Los días se deslizaron como sombras interminables en los pasillos del Hospital General. Afuera, el verano bullía con el canto eléctrico de las cigarras y el aroma a yakisoba de los puestos callejeros; pero dentro, el mundo parecía detenido en otro planeta. Allí solo reinaba el frío aséptico del aire acondicionado y una luz blanca que desnudaba la esperanza hasta dejarla en carne viva.
Mizaki observaba a Kaoru, asfixiada por el silencio. Cada visita era un suplicio de cables y vendajes que parecían borrar al chico que conocía. No lloraba; su garganta estaba tan seca que el acto de tragar se sentía como masticar vidrio. Se mantenía a su lado, inmóvil, como si su sola presencia fuera el ancla que evitaba que él se fuera a la deriva.
Haruki la acompañaba con una entereza de acero, aunque el miedo le asomaba en los ojos con cada fluctuación del monitor. Yume también acudía, impulsada por una determinación casi febril. Se sentaba en una esquina, murmurando oraciones privadas, atrapada entre el deseo de huir y la cadena invisible que la ataba a esa cama.
La quinta noche, el tiempo se detuvo. Los padres de Kaoru y Yume se habían marchado, vencidos por el agotamiento. En la penumbra de la habitación, rota solo por el pulso rítmico del metrónomo cardíaco, ocurrió el milagro... o la tragedia.
Un espasmo recorrió el cuerpo de Kaoru. Sus labios se contrajeron en una lucha invisible y su párpado izquierdo se abrió de golpe.
—¿Dónde estoy?… ¿Dónde está Mizaki? —gritó, incorporándose a medias, sin sentir el dolor de su cuerpo. —¡Ayuden a Mizaki, se está ahogando!
Mizaki, que entraba en ese momento con un termo en las manos, lo dejó caer al escuchar a Kaoru. El estruendo del plástico y el líquido derramado subrayaron el pánico en los ojos de Kaoru.
—¡Mizaki! —sollozó él, extendiendo el brazo.
Ella corrió a su encuentro, envolviéndolo en un abrazo que intentaba unir sus piezas rotas.
—Estoy bien, estoy bien. —lo repitió varias veces. —Gracias por traer la ayuda, Kaoru… —dijo ella, fundiéndose en sus brazos y dándole un tierno beso en la mejilla. Poco a poco, el temblor cedió, pero la mano de Kaoru se aferró a la suya con una fuerza antinatural.
—Mizaki… el río… mamá… Yume estaba ahí… y luego… —Su voz se quebró en un jadeo.
—Ya basta, no sigas —le pidió ella, apoyando su frente contra la de él—. No tienes que recordarlo ahora. Estoy aquí.
Kaoru se hundió de nuevo en el gesto, abrazando con sus pocas fuerzas a Mizaki. Sin embargo, el monitor cardíaco volvió a agitarse.
—Mizaki… —murmuró con un hilo de voz aún entre sus brazos. —Lo recuerdo… —dijo casi al oído de su amiga. —Fue… fue Yume… —llevó su mano a su cabeza de dolor. —¡Ella… ella me empujó!
El aire en la habitación pareció congelarse. El pitido constante del monitor se volvió un martilleo acusador. Él la vio a los ojos. Kaoru tenía los ojos desorbitados, su pecho subía y bajaba intensamente y su voz seguía temblando.
—Mi… Mizaki… por favor… —dijo tomando suavemente el rostro de la chica. Esa súplica le heló la sangre a Mizaki. —No… no se lo digas… No le digas a Yume que lo recuerdo…
Mizaki sintió el peso de la mentira instalándose en su columna vertebral. Miró a Kaoru, que buscaba en ella una tregua que no existía. El eco de las palabras —el río, Yume— seguía golpeando las paredes de su cráneo. Frunció el ceño, tomando una decisión inmediata, nacida del instinto de protección que nunca se había ido. Ese secreto se quedaría con ella hasta que llegara el momento.
No estaba lista para que el mundo, y mucho menos Yume, supiera la verdad.
—Lo prometo, Kaoru. —asintió, con la voz temblando.
Se obligó a sonreír, pero la mueca no llegó a sus ojos. En ese instante, la imagen de Yume se transformó. Ya no era la amiga, ni la rival; era una amenaza latente. Mizaki comprendió que el verdadero peso no estaba en la memoria de Kaoru, sino en la sombra que ella acababa de aceptar cargar. Había cruzado una línea invisible, y del otro lado, la amistad ya no era más que un escombro.
#1477 en Novela contemporánea
#517 en Joven Adulto
novela ligera, ficcion juvenil, romance acción drama reflexión amistad
Editado: 31.08.2026