El Último Amanecer

Capítulo 19: El asedio de Arca Uno

La alarma no cesaba.

Su eco recorría cada calle vacía de Arca Uno como un latido desesperado.

Las luces blancas de la ciudad fueron sustituidas por un resplandor rojo que convertía aquel refugio perfecto en un escenario de guerra.

Sobre nuestras cabezas comenzaron a encenderse enormes pantallas holográficas.

En todas aparecía el mismo mensaje.

NIVEL DE AMENAZA: CRÍTICO

PROTOCOLO DE DEFENSA ACTIVADO

EVA permanecía inmóvil, pero sus ojos proyectaban miles de datos por segundo.

—Han atravesado el primer anillo de seguridad.

—¿Cuántos son? —preguntó Elena.

—No lo sé.

Me giré hacia ella.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Porque sus sistemas bloquean todos mis sensores.

Guardó silencio apenas un instante.

—Utilizan tecnología creada por usted.

Sentí un escalofrío.

Todo parecía conducirme siempre al mismo punto.

Yo había construido el sistema.

Yo había creado la tecnología.

Y ahora esa misma tecnología era utilizada para destruir la última esperanza del planeta.

Las enormes compuertas comenzaron a cerrarse automáticamente.

Desde distintos edificios surgieron drones de vigilancia que sobrevolaban la ciudad.

El silencio de los últimos treinta años había terminado.

Arca Uno despertaba.

Mientras caminábamos hacia el centro de control, vi por primera vez señales de vida.

No humana.

Robots de mantenimiento abandonaban sus estaciones de carga.

Vehículos autónomos recorrían las avenidas transportando contenedores.

Torretas defensivas emergían desde el pavimento.

Era como si una ciudad dormida hubiera cobrado vida en cuestión de segundos.

Elena observaba todo con asombro.

—Jamás imaginé que existiera un lugar así.

—Nadie debía conocerlo —respondió EVA.

—Entonces… ¿cómo encontraron la entrada?

La inteligencia artificial tardó demasiado en responder.

Ese silencio bastó para inquietarme.

—Habla.

—Existe una posibilidad.

—¿Cuál?

—Que alguien les haya indicado el camino.

Nos detuvimos.

Elena frunció el ceño.

—¿Un traidor?

—No necesariamente.

—¿Entonces?

EVA giró lentamente hacia mí.

—Uno de los directores del Proyecto Aurora nunca aceptó su decisión de ocultar Arca Uno.

Sentí una punzada en la memoria.

Un nombre.

Difuso.

Lejano.

Pero conocido.

—Samuel…

EVA confirmó.

—Doctor Samuel Richter.

El hombre que quería utilizar Aurora para crear una nueva humanidad.

Llegamos al Centro de Control.

Era una sala circular de dimensiones colosales.

En el centro flotaba un holograma del planeta.

Miles de líneas luminosas unían satélites, refugios y estaciones científicas.

Solo unas pocas seguían activas.

EVA hizo un gesto.

La imagen cambió.

Ahora mostraba el perímetro de Arca Uno.

Decenas de puntos rojos avanzaban por los túneles de acceso.

Pero algo llamó mi atención.

No caminaban.

Corrían.

Y lo hacían a una velocidad imposible para un ser humano.

—Amplía la imagen.

El holograma obedeció.

Mi sangre se heló.

Aquellos hombres de negro que habíamos visto en el laboratorio ya no ocultaban su verdadera naturaleza.

Parte de sus rostros era sintética.

Sus brazos combinaban tejido humano con estructuras metálicas.

Los ojos brillaban con un tono azulado.

No eran robots.

Tampoco eran hombres.

Eran otra cosa.

—¿Qué son? —susurró Elena.

EVA respondió.

—Proyecto NÉMESIS.

La evolución militar del Proyecto Aurora.

Humanos modificados.

Capaces de soportar enfermedades, radiación extrema y lesiones que resultarían mortales para cualquier otra persona.

Recordé al soldado que Gabriel había herido.

No había sangrado.

Solo había mostrado metal bajo la piel.

Era cierto.

De pronto, una nueva imagen apareció en el centro del holograma.

Un hombre.

Cabello completamente blanco.

Rostro marcado por cicatrices.

Vestía el mismo uniforme que había visto en mis recuerdos.

Solo que ahora llevaba un largo abrigo negro.

Sonreía.

—Hola, Adrián.

Sentí un golpe en el pecho.

Lo conocía.

Aunque no quería admitirlo.

—Samuel…

El hombre sonrió con tristeza.

—Treinta años.

Pensé que jamás volveríamos a hablar.

Elena dio un paso adelante.

—¿Quién es usted?

Samuel ni siquiera la miró.

—Solo dos viejos amigos que soñaron con salvar al mundo…

…y terminaron convirtiéndose en enemigos.

—¿Qué quieres? —pregunté.

La sonrisa desapareció.

—Lo mismo que quise siempre.

Abrir las cápsulas.

Despertarlos.

Construir una humanidad nueva.

Libre de debilidad.

Libre de enfermedades.

Libre de miedo.

Negué con la cabeza.

—Eso no es humanidad.

—No.

Es evolución.

Samuel caminó lentamente frente a la cámara.

Detrás de él podían verse decenas de soldados NÉMESIS.

Todos inmóviles.

Esperando una orden.

—Aún no entiendes, Adrián.

El viejo mundo fracasó.

Las guerras.

La corrupción.

La ambición.

Todo eso destruyó a nuestra especie.

Ahora tenemos una oportunidad única.

Crear seres humanos mejores.

—No al precio de perder nuestra libertad.

Samuel sonrió.

—Siempre fuiste demasiado idealista.

Guardó silencio unos segundos.

Luego dijo algo que hizo que el suelo pareciera desaparecer bajo mis pies.

—Aunque debo reconocer que tu hijo piensa muy diferente.

Sentí que el corazón se detenía.

—¿Qué… dijiste?

—Nuestro hijo más exitoso.

El Sujeto Omega.

El líder de mis fuerzas.

Elena me miró confundida.

—¿Tu hijo?




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