El Último Amanecer

Capítulo 2: El Hermano Que Nunca Existió

Durante los primeros segundos pensé que estaba soñando.

Tal vez mi mente había creado aquella imagen como una forma de protegerme. Tal vez la culpa, el cansancio y los recuerdos de Némesis finalmente habían roto algo dentro de mí.

Pero entonces escuché los gritos.

Miles de voces aterradas llenaron las calles de Arken-7. Personas corriendo sin saber hacia dónde ir. Niños abrazando a sus padres. Soldados intentando recuperar el control de una ciudad que, por primera vez en su historia, parecía completamente indefensa.

La humanidad había sobrevivido a guerras, enfermedades y desastres naturales.

Pero nadie estaba preparado para enfrentar una verdad imposible.

El mundo no estaba terminando.

Alguien lo estaba terminando.

—Kael…

La voz de Lyra me devolvió a la realidad.

Ella seguía mirando las pantallas gigantes donde aparecía la imagen de mis antiguos compañeros.

A los hombres y mujeres que habían muerto conmigo en Némesis.

O eso creía.

—Dime que estoy viendo una mentira —susurré.

Lyra no respondió.

—¡Dímelo!

Ella bajó la mirada.

—Ojalá pudiera.

Sentí una presión en el pecho.

La rabia comenzó a mezclarse con la confusión.

—Yo los vi morir.

—¿Estás seguro?

La pregunta me golpeó.

—¿Qué significa eso?

Lyra se acercó lentamente.

—Significa que quizás nunca viste lo que realmente ocurrió.

Me quedé observándola.

Durante cinco años había repetido la misma historia.

La nave había caído.

La tormenta electromagnética había destruido nuestros sistemas.

Mis compañeros habían quedado atrapados en la zona de hielo.

Yo había logrado escapar por una casualidad imposible.

Esa era la versión oficial.

La versión que yo mismo había contado cientos de veces.

Pero ahora todo parecía una mentira.

—¿Qué sabes de Némesis?

Lyra tardó en contestar.

Demasiado.

—Más de lo que debería.

—Entonces habla.

Ella miró alrededor.

Los sensores de seguridad de la torre estaban apagados. La ciudad estaba demasiado ocupada con la emergencia como para vigilarnos.

Aun así, bajó la voz.

—La misión Némesis no era una expedición científica.

Fruncí el ceño.

—Claro que lo era.

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Era una búsqueda.

—¿Búsqueda de qué?

Lyra me miró fijamente.

—De la primera ciudad humana.

Sentí un escalofrío.

—Eso es una leyenda.

—Exactamente. Por eso nadie sospechó.

Durante siglos, los arqueólogos habían buscado respuestas sobre nuestro origen. Había teorías sobre civilizaciones desaparecidas, tecnologías imposibles y conocimientos que la humanidad había perdido antes de los primeros registros históricos.

Pero nada había sido comprobado.

Nada.

Hasta Némesis.

—¿Me estás diciendo que encontramos una ciudad antigua bajo el hielo?

Lyra negó.

—No una ciudad.

Hizo una pausa.

—Encontraste algo mucho más grande.

El viento volvió a soplar con fuerza.

La oscuridad sobre Arken-7 parecía crecer.

—¿Qué encontré?

Lyra abrió la cápsula plateada nuevamente.

Esta vez no activó la grabación.

Sacó una pequeña pieza metálica.

Parecía una simple placa.

Pero cuando la sostuvo bajo la poca luz que quedaba, comenzaron a aparecer símbolos en su superficie.

Símbolos que yo conocía.

Porque los había visto cinco años atrás.

En aquella puerta.

—Esto estaba dentro de tu equipo cuando regresaste.

Lo tomé con cuidado.

En cuanto mis dedos tocaron el metal, una sensación extraña recorrió mi cuerpo.

Una imagen apareció en mi mente.

Una puerta gigantesca.

Un sonido profundo.

Una voz diciendo mi nombre.

Solté la pieza.

—¿Qué me está pasando?

Lyra me sostuvo del brazo.

—La puerta te reconoció.

La miré confundido.

—¿Qué?

—Kael, esa tecnología no funciona con códigos. No funciona con huellas. No funciona con inteligencia artificial.

Se acercó.

—Funciona con memoria genética.

El silencio fue absoluto.

—Eso es imposible.

—Eso fue lo que dijeron todos los científicos que intentaron estudiarlo.

—¿Y qué pasó con ellos?

Lyra apartó la mirada.

—Desaparecieron.

Otra vez esa palabra.

Desaparecieron.

Entonces entendí algo.

La desaparición de esos científicos.

La mentira del Consejo Solar.

El apagamiento del sol.

Todo estaba conectado.

—Tenemos que salir de aquí.

Lyra asintió.

—Lo sé.

—¿A dónde?

Ella me entregó la pieza metálica.

—A Némesis.

Negué lentamente.

—No.

—Kael…

—No voy a volver allí.

La imagen de mi equipo muerto apareció en mi mente.

Los gritos.

El hielo.

La sensación de haber sido abandonado por el mundo.

—No sabes lo que ocurrió en ese lugar.

Lyra dio un paso hacia mí.

—Precisamente por eso tienes que volver.

La miré.

—¿Y si la verdad es peor que la mentira?

Por primera vez, Lyra pareció dudar.

—Entonces tendremos que enfrentarla.

Antes de que pudiera responder, un sonido atravesó la ciudad.

Una explosión.

Después otra.

Las paredes de la torre vibraron.

Miramos hacia abajo.

Vehículos militares negros descendían desde el cielo.

No eran unidades de rescate.

Eran unidades del Consejo Solar.

Lyra palideció.

—Nos encontraron.

—¿Cómo?

Ella me miró.

—Porque nunca dejaron de buscarte.

Las puertas de la torre comenzaron a abrirse.

Soldados armados entraron rápidamente.

Al frente caminaba un hombre alto con uniforme blanco.

No llevaba casco.

No llevaba armas.

No las necesitaba.

Su presencia era suficiente para imponer miedo.




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