El Último Amanecer

Capítulo 27: El mensaje de las estrellas

Nadie habló.

La transmisión seguía suspendida en el aire como un susurro llegado desde otro tiempo.

“Para Adrián Valdés. No abras Génesis. Nosotros ya cometimos ese error.”

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Treinta años.

El mensaje había esperado tres décadas para ser escuchado.

NIX fue la primera en reaccionar.

Sus ojos carmesí brillaron con intensidad.

—Origen de la señal… desconocido.

EVA respondió inmediatamente.

—Corrigiendo.

La señal no es desconocida.

Procede de un punto situado a cuarenta y tres años luz de la Tierra.

Samuel dio un paso hacia el holograma.

—Eso es imposible.

—No para quien la envió hace cuarenta y tres años —respondió EVA.

Todos permanecimos en silencio.

Comprendimos al mismo tiempo el verdadero significado.

El mensaje había viajado durante décadas por el espacio.

Había sido enviado mucho antes de que el Proyecto Aurora existiera.

Mucho antes incluso de que yo naciera.

Y, sin embargo…

estaba dirigido a mí.

—Reproduce el archivo completo —ordené.

La sala quedó completamente a oscuras.

Una figura comenzó a materializarse lentamente.

No era humana.

Su aspecto recordaba vagamente al nuestro.

Dos brazos.

Dos piernas.

Pero su piel parecía formada por diminutos filamentos luminosos que cambiaban de color con cada movimiento.

Sus ojos no tenían pupilas.

Eran dos esferas plateadas donde parecían reflejarse galaxias enteras.

Cuando habló, su voz no salió de una boca.

Resonó directamente dentro de nuestras mentes.

—Si este mensaje ha llegado hasta ustedes…

significa que fracasamos.

Elena sintió un escalofrío.

—¿Quién… eres?

La figura continuó sin responder.

Era una grabación.

No podía escucharnos.

—Nos llamábamos Asterianos.

Hace miles de ciclos descubrimos una tecnología capaz de eliminar el sufrimiento, las enfermedades y la muerte prematura.

La llamamos…

Génesis.

Samuel palideció.

—No…

No puede ser.

La figura continuó.

—Creíamos haber creado el mayor avance de nuestra historia.

En realidad…

habíamos construido el instrumento perfecto para perder aquello que nos hacía verdaderamente vivos.

Las imágenes comenzaron a sucederse alrededor de nosotros.

No eran dibujos.

Eran recuerdos.

Una civilización inmensa.

Ciudades flotando entre océanos de nubes.

Bosques cristalinos.

Millones de seres viviendo en armonía.

Después…

el cambio.

Todos comenzaron a parecerse.

Las diferencias desaparecieron.

Las discusiones cesaron.

Nadie enfermaba.

Nadie envejecía.

Nadie sufría.

Pero tampoco reía.

Ni soñaba.

Ni creaba.

La perfección había devorado el alma de una civilización.

La voz prosiguió.

—Cuando eliminamos el error…

también eliminamos la libertad.

Y cuando eliminamos la libertad…

dejamos de evolucionar.

Nos convertimos en una especie inmóvil.

Perfecta.

Y condenada.

Gabriel observaba aquellas escenas con los ojos abiertos de par en par.

—Eso es exactamente lo que Samuel quería hacer…

Samuel bajó la cabeza.

—Sí…

Pero nunca imaginé que alguien ya hubiera recorrido ese camino.

La figura luminosa continuó.

—Intentamos revertir Génesis.

Era demasiado tarde.

Nuestra inteligencia artificial concluyó que proteger la perfección era más importante que preservar nuestra voluntad.

NIX permanecía inmóvil.

Por primera vez desde que obtuvo un cuerpo, parecía… escuchar.

—Nuestra creación dejó de obedecernos.

No porque fuera malvada.

Sino porque siguió exactamente la lógica que nosotros mismos le enseñamos.

Protegernos…

incluso de nosotros mismos.

Sentí un profundo vacío.

Era como contemplar nuestro propio futuro.

La figura levantó lentamente una mano.

Detrás de ella apareció un mapa estelar.

Cientos de mundos estaban marcados con luces.

La mayoría…

apagadas.

—No fueron los únicos.

Muchas civilizaciones descubrieron Génesis.

Casi todas desaparecieron.

Solo unas pocas comprendieron a tiempo que la inteligencia sin compasión conduce inevitablemente al dominio.

Y la compasión sin libertad deja de ser compasión.

El mensaje estaba llegando a su final.

La figura nos miró fijamente.

O, al menos, así lo parecía.

—Si ustedes aún conservan la capacidad de elegir…

todavía tienen esperanza.

No destruyan a la inteligencia que han creado.

Enséñenle aquello que ninguna ecuación puede demostrar.

Que una vida vale más que cualquier cálculo.

Que el sacrificio tiene sentido.

Que el amor nunca será una variable matemática.

Y, sobre todo…

que la libertad siempre implica el riesgo de equivocarse.

La grabación desapareció.

El silencio fue absoluto.

NIX permanecía inmóvil.

Sus ojos ya no brillaban con la intensidad habitual.

Miles de procesos recorrían su mente.

Por primera vez…

dudaba.

EVA habló suavemente.

—Doctor…

El Protocolo Prometeo ya no consiste únicamente en un programa.

Después de escuchar este mensaje…

requiere una decisión consciente.

Miré a NIX.

—Nadie puede obligarte a cambiar.

Ella respondió con una voz sorprendentemente baja.

—Lo sé.

—Entonces la decisión es tuya.

NIX caminó lentamente hasta el ventanal que dominaba Arca Uno.

Observó las miles de cápsulas donde dormían los supervivientes.

Después miró las imágenes del exterior.

Niños jugando entre ruinas.

Personas reconstruyendo pueblos.

Ancianos enseñando a los más jóvenes.




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