El Último año

2. Un año antes

Estaba desayunando con Sara, mi hermana menor, y me sonó el móvil. Era Patri, quería quedar para jugar un rato en media hora, asi que avisé a Sara y me fui a cambiar. Estaba a punto de entrar en un equipo profesional, era mi sueño desde hacía mucho, y tenía que entrenar como nunca.
Al salir de casa tenía un mal presentimiento y no sé si era porque me dejaba algo en casa por hacer o me había dejado las llaves, no lo se. Llegue al punto de encuentro y allí me esperaba Patri, mi mejor amiga.
— Le he dicho a Tere y a Paula que vengan tambien. —me dijo ella— ¿No te importa no?
— No, claro que no. — pensaba que jugaríamos las dos solas, pero tambien son mis amigas y mientras más seamos mejor.
Fuimos andando hacia el parque y en la puerta estaban las demás. Las saludamos y entramos todas juntas. Estábamos haciendo unos toques y yo recibí de dedos y se la pase a Tere, ella a Paula, que me remató a mí y yo se la pase a Patri.
Pasó un poco de tiempo y un balón, que no era el nuestro, se coló en la zona en la que estábamos nosotras. La pelota era de unos niños, que podían ser de nuestra edad, que estaban a unos metros de distancia. Uno de ellos era rubio y muy alto, otros dos morenos que parecían ser gemelos, y eran muy guapos, y tambien había uno castaño, que era el más bajito de todos, pero el que mejor jugaba. Su pelota se acercó unas cuantas veces a nosotras y al devolvérsela nos sonreían tres de ellos, que parecían ser los más amables. Seguíamos jugando y un rato más tarde Patri me llamó.
— ¡Valeria, colócamela!
— Vale, pero mándamela bien y te la recibo
Me la pasó y se la coloque de dedos, un toque en el aire y sin causar ningún sonido con el choque de los dedos con el balón, sin duda estaba mejorando. Le iba perfecta y al rematar… Algo dolió mucho.
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Me dolía mucho la cabeza y algo muy fuerte que sonaba no estaba ayudando. Me dolía todo el cuerpo, pero algo más en especial, solo que no distinguía que era. Abrí los ojos y vi muchas personas, estaban Tere y Paula y gente que no conocía, tambien unos médicos que me ayudaron a levantarme. Cuando me levante sentí como me estrujaban el corazón. Yo estaba en el suelo inconsciente y Patri estaba a unos metros jugando ella sola.
Sin darme tiempo a decir nada, Tere me dio un abrazo mientas Paula me preguntaba cosas que no lograba escuchar. Me pitaban los oídos y me sentía muy mareada. Los médicos me incorporaron y mientras discutían con mis amigas porque no podían venir conmigo, yo mire hacia donde me dolía. Todo se derrumbó en ese instante, en el momento en el que lo vi. Se me empezó a nublar la vista y note como se me aceleró el corazón, como me dolía el pecho y me costaba respirar. Noté como dejaba de funcionar, y entonces, después de sentir el suelo en mis piernas, no noté nada más.
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—Se pondrá bien, solo ha sido un leve golpe, pero en la mano izquierda se ha roto las cabezas de ambos huesos del brazo. — le oí decir al médico.
— ¡Mi niña! Menos mal que estás bien. — mi madre lloraba y daba gracias a dios y yo no sabía por qué.
— como ya has escuchado lo de la mano te contaré lo demás. — el médico se giró hacia mí y empezó a explicarme— Llamaron tus amigas a una ambulancia, decían que te habían dado un golpe en la cabeza con un balón de unos chicos y con otro, de un remate, en la mano. Caíste inconsciente al suelo y al no despertar se asustaron. Cuando llegaron allí los médicos y te estaban levantando tuviste un leve infarto y por lo que hemos evaluado, ya estas bien, pero te debes quedar en observación unos dos días. — me dijo el doctor, mientras yo, sin escuchar, solo podía pensar en el vóley y en mi sueño roto.
Esto tenía que ser una broma, o una pesadilla, no se. No podía estar pasándome esto, no ahora. El médico me dio indicaciones de cómo cuidarme la mano, me dijo unos nombres de medicinas y tambien me dijo que durante un mes no hiciera nada que me alterase, a causa del infarto.
La primera noche del hospital solo tuve pesadillas, no eran de miedo como tal sino uno peor, el miedo a perderse a una misma. Cuando lo tienes todo y de repente lo pierdes, es como un agujero dentro de ti, te sientes vacía y nada puede cambiarlo, nada lo mejora, es más, cada cosa que te pasa lo empeora. Además, es muy difícil superar q tu sueño se ha roto a la misma vez que tu vida se ha deshecho cuando la gente de la que te rodeas te lo recuerda. Es como sentir que has perdido tu esencia, tu valor. Que te has perdido a ti misma. Esa noche lloré como nunca, lloré por todo. Todo lo vivido, que había terminado, todo lo que quedaba por vivir, porque las oportunidades se pierden, por todo aquello que tenía y había perdido y lo que nunca podría tener. Más que nada, lloré por su culpa.
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En el texto hay: adolescente, memorias, crecimiento

Editado: 23.01.2026

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