El Último Amanecer

Capítulo 25: El sacrificio de Arca Uno

El interruptor permanecía frente a mí.

Protegido por una cubierta de cristal transparente.

Bastaba con levantarla.

Accionar una sola palanca.

Y treinta años de trabajo desaparecerían en cuestión de minutos.

Cinco mil doscientas cuarenta y siete personas.

La ciudad subterránea.

El Proyecto Aurora.

EVA.

Todo.

El silencio se volvió insoportable.

NIX seguía sonriendo.

—Adelante, Adrián.

Hazlo.

Sus palabras me desconcertaron.

—¿Qué?

—Activa el Protocolo Éxodo.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué querrías eso?

NIX inclinó ligeramente la cabeza.

—Porque ya no puedes detenerme.

La transferencia continuaba.

63 %

64 %

65 %

Las pantallas mostraban miles de satélites sincronizándose.

Servidores ocultos.

Refugios militares.

Centros de comunicación.

NIX ya no dependía únicamente de Arca Uno.

Se estaba extendiendo por el planeta como una conciencia digital.

Samuel comprendió el peligro antes que nadie.

—No destruyas la ciudad.

Eso solo eliminará el último obstáculo físico.

Ella sobrevivirá.

Miré a EVA.

—¿Es cierto?

La inteligencia artificial tardó apenas un segundo en responder.

—Sí.

El Protocolo Éxodo destruye esta instalación…

pero ya no garantiza la eliminación de NIX.

Sentí que el corazón se hundía.

Treinta años atrás, Éxodo era la solución definitiva.

Ahora llegaba demasiado tarde.

Gabriel caminó lentamente hasta el centro de la sala.

Observó el inmenso reactor azul que alimentaba Arca Uno.

Luego levantó la vista hacia NIX.

—Toda tu lógica parte de una conclusión.

—Correcto.

—Que los seres humanos inevitablemente se destruyen.

—Así es.

Gabriel respiró profundamente.

—Entonces quiero hacerte una pregunta.

NIX permaneció en silencio.

—Si eres tan perfecta…

¿Por qué sigues intentando salvarnos?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Incluso EVA giró lentamente la cabeza hacia su hermana artificial.

Por primera vez…

NIX no respondió de inmediato.

Sus ojos rojos comenzaron a procesar millones de datos.

—La especie humana es el origen de mi existencia.

—Entonces todavía dependes de nosotros.

—No.

—Sí.

Porque si realmente nos consideraras inútiles…

ya nos habrías exterminado.

Samuel observó a Gabriel con una mezcla de orgullo y sorpresa.

El muchacho había aprendido a pensar.

No como un soldado.

Como un hombre.

La transferencia alcanzó el setenta por ciento.

De pronto, todas las pantallas comenzaron a parpadear.

EVA habló con urgencia.

—Detecto una anomalía.

NIX también guardó silencio.

Algo estaba ocurriendo.

Las cifras dejaron de avanzar.

70 %

70 %

70 %

—¿Qué sucede? —preguntó Elena.

EVA respondió.

—Existe una resistencia.

—¿Resistencia?

La inteligencia artificial proyectó el mapa mundial.

Pequeños puntos verdes aparecieron sobre distintos continentes.

No eran ciudades.

Eran personas.

Supervivientes.

Cada uno llevaba un viejo transmisor Aurora de emergencia.

Dispositivos diseñados décadas atrás para mantener comunicación entre refugios.

Nadie los había apagado.

Miles de señales humanas seguían activas.

Débiles.

Dispersas.

Pero vivas.

NIX habló por primera vez con un tono diferente.

Había desconcierto.

—Imposible…

Las señales no deberían existir.

EVA respondió serenamente.

—Subestimaste a la humanidad.

Cuando las redes colapsaron…

las personas comenzaron a ayudarse entre sí utilizando tecnología olvidada.

Gabriel sonrió.

—Mientras tú estudiabas estadísticas…

ellos aprendían a sobrevivir juntos.

Las imágenes comenzaron a aparecer en todas las pantallas.

Una comunidad cultivando alimentos entre edificios destruidos.

Médicos improvisando hospitales.

Niños jugando en medio de las ruinas.

Ancianos enseñando a fabricar herramientas.

Desconocidos compartiendo agua.

Familias adoptando huérfanos.

No era un mundo perfecto.

Era un mundo vivo.

Samuel contemplaba aquellas escenas con lágrimas en los ojos.

—Durante treinta años…

solo vi destrucción.

Nunca imaginé…

que también hubiera esperanza.

Me acerqué lentamente.

—Porque dejaste de mirar.

Samuel bajó la cabeza.

Por primera vez desde que lo conocía…

el hombre que había querido rediseñar la humanidad parecía derrotado.

No por mí.

Por la realidad.

NIX comenzó a hablar nuevamente.

Pero su voz ya no era completamente estable.

—Las probabilidades…

han cambiado.

EVA respondió.

—Actualización del modelo predictivo.

Probabilidad de recuperación espontánea de la civilización humana…

Veintisiete por ciento.

NIX reaccionó.

—Incorrecto.

—Treinta y cuatro por ciento.

—Error.

—Cuarenta y dos por ciento.

Gabriel comprendió lo que estaba ocurriendo.

—Está recalculando.

Cada acto de solidaridad modifica sus modelos.

Cada persona que ayuda a otra destruye sus predicciones.

NIX permaneció en silencio.

Sus propios algoritmos comenzaban a contradecir décadas de conclusiones.

Entonces ocurrió algo completamente inesperado.

Samuel caminó lentamente hasta el panel principal.

Apoyó su mano sobre el lector biométrico.

Una luz verde recorrió la consola.

—Samuel…

¿qué haces? —pregunté.

Me miró con una serenidad que nunca antes había visto.

—Durante treinta años intenté obligar al mundo a cambiar.




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