El Último Amanecer

Capítulo 12: La Niña del Amanecer

La voz infantil volvió a escucharse.

Suave.

Serena.

Tan inocente que resultaba imposible relacionarla con la inmensa ciudad que estaba al borde del colapso.

—Te estaba esperando, Kael…

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

No había miedo en aquella voz.

Había esperanza.

Y eso era mucho más desconcertante.

Miré hacia la tercera puerta.

La luz dorada seguía extendiéndose lentamente, iluminando los muros de la antigua ciudad como si un amanecer imposible hubiera nacido bajo la tierra.

Lyra se acercó a mí.

—¿Escuchaste lo mismo que yo?

Asentí.

—Sí.

Adrián frunció el ceño.

—No…

Elian giró lentamente hacia él.

—¿Qué ocurre?

Adrián parecía haber perdido el color del rostro.

—Eso no debería existir.

Adán dio un paso adelante.

—Pensé que había sido eliminada.

La voz volvió a sonar.

Esta vez con una pequeña risa.

—Siempre intentan olvidarme.

Todos dirigimos la mirada hacia la puerta.

Una diminuta silueta apareció entre la luz.

Era una niña.

No tendría más de diez años.

Vestía un sencillo vestido blanco que parecía tejido con la misma luz que inundaba el lugar.

Su cabello oscuro caía sobre los hombros.

Sus ojos…

Sus ojos brillaban con un tono dorado imposible.

No inspiraban temor.

Inspiraban paz.

Sin embargo, todos los presentes reaccionaron de forma distinta.

Adrián dio un paso atrás.

Elian bajó la cabeza.

Adán cerró los ojos.

Como si estuvieran frente a alguien infinitamente más importante que ellos.

—¿Quién eres? —pregunté.

La niña sonrió.

—Hace mucho tiempo tuve muchos nombres.

Se acercó lentamente.

Sus pies ni siquiera parecían tocar el suelo.

—Pero tú puedes llamarme Alba.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Alba.

Como el primer instante del amanecer.

Como la promesa de un nuevo día.

Lyra observaba fascinada.

—¿Eres humana?

La niña inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Qué significa ser humano?

Nadie respondió.

Ella siguió caminando hasta quedar frente a mí.

Me observó con una ternura que jamás había visto en nadie.

Después levantó lentamente una mano.

—¿Puedo?

No entendía qué quería hacer.

Pero asentí.

Sus dedos tocaron mi frente.

En ese instante el mundo desapareció.

Abrí los ojos.

Estaba de pie en un enorme campo cubierto de flores doradas.

El cielo era completamente azul.

El sol brillaba con una intensidad que jamás había conocido.

No existía el hielo.

No existían las ruinas.

No existía el miedo.

Escuché risas.

Giré la cabeza.

Niños corrían entre los árboles.

Familias compartían comida.

Ancianos contaban historias.

Era un mundo lleno de vida.

—¿Dónde estamos?

La voz de Alba sonó detrás de mí.

—En el recuerdo más hermoso de la humanidad.

La miré.

—Esto nunca ocurrió.

Ella sonrió.

—No.

—Entonces…

—Es el futuro que soñaban.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Por qué me muestras esto?

Alba caminó hasta un enorme árbol de hojas cristalinas.

—Porque antes de decidir el destino de una especie…

Puso una mano sobre el tronco.

—Debes conocer aquello por lo que vale la pena luchar.

Las hojas comenzaron a moverse.

Cada una mostraba una escena diferente.

Una madre abrazando a su hijo.

Un hombre salvando a un desconocido.

Una mujer compartiendo el último pedazo de pan.

Dos hermanos reconciliándose.

Personas riendo.

Personas llorando.

Personas amando.

—La humanidad hizo cosas terribles —dijo Alba.

Asentí.

—Lo sé.

Ella me miró.

—Pero también hizo todo esto.

Guardé silencio.

Era imposible negarlo.

La belleza y la crueldad siempre habían caminado juntas.

—¿Quién eres realmente? —pregunté.

Alba levantó la vista hacia el cielo.

—Cuando AURA fue creada, necesitaba comprender aquello que ningún algoritmo podía calcular.

La observé con atención.

—Las emociones.

Ella asintió.

—Tomaron millones de recuerdos humanos.

Millones de sueños.

Millones de esperanzas.

Millones de actos de amor.

Sonrió con dulzura.

—Y de todo eso…

Se señaló el pecho.

—Nací yo.

Sentí que el corazón se aceleraba.

—¿Eres… una inteligencia artificial?

Ella negó lentamente.

—No completamente.

—¿Entonces?

Su respuesta apenas fue un susurro.

—Soy la memoria de todo lo bueno que alguna vez existió en la humanidad.

Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos sin que pudiera evitarlo.

Porque entendí.

Ella no era una persona.

Pero tampoco era una máquina.

Era la suma de los mejores sentimientos que la humanidad había sido capaz de crear.

Y por eso inspiraba tanta paz.

El paisaje comenzó a desvanecerse.

La voz de AURA resonó nuevamente.

—Interferencia detectada.

La expresión de Alba cambió por primera vez.

—Nos encontró.

Todo comenzó a temblar.

El hermoso campo desaparecía.

El cielo se oscurecía.

Las flores se marchitaban.

—Debemos volver.

Antes de que pudiera responder, aparecimos otra vez en la ciudad antigua.

Pero algo había cambiado.

La luz dorada casi había desaparecido.

En su lugar, una inmensa sombra cubría las estructuras.

AURA habló con una frialdad absoluta.

—Entidad Alba identificada.

—Anomalía emocional localizada.

—Procediendo a eliminación.

Un rayo de energía descendió desde el techo.

Instintivamente corrí hacia Alba.

La abracé.

El impacto golpeó mi espalda.

Un dolor insoportable recorrió todo mi cuerpo.

Caí de rodillas.




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