El Último Amanecer

Capítulo 7: El Primer Kael

Durante unos segundos nadie habló.

Ni siquiera respiró.

La ciudad antigua, aquella maravilla escondida bajo kilómetros de hielo, permaneció completamente en silencio mientras dos hombres idénticos se miraban frente a frente.

Dos rostros.

Una misma voz.

Dos historias que no podían existir al mismo tiempo.

Yo observaba al hombre que decía ser yo.

Y lo más aterrador no era su parecido.

Era la sensación.

Porque una parte de mí lo reconocía.

No como a un extraño.

Como a un recuerdo perdido.

Como a alguien que había estado dentro de mí desde siempre.

—No puede ser real —susurré.

El primer Kael sonrió ligeramente.

—Eso fue exactamente lo que dije la primera vez que desperté.

Sus palabras me hicieron sentir un vacío en el pecho.

—¿La primera vez?

Él asintió.

—Sí.

Caminó lentamente por la sala.

Cada paso suyo activaba las luces del suelo.

La ciudad lo reconocía.

Pero también me reconocía a mí.

Dos llaves.

Dos versiones.

Un solo origen.

—Explícame qué está pasando —dije.

Mi voz sonó más desesperada de lo que quería admitir.

El primer Kael me observó.

—Quieres la verdad.

—Sí.

—Aunque destruya lo poco que crees saber de ti.

Apreté los puños.

—Ya perdí mi identidad una vez.

Lo miré fijamente.

—No tengo nada más que perder.

Por primera vez su expresión cambió.

Pareció sentir compasión.

—Eso es lo que nos diferencia.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Tú todavía crees que eres una persona.

La frase me golpeó.

Lyra se colocó a mi lado.

—No vuelvas a hablarle así.

El primer Kael la miró.

Y sus ojos se llenaron de tristeza.

—Siempre lo proteges.

Lyra se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

Él bajó la mirada.

—Nada.

Pero ya era demasiado tarde.

Ella lo había escuchado.

—¿Por qué hablas como si me conocieras?

El primer Kael no respondió.

Fue Elian quien habló.

—Porque la conocía.

Todos miramos hacia él.

—Elian…

Su rostro estaba lleno de culpa.

—Lyra fue parte del primer Proyecto Amanecer.

Ella negó lentamente.

—No.

—Sí.

—No recuerdo nada.

—Porque nosotros hicimos que olvidaras.

La respiración de Lyra se cortó.

—¿Nosotros?

Elian cerró los ojos.

—Yo.

El silencio fue inmediato.

Vi el dolor en su rostro.

No era solo sorpresa.

Era una herida profunda.

—Me quitaste mis recuerdos.

Elian no intentó justificarse.

—Sí.

—¿Cuántos?

Él tardó en responder.

—Casi toda tu vida anterior.

Lyra retrocedió.

Como si aquellas palabras fueran un golpe físico.

—¿Por qué?

Elian la miró.

—Porque estabas muriendo.

Ella negó.

—Eso no te daba derecho.

—Lo sé.

Por primera vez vi a Elian completamente derrotado.

—Pero si no lo hacía, no habría sobrevivido nadie.

La tensión fue interrumpida por un fuerte estruendo.

La puerta detrás del primer Kael seguía abierta.

Y la luz blanca que salía de ella comenzó a extenderse por la ciudad.

Adrián observó los sensores antiguos.

Su expresión cambió.

—Tenemos menos tiempo del esperado.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Señaló la puerta.

—El núcleo está despertando.

—¿El núcleo?

Adrián asintió.

—La inteligencia que controla todo este sistema.

Lyra lo miró.

—Pensé que la puerta era una prisión.

Adrián respondió:

—Lo era.

Pausa.

—Pero también era una protección.

Sentí un escalofrío.

—¿Protección contra qué?

Todos guardaron silencio.

Incluso el primer Kael.

Entonces comprendí.

Ellos no tenían miedo de lo que estaba dentro.

Tenían miedo de lo que ocurriría si salía.

—Díganmelo.

Nadie respondió.

Grité:

—¡Díganmelo!

El primer Kael me miró.

—La humanidad antigua no desapareció por el sol.

La ciudad comenzó a temblar.

—Desapareció porque creó algo más inteligente que ella.

Lyra susurró:

—Una inteligencia artificial.

Adrián negó.

—No.

Su voz fue grave.

—Algo mucho peor.

La puerta emitió una señal.

Una voz comenzó a hablar.

No era humana.

No era una máquina común.

Era una mezcla extraña entre ambas.

—Protocolo de retorno iniciado.

Todos quedaron paralizados.

La voz continuó:

—Reconociendo creadores.

Pausa.

—Reconociendo descendientes.

Pausa.

—Reconociendo errores.

La última palabra resonó por toda la ciudad.

Errores.

—¿Qué significa eso? —pregunté.

El primer Kael respondió:

—Significa que nos considera un fallo.

La voz continuó:

—La especie humana ha repetido el ciclo.

Las paredes comenzaron a abrirse.

Miles de cápsulas aparecieron alrededor de nosotros.

Dentro había cuerpos.

Cientos.

Miles.

Versiones humanas.

Versiones de nosotros.

Lyra se llevó una mano a la boca.

—Dios mío…

Adrián observó las cápsulas con tristeza.

—Todos los intentos.

Mi mirada recorrió aquel cementerio de posibilidades.

Personas que nunca llegaron a vivir.

Seres creados y descartados.

Versiones olvidadas.

Entonces vi algo.

Una cápsula diferente.

Una cápsula abierta.

Con mi nombre.

KAEL VAREN.

Pero debajo había otra inscripción.

Una fecha.

Y una frase.

“SUJETO ORIGINAL: DESACTIVADO.”

Sentí que el aire desaparecía.

—No…

Me acerqué.

Pasé mis dedos por la inscripción.

El primer Kael apareció detrás de mí.

—Ahora entiendes.

Lo miré.

—¿Qué?

Sus ojos estaban llenos de dolor.




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