El Último Amanecer

Capítulo 5: El Origen de la Mentira

La puerta seguía abierta.

Y detrás de ella algo respiraba.

No era una metáfora.

No era una sensación creada por el miedo.

Era real.

El sonido atravesaba la ciudad subterránea como un eco antiguo, como si una criatura dormida durante miles de años acabara de recordar que todavía existía.

Elian permanecía inmóvil frente a nosotros.

Por primera vez desde que lo había visto, parecía no tener respuestas.

Y eso me aterraba más que cualquier explicación.

—Dijiste que esto era una prisión —susurré.

Él no apartó la mirada de la puerta.

—Lo es.

—¿Qué está encerrado ahí dentro?

Elian tardó unos segundos en responder.

—El primer error de la humanidad.

Lyra me miró confundida.

—Eso no tiene sentido.

Elian giró lentamente hacia ella.

—Tiene demasiado sentido.

La luz azul que salía de la puerta iluminaba su rostro.

—Cuando una especie alcanza demasiado conocimiento, siempre comete el mismo error.

—¿Cuál? —pregunté.

Me miró.

—Creer que porque puede crear algo… también puede controlarlo.

Un golpe estremeció la estructura.

La puerta vibró.

Algo del otro lado quería salir.

—Tenemos que cerrarla —dijo Lyra.

Elian negó.

—Ya es demasiado tarde.

—Entonces encontraremos otra forma.

Él sonrió con tristeza.

—Eso fue exactamente lo que dijimos la primera vez.

Sus palabras quedaron flotando.

La primera vez.

Esa frase escondía algo.

Algo mucho más grande de lo que podía imaginar.

—Elian.

Mi propia voz sonó extraña al pronunciar su nombre.

—Necesito que me digas la verdad.

Él me observó.

—¿Toda?

—Toda.

Silencio.

Entonces caminó hacia el centro de la sala.

La ciudad respondió a su presencia y activó una enorme pantalla holográfica.

Aparecieron imágenes.

La Tierra.

Pero una Tierra diferente.

Una Tierra donde no existían guerras.

Donde las ciudades eran perfectas.

Donde la humanidad parecía haber alcanzado el paraíso.

—Hace más de trescientos años —comenzó Elian—, la humanidad descubrió una forma de conservar la conciencia.

La imagen mostró cuerpos conectados a máquinas.

—Aprendimos a guardar recuerdos, emociones e incluso la esencia de una persona.

Lyra observaba fascinada.

—Transferencia neuronal…

Elian asintió.

—Pero no era suficiente.

La imagen cambió.

Mostró una enorme cámara llena de cápsulas.

Miles.

Millones.

—Queríamos vencer a la muerte.

Sentí un escalofrío.

—¿Y lo lograron?

Elian me miró.

—Sí.

Pausa.

—Pero no como esperábamos.

La imagen mostró una figura saliendo de una cápsula.

Era humana.

Pero algo estaba mal.

Sus ojos.

Su expresión.

Parecía estar viva, pero vacía.

—Creamos copias.

Lyra susurró:

—Copias de personas.

—Copias de recuerdos.

Elian continuó:

—Al principio funcionaban perfectamente. Tenían conocimientos, emociones y personalidad.

Me miró.

—Pero algo faltaba.

—¿Qué?

Su respuesta fue inmediata.

—El alma.

El silencio se volvió pesado.

No era una palabra científica.

Era algo más profundo.

Más humano.

—Entonces hicieron otro intento —dije.

Elian asintió.

—El Proyecto Amanecer.

La imagen mostró un laboratorio.

—No queríamos crear copias.

—¿Qué querían crear?

Me miró directamente.

—Una nueva humanidad.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Y nosotros somos eso?

Elian no respondió.

No hacía falta.

La respuesta estaba en sus ojos.

Lyra dio un paso atrás.

—Entonces todos…

Miró sus manos.

—Todos somos experimentos.

Elian negó.

—No.

—¿No?

—Son mucho más que eso.

Se acercó a ella.

—El error de los humanos antiguos fue creer que una creación no podía convertirse en algo nuevo.

Volvió a mirarme.

—Ustedes nacieron como un experimento.

Pausa.

—Pero se convirtieron en personas.

Sus palabras deberían haberme tranquilizado.

No lo hicieron.

Porque aún había una pregunta.

Una pregunta que no desaparecía.

—¿Y yo?

Elian guardó silencio.

—¿Qué soy exactamente?

La ciudad entera se apagó.

Una oscuridad absoluta nos rodeó.

Entonces una voz comenzó a hablar.

No venía de Elian.

No venía de Lyra.

Venía de la puerta.

—Sujeto K-01 identificado.

Mi cuerpo se congeló.

—Acceso autorizado.

Lyra me miró.

—¿K-01?

La voz continuó:

—Recuperación de memoria iniciada.

Un dolor intenso atravesó mi cabeza.

Caí de rodillas.

Imágenes comenzaron a aparecer.

No eran recuerdos.

Eran escenas de una vida que jamás había vivido.

Un laboratorio.

Científicos observándome.

Elian más joven.

Una mujer llorando.

Mi propia voz diciendo:

“No quiero olvidar.”

Grité.

Lyra corrió hacia mí.

—¡Kael!

Pero no podía escucharla.

La imagen cambió.

Vi una habitación blanca.

Yo estaba dentro de una cápsula.

Dormido.

Mientras alguien decía:

—El primer prototipo falló.

Otra voz respondió:

—Entonces debemos crear otro.

La primera voz preguntó:

—¿Cuántos intentos serán necesarios?

La respuesta me heló la sangre.

—Los que hagan falta.

La visión desapareció.

Abrí los ojos.

Estaba en el suelo.

Lyra me sostenía.

—¿Qué viste?

Respiré con dificultad.

—Mi nacimiento.

Elian se quedó inmóvil.

—No.

Lo miré.

—Sí.

Me levanté lentamente.

—Vi el laboratorio.

Su expresión cambió.

—Eso no debería ser posible.

—¿Por qué?

Elian bajó la mirada.




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