El Último Amanecer

Capítulo 6: Los Hijos del Segundo Mundo

El silencio después de aquella revelación fue más aterrador que cualquier explosión.

Durante años había buscado respuestas.

Había perseguido pistas en lugares donde nadie se atrevía a entrar.

Había cruzado desiertos congelados, ciudades abandonadas y territorios prohibidos creyendo que encontrar la verdad me daría paz.

Pero nunca imaginé que la verdad pudiera destruir todo lo que sabía sobre mí mismo.

Yo no era un hombre que había sobrevivido al fin del mundo.

Era una pieza creada para sobrevivirlo.

Un experimento.

Un intento.

Una segunda oportunidad de una humanidad que había fracasado.

Miré al hombre que estaba frente a mí.

El creador del Proyecto Amanecer.

El hombre que conocía secretos que ni siquiera Elian quería revelar.

—Dijiste que decidiste cuántas veces tendría que morir antes de convertirme en mí —dije lentamente.

El hombre sonrió.

—Porque es cierto.

Lyra levantó su arma.

—¿Quién eres?

Él la observó con una calma inquietante.

—Mi nombre es Adrián Solvek.

Elian dio un paso hacia adelante.

—No deberías estar aquí.

Adrián sonrió.

—Curioso que digas eso tú.

—Tú destruiste el Proyecto Amanecer.

El rostro de Adrián cambió.

Por primera vez apareció una sombra de enojo.

—No.

Su voz fue más fuerte.

—Yo intenté salvarlo.

La ciudad comenzó a vibrar.

La criatura detrás de la puerta seguía golpeando.

Cada impacto parecía acercarnos más al final.

—Explícame algo —dije mirando a Adrián—. Si tú creaste el proyecto, ¿por qué me borraron la memoria?

Adrián me observó durante varios segundos.

Como si estuviera mirando algo que había esperado durante mucho tiempo.

—Porque recordar quién eras habría cambiado todo.

—¿Quién era?

Su respuesta fue inmediata.

—El primero.

Sentí un escalofrío.

—¿El primero qué?

Adrián caminó alrededor mío.

—El primer humano creado después del colapso.

Miré a Elian.

—Pero dijiste que él era mi creador.

Elian permaneció en silencio.

Demasiado silencio.

Y comprendí que todavía había una parte de la historia que no conocía.

—Elian.

Mi voz se volvió fría.

—¿Qué no me estás diciendo?

Él cerró los ojos.

Por un instante pareció cansado.

Mucho más viejo que la edad que aparentaba.

—Yo no te creé.

La confesión quedó suspendida en el aire.

Lyra abrió los ojos sorprendida.

—Entonces, ¿qué eres tú?

Elian me miró.

—Soy una versión anterior.

Sentí que mi mente se negaba a aceptar más información.

—¿Una versión?

—Un prototipo.

La palabra me golpeó.

Adrián continuó:

—Antes de ti hubo cientos.

La luz de la ciudad comenzó a parpadear.

En las paredes aparecieron miles de símbolos.

Como si la ciudad estuviera despertando.

—Cada intento tenía un problema —dijo Adrián.

—¿Cuál?

Me miró.

—Ninguno podía recordar.

—¿Por qué?

Adrián respondió:

—Porque cuando un ser humano descubre que su vida fue creada por otros, la mente busca una forma de protegerse.

Lyra bajó lentamente el arma.

—Entonces la memoria fue bloqueada.

—Exacto.

Adrián señaló la puerta.

—Pero algo salió mal.

Un nuevo golpe sacudió la sala.

La puerta comenzó a abrirse unos centímetros más.

Elian miró con preocupación.

—No tenemos tiempo para esto.

—Sí tenemos —dijo Adrián.

Todos lo miramos.

—Porque él necesita saber.

Señaló hacia mí.

—Si no recuerda ahora, nunca podrá detenerlo.

—¿Detener qué?

Adrián observó la puerta.

—El verdadero fin del mundo.

La frase me dejó inmóvil.

—Pensé que el sol se estaba apagando.

—Eso es solo la consecuencia.

—¿La consecuencia de qué?

Adrián bajó la voz.

—De la llegada.

Un frío recorrió mi cuerpo.

—¿La llegada de quién?

Antes de responder, una alarma comenzó a sonar.

Pero no era una alarma de peligro.

Era una señal de identificación.

La ciudad hablaba.

—Entidad desconocida detectada.

Todos miramos hacia la puerta.

La luz azul aumentó.

—Entidad original aproximándose.

Lyra susurró:

—¿Entidad original?

Elian apretó los puños.

—No puede ser.

Adrián lo miró.

—Sabías que esto ocurriría.

Elian no respondió.

Y esa respuesta fue suficiente.

—Tú lo sabías.

Mi voz estaba llena de rabia.

—Sabías que algo estaba ahí dentro.

Elian me miró.

—Sí.

—¿Y me trajiste aquí?

—Porque solo tú puedes detenerlo.

Negué.

—Otra vez decides por mí.

Elian no dijo nada.

Y ese silencio me dolió más que cualquier mentira.

La puerta finalmente comenzó a abrirse.

Una pequeña abertura.

Solo unos centímetros.

Pero fue suficiente.

Algo apareció detrás de la luz.

No era una criatura.

No era un monstruo.

Era una figura humana.

Una silueta.

Una persona.

La figura dio un paso hacia nosotros.

Todos retrocedimos.

Porque la voz que salió de la oscuridad era imposible.

Era mi voz.

—Finalmente desperté.

Sentí que mi corazón se detenía.

La figura salió lentamente.

Era un hombre.

Pero no como Elian.

No como una copia.

Era idéntico a mí.

Incluso más que Elian.

La misma edad.

El mismo rostro.

La misma cicatriz.

Lyra me miró aterrada.

—Kael…

No pude responder.

El hombre sonrió.

—No tengas miedo.

Se acercó.

—Yo también pensé que era único.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Quién eres? —pregunté.

El hombre inclinó la cabeza.

—Soy Kael Varen.

Sentí que la sangre abandonaba mi cuerpo.




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