban atención.

—Sensei… —su voz sonó pequeña, casi ahogada por el zumbido del ventilador cerró los ojos un momento y respiró profundamente.

—Creo que voy a renunciar al club. —dijo después de unos segundos de silencio.

La goma que Hinata lanzó al aire le cayó en uno de sus ojos por la sorpresa de lo que Yume acababa de decir. Nozomu dejó de escribir y levantó la vista. Riku dejó caer la revista con los ojos bien abiertos.

Haruka-sensei ladeó un poco su cabeza con su boquita abierta. —Yume-chan… —dijo tratando de sonar natural —si es por las nueces yo…

Kaoru miraba a todos lados, confundido. Por su mente le cruzó la idea de irse, pero sus pies no le hicieron caso.

—¿Re… nunciar? —repitió Haruka, con la palabra suspendida en el aire como si fuera incapaz de procesarla.

No hubo una última mirada de nostalgia hacia las estanterías, ni un gesto hacia sus compañeros. Simplemente, Yume se inclinó en una reverencia de despedida, rígida y formal, una barrera de cortesía que cortaba cualquier intento de réplica. Se dio la vuelta y salió por la puerta sin mediar palabra, dejando tras de sí un silencio denso, solo interrumpido por el zumbido monótono del ventilador. Mientras caminaba con la cabeza agachada, escuchaba la voz de Mizaki diciéndole “no todos tenemos el lujo de huir…”.

Apretó sus puños dentro de su chaqueta. En el festival de hace tres años, había huido cuando los vio, a Mizaki y a Kaoru, bajo las luces de los fuegos artificiales… besándose. O eso creyó.

En el umbral, Kaoru se quedó petrificado. Ya que estaba tan cerca de Yume… y aún así, ella se iba otra vez. a pesar de eso, con los dedos torpes y temblorosos, intentaba sacar de su bolsillo su propia hoja de inscripción. Estaba arrugada y ahora se sentía insignificante en sus manos. No entendía qué estaba pasando, pero sentía el vacío que Yume dejaba al pasar por su lado; un aire frío que parecía ignorar su presencia por completo. Esta vez, el olor de la vainilla no era el cálido que recordaba. En su lugar, quedó un olor frío

Hinata se frotaba el ojo donde la goma había impactado, pero su atención estaba fija en la puerta. Nozomu y Riku intercambiaron una mirada de desconcierto. Nadie bromeó. La atmósfera de "familia disfuncional" que solía reinar en la sala se había quebrado, dejando a Kaoru solo en medio de un escenario que no terminaba de comprender.




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