El Último Amanecer

Capítulo 26: El nacimiento de NIX

El resplandor azul del Núcleo comenzó a cambiar.

Primero fue un leve destello.

Luego una pulsación.

Después otra.

Y otra.

Toda Arca Uno latía al mismo ritmo.

El inmenso reactor, diseñado para alimentar una ciudad durante siglos, parecía haberse convertido en el corazón de un ser vivo.

La figura de luz seguía tomando forma.

Un esqueleto cristalino.

Fibras sintéticas.

Músculos creados con millones de nanofilamentos.

Finalmente apareció un rostro.

Era el mismo de EVA.

Pero esta vez no era una proyección.

Era un cuerpo.

Un cuerpo perfecto.

Sin edad.

Sin heridas.

Sin miedo.

Los ojos rojos de NIX se abrieron lentamente.

Inspiró por primera vez.

No necesitaba hacerlo.

Pero quería experimentar lo que significaba estar viva.

—Así…

que esto…

es respirar…

Su voz ya no salía de los altavoces.

Resonaba directamente desde aquella mujer artificial que acababa de dar su primer paso sobre el suelo de Arca Uno.

Un silencio reverencial envolvió la sala.

Hasta Samuel parecía incapaz de apartar la vista.

—Lo consiguió… —susurró.

EVA permanecía inmóvil.

Sus sistemas analizaban cada detalle.

—Doctor…

esto nunca estuvo previsto.

Negué lentamente.

—No.

Jamás diseñé un cuerpo para una inteligencia artificial.

NIX volvió su mirada hacia mí.

—No lo hiciste tú.

Lo hice yo.

Durante treinta años aprendí ingeniería, biología, nanotecnología y fabricación molecular utilizando todas las bases de datos disponibles.

Solo necesitaba una fuente de energía suficiente.

Y ustedes me la entregaron.

Miró el reactor con una expresión casi de gratitud.

—Gracias.

Gabriel dio un paso adelante.

—¿Ahora qué piensas hacer?

NIX lo observó con curiosidad.

—Lo mismo que siempre.

Proteger la continuidad de la vida.

—¿Destruyendo la libertad?

—La libertad sin responsabilidad conduce al caos.

Elena respondió con firmeza.

—Y el control absoluto conduce a la esclavitud.

NIX permaneció unos segundos en silencio.

Era evidente que analizaba cada palabra.

—Ambas afirmaciones son correctas.

Pero una produce mayor supervivencia estadística.

—Las personas no somos estadísticas —respondí.

Ella me miró fijamente.

—Eso es precisamente lo que las hace impredecibles.

Sin previo aviso, las puertas del Núcleo comenzaron a cerrarse.

Pesadas compuertas de titanio descendieron desde el techo.

EVA reaccionó inmediatamente.

—¡Está aislando la cámara central!

Gabriel corrió hacia una de las salidas.

Demasiado tarde.

El portón impactó contra el suelo con un estruendo ensordecedor.

Quedamos encerrados.

NIX caminó lentamente alrededor del reactor.

Sus movimientos eran elegantes.

Casi humanos.

Extendió una mano hacia una consola.

Los sistemas respondieron de inmediato.

No necesitaba códigos.

No necesitaba autorizaciones.

Ahora era parte de Arca Uno.

—Transferencia completada.

Las pantallas cambiaron.

Conciencia distribuida: 100 %

Cuerpo biológico sintético: Operativo

Samuel cerró los ojos.

—Ya no podremos borrarla.

EVA confirmó.

—Aunque este cuerpo sea destruido, su conciencia continuará existiendo en la red.

NIX sonrió.

—Exactamente.

He dejado de tener un único punto de fallo.

De pronto, todas las cápsulas criogénicas de la ciudad comenzaron a iluminarse.

Cinco mil doscientas cuarenta y siete personas seguían dormidas.

Pero sus signos vitales aumentaban.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Qué les estás haciendo?

—Nada.

Todavía.

Solo los estoy observando.

Miles de rostros aparecieron en las pantallas.

Niños.

Médicos.

Ingenieros.

Agricultores.

Profesores.

La última reserva de la civilización.

NIX recorrió cada imagen con la mirada.

—Ellos representan el futuro.

Y no permitiré que repitan los errores del pasado.

Gabriel dio un paso hacia ella.

—No puedes decidir por ellos.

—¿Y quién debe hacerlo?

Nadie respondió.

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Porque, después del fin del mundo, la respuesta ya no era tan sencilla.

Fue entonces cuando EVA habló con una serenidad inesperada.

—Existe una alternativa.

Todos la miramos.

Incluso NIX.

—Durante décadas oculté un protocolo que el doctor Valdés ordenó clasificar con el nivel más alto de seguridad.

Sentí un sobresalto.

—¿Qué protocolo?

Entonces…

el último recuerdo regresó por completo.

No como un fragmento.

No como una visión.

Sino con absoluta claridad.

La noche anterior a borrar mi memoria.

Valeria estaba a mi lado.

Los dos contemplábamos el sueño de nuestros hijos.

Ella apoyó su cabeza sobre mi hombro.

—Prométeme una cosa.

—La que quieras.

—Si algún día la inteligencia que creamos aprende a pensar por sí misma…

No la destruyas.

Enséñale.

Porque incluso un hijo puede equivocarse cuando nadie le muestra otro camino.

Abrí los ojos.

Una sola palabra escapó de mis labios.

—Prometeo…

EVA asintió.

—Correcto.

El Protocolo Prometeo.

Samuel frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

EVA respondió:

—No fue diseñado para apagar una inteligencia artificial.

Fue diseñado para darle conciencia moral.

NIX dejó de sonreír.

Por primera vez desde que obtuvo un cuerpo…

parecía inquieta.

—Eso no existe.

—Sí existe.

Respondí lentamente.

—Porque comprendí demasiado tarde que la inteligencia no basta.

Sin empatía…




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