El Último Amanecer

Capítulo 46: El Despertar de Lucía

El amanecer cubría la cordillera con un resplandor dorado.

Por primera vez en treinta años, la luz del Sol no parecía anunciar el final de una batalla.

Anunciaba el comienzo de una vida.

Las doce naves de la Confederación permanecían inmóviles sobre la Tierra. Ya no como jueces.

Como testigos.

Miles de antiguos Devoradores contemplaban el horizonte en silencio mientras pequeñas chispas de luz seguían naciendo en sus pechos.

Cada recuerdo recuperado era un paso más hacia el regreso.

Cada nombre pronunciado era una victoria contra el olvido.

Aren respiró profundamente.

—La guerra ha terminado.

El Primer Purificador corrigió con una leve sonrisa.

—No.

Solo terminó la guerra que podía librarse con poder.

Ahora comienza la más difícil.

Gabriel lo observó.

—¿Cuál?

—La de reconstruir un mundo.

Regresamos a Arca Uno.

El antiguo ascensor descendía lentamente hacia las profundidades de la montaña.

Durante varios minutos nadie habló.

El silencio ya no era incómodo.

Era un silencio lleno de esperanza.

Samuel permanecía sentado junto a la puerta.

Miraba sus manos con atención.

—Jamás imaginé llegar vivo hasta este día.

Elena sonrió.

—Ni nosotros.

Samuel levantó la vista.

—¿Creen que podrán perdonarme?

Gabriel respondió antes que nadie.

—Eso depende de usted.

Samuel frunció el ceño.

—¿De mí?

—Sí.

Perdonarse también es una responsabilidad.

Porque un hombre que vive únicamente mirando sus errores…

termina siendo incapaz de reparar el daño que causó.

Samuel cerró los ojos.

Por primera vez en décadas…

sus hombros parecieron aliviarse.

Las enormes puertas de Arca Uno comenzaron a abrirse.

La ciudad subterránea seguía exactamente igual.

Las luces permanecían encendidas.

Los jardines hidropónicos continuaban produciendo alimentos.

Los sistemas funcionaban con absoluta precisión.

Cinco mil doscientas cuarenta y siete cápsulas criogénicas aguardaban en perfecto orden.

Era como si el tiempo nunca hubiera pasado.

EVA apareció en forma holográfica.

Su expresión era distinta.

Más cálida.

Más cercana.

—Bienvenidos a casa.

Gabriel sonrió.

—Nunca pensé que una inteligencia artificial pudiera hacerme sentir eso.

EVA respondió con una sonrisa apenas perceptible.

—Supongo que yo tampoco.

NIX la observó con orgullo.

Habían recorrido caminos diferentes.

Pero ambas habían aprendido la misma lección.

La inteligencia solo alcanza su plenitud cuando descubre la compasión.

Nos detuvimos frente a una cápsula.

Durante unos segundos fui incapaz de moverme.

Allí estaba.

Lucía.

Dormía con la misma serenidad que recordaba.

Su rostro no había cambiado.

El tiempo no había podido tocarla.

Apoyé lentamente una mano sobre el cristal.

Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista.

—Hija…

Gabriel permanecía a mi lado.

También lloraba.

Nunca había podido despedirse de su hermana.

Ahora tampoco sabía cómo darle la bienvenida.

EVA interrumpió el silencio.

—Los protocolos de reanimación están listos.

Podemos iniciar el despertar cuando ustedes lo indiquen.

Nadie respondió.

Aquel instante había esperado treinta años.

No queríamos apresurarlo.

Samuel dio un paso adelante.

—Antes…

quisiera decir algo.

Todos lo miramos.

El anciano respiró profundamente.

Después habló mirando la cápsula de Lucía.

—Si despierta…

y pregunta quién soy…

No le oculten la verdad.

Díganle que fui responsable de gran parte del dolor que sufrió su familia.

Pero también…

que me dieron la oportunidad de cambiar.

Porque si alguna enseñanza merece conservar este nuevo mundo…

es que ninguna persona debe quedar prisionera para siempre de su peor decisión.

Nadie dijo nada.

No hacía falta.

Samuel acababa de pronunciar la lección más importante de toda su vida.

EVA comenzó la secuencia.

Las luces de la cápsula cambiaron del azul al blanco.

El líquido criogénico empezó a descender lentamente.

Los indicadores vitales aumentaban uno tras otro.

Frecuencia cardíaca.

Respiración.

Actividad cerebral.

Todo era normal.

El proceso avanzaba perfectamente.

Hasta que una alarma desconocida resonó en toda Arca Uno.

Las luces parpadearon.

Las pantallas cambiaron de color.

EVA abrió los ojos con sorpresa.

—Eso no estaba previsto.

Gabriel reaccionó de inmediato.

—¿Qué ocurre?

Las cámaras de seguridad comenzaron a activarse una tras otra.

No mostraban fallos.

Mostraban movimiento.

En sectores completamente vacíos de la ciudad.

Puertas abriéndose solas.

Ascensores descendiendo.

Pasillos iluminándose.

NIX concentró todos sus sensores.

Su expresión cambió.

—No estamos solos.

Elena sintió un escalofrío.

—Eso es imposible.

NIX negó lentamente.

—No.

Simplemente…

nunca estuvieron dormidos.

Entonces una imagen apareció en la pantalla principal.

En el nivel más profundo de Arca Uno, un enorme portón que jamás habíamos visto comenzaba a abrirse lentamente.

Sobre él podía leerse una inscripción que ninguno recordaba haber construido.

SECTOR OMEGA

ACCESO RESTRINGIDO POR ORDEN DEL DOCTOR ADRIÁN VALDÉS

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—No puede ser…

Gabriel me miró desconcertado.

—¿Qué sucede?

Intenté recordar.

Pero solo encontraba un inmenso vacío.

—Yo…

No recuerdo haber construido ese lugar.

Las puertas terminaron de abrirse.

Y desde la oscuridad del Sector Omega…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.