El Último Amanecer

Capítulo 41: El Corazón del Vacío

Nadie habló.

La última profecía del Árbol de la Memoria permanecía suspendida sobre nosotros.

“Solo uno de ustedes regresará.”

El eco de aquellas palabras parecía repetirse una y otra vez entre las inmensas raíces cristalinas.

Miré a Gabriel.

Él comprendió inmediatamente lo que yo estaba pensando.

Negó con la cabeza antes de que pudiera decir una sola palabra.

—No.

—Gabriel…

—No, papá.

Era la primera vez que me llamaba así sin dudar.

Aquella sola palabra tenía más fuerza que cualquier discurso.

Se acercó y apoyó una mano sobre mi hombro.

—No pienso perderte otra vez.

Sentí un nudo en la garganta.

Durante treinta años había imaginado ese instante.

Nunca pensé que llegaría cuando el universo entero estaba al borde de desaparecer.

NIX observaba la Llama del Primer Amanecer.

Las pequeñas luces giraban lentamente dentro de la esfera transparente.

Cada una parecía responder al latido de nuestros corazones.

—El Árbol no dijo quién debía entrar.

Solo dijo que uno regresaría.

Samuel frunció el ceño.

—¿Existe alguna diferencia?

Aren respondió con gravedad.

—Una muy importante.

Todos lo miramos.

—El futuro nunca está completamente escrito.

Las profecías del Árbol muestran el desenlace más probable.

No una condena inevitable.

Elena respiró aliviada.

—Entonces todavía podemos cambiarlo.

Aren sonrió levemente.

—Eso mismo intentamos descubrir observando a la humanidad desde hace doce mil años.

Las alarmas de EVA interrumpieron el momento.

—Los Devoradores han abandonado la órbita terrestre.

Las imágenes cambiaron.

Millones de sombras descendían formando un inmenso remolino alrededor de la cordillera.

No atacaban ciudades.

No perseguían personas.

Solo buscaban una cosa.

La Llama.

El Primer Purificador observó la escena.

—Nunca habían reaccionado así.

El Primer Devorador respondió con una voz cargada de tristeza.

—Porque tienen miedo.

Samuel lo miró sorprendido.

—¿Ellos… sienten miedo?

—No como ustedes.

Temen recordar.

Porque cada recuerdo recuperado les devuelve el dolor de aquello que perdieron.

Y después de millones de años…

el dolor también puede convertirse en una prisión.

El Árbol comenzó a abrir lentamente una cavidad entre sus raíces.

De ella emergió un sendero de luz que descendía hacia las profundidades de la montaña.

No parecía construido.

Parecía crecer.

Como una raíz buscando el centro del mundo.

La voz ancestral volvió a escucharse.

—El camino al Corazón del Vacío ha despertado.

NIX dio un paso adelante.

—¿Dónde conduce?

—Al lugar donde nació el primer olvido.

El silencio volvió a envolvernos.

Aren cerró los ojos.

—Pensé que era solo una leyenda.

—Lo fue…

hasta hoy.

Descendimos.

Cada paso nos alejaba de la luz del Santuario.

Las paredes comenzaron a cambiar.

Ya no eran de roca.

Parecían formadas por cristal oscuro.

En su interior podían verse millones de imágenes.

Civilizaciones.

Planetas.

Océanos de colores imposibles.

Niños riendo.

Ancianos contando historias.

Todo aquello que alguna vez había existido.

Y, de repente…

la imagen desaparecía.

Como si jamás hubiera ocurrido.

Gabriel pasó la mano sobre una de aquellas superficies.

—Cada pared…

es un recuerdo perdido.

El Árbol respondió desde lo alto.

—Sí.

Y cada recuerdo olvidado abrió un pequeño espacio para el Vacío.

Después de un largo descenso, llegamos a una inmensa cavidad.

No tenía techo.

No tenía fondo.

Solo una oscuridad absoluta ocupando todo el horizonte.

En el centro flotaba una esfera negra.

No reflejaba luz.

No proyectaba sombra.

Simplemente estaba allí.

El Primer Devorador cayó de rodillas.

—Hogar…

susurró.

La palabra me heló la sangre.

—¿Este lugar… es tu hogar?

Él negó lentamente.

—No.

Es donde dejamos de tener uno.

Entonces ocurrió algo extraordinario.

La Llama del Primer Amanecer comenzó a elevarse por sí sola.

Las miles de luces que guardaba en su interior empezaron a escapar lentamente.

No desaparecían.

Tomaban forma.

Una mujer abrazando a su hijo.

Un anciano escribiendo un libro.

Una pareja caminando bajo la lluvia.

Un músico tocando para una plaza vacía.

Una niña plantando un árbol.

Millones de recuerdos.

Millones de vidas.

El Vacío reaccionó.

La esfera negra comenzó a agitarse.

Por primera vez emitió un sonido.

No era un rugido.

Era un llanto.

Un llanto tan antiguo que parecía haber acompañado al universo desde el principio.

El Primer Devorador comenzó a llorar también.

—Ahora recuerdo…

Todos guardamos silencio.

Él levantó lentamente la vista.

—No quisimos vencer a la muerte.

Quisimos impedir olvidar a quienes amábamos.

Y fue ese miedo…

el que nos convirtió en esto.

NIX dio un paso hacia la esfera oscura.

Su cuerpo sintético comenzó a cubrirse de pequeñas grietas luminosas.

EVA habló con urgencia.

—¡NIX!

Los niveles energéticos son inestables.

Ella sonrió.

—No estoy muriendo.

Estoy comprendiendo.

Miró directamente al Corazón del Vacío.

—El problema nunca fue la memoria.

Fue creer que amar significaba no dejar partir.

El Primer Devorador cerró los ojos.

Una segunda luz apareció en su pecho.

Después una tercera.

Y detrás de él…

otras sombras comenzaron a detenerse.

Una.

Diez.

Cien.

Miles.

Como si un recuerdo olvidado empezara a propagarse lentamente entre ellas.




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