La gente pregunta, espera respuesta, pero, no se para a pensar cómo va a ser esta. No hace falta pensar mucho para suponer, para hacerse a la idea de que, a lo mejor, para la persona que tengo delante, no es facil decir esa respuesta, no es tan sencillo contar cosas así porque no sabes que va a hacer con ello la persona que lo sepa. No sabes si va a reírse, si va a usarlo en tu contra, si le va a molestar, si lo va a contar a todo el mundo o si lo va a ignorar porque le parezca una tontería. Por eso yo no cuento las cosas que me duelen, por eso, lo que es importante, me lo guardo para mí y no lo comparto. Exactamente como pasa con esto, puedo decidir si le cuento a David la respuesta de lo que me preguntó o puedo no hacerlo.
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—¡No te vayas!
—Eres una vergüenza, después de todo lo que te he proporcionado para que llegases alto y justo cuando te aceptan quieres dejarlo. Yo no te eduqué para que desperdiciases las oportunidades de la vida. Te he entrenado y he usado mi tiempo en ti mientras que tu solo pensabas en ti y decidiste cambiar de deporte. — Me hablaba casi gritándome y yo lloraba, no podía verle asi. —Cuando decidas seguir por el camino correcto volveré, hasta entonces no.
— Yo solo he decidido que quiero jugar otro deporte, que quiero cumplir mi sueño. Estoy cansada de que me utilices para cumplir tu sueño cuando tu oportunidad pasó, estás siendo injusto conmigo. Puedes seguir entrenándome, no significa dejar de practicarlo.
—Dile a tu madre cuando note mi ausencia que esto es por tu culpa.
En ese momento se dio la vuelta y se marchó, no sin antes decirme una cosa más.
— no vuelvas a jugar al fútbol, eres una deshonra para…
Una alarma comenzó a sonar.
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Todo había sido un sueño, pero a la vez fue exactamente lo que pasó aquel día. Hacía ya casi un año que se había ido y yo un tenía la misma pesadilla. Mi padre mantenía el contacto con mi madre y con Sara, pero conmigo no había hablado desde ese día en que se fue. Había dejado el deporte y había empezado con el vóley, mejoré muy rápido y ahora me habían ofrecido jugar en el “esquimo” o “las flores” que eran equipos muy buenos, pero no era lo mismo si él no estaba, además ya no podía.
Yo lloraba, no quería que él se fuera y menos por mi culpa. Había hablado con él y le había dicho que no quería jugar al futbol en el Betis, que no era ese mi sueño sino el suyo. Le dije que a mí me gustaba el vóley, que lo había jugado en el colegio y me había gustado, que quería competir en los equipos del club, pero no quería seguir con el fútbol. Cualquiera que me conozca sabe que mi padre jugó en el Betis, hasta que se lesionó y tuvo que dejarlo. Yo creo que estaba empeñado en que yo terminase lo que él había empezado porque todavía no lo había superado, porque tenía confianza en mí y tenía fe en que yo pudiese entrar, y así fue. Me llamaron e hice las pruebas, me habían aceptado, pero yo no lo quería, yo buscaba otro deporte y ya lo había encontrado.
El colegio incluso presumió de mi todo lo que pudo, igual que él. Yo sabía que mi padre me quería, pero mi duda entraba cuando también estaba el fútbol en juego. Él me había enseñado y me había querido, pero no sabía si había sido porque era su hija o porque tenía planeado mi futuro sin yo saberlo. Él se había ido y había sido por mi culpa, desde que él no está, la relación con Sara se ha enfriado. Nada es lo mimo.
Mi madre y Sara, de vez en cuando, hablaban con él y yo, yo ni si quiera pude hablar con el cuándo me ingresaron en el hospital. Cuando se fue, cambio su correo, su número de móvil, se fue de casa y yo perdí todo el contacto con él. No había forma de que pudiese hablar con él, porque ellas le tenían agregado con un nombre que yo desconocía, así que por mucho que le quitase el móvil, no sabía quién era.
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«Mamá, voy a casa de Lucía a estudiar, te llamo cuando vuelva a casa.»
Le dejé ese mensaje a mi madre y me fui de casa. Siempre que salía al parque, desde el accidente, le decía que iba con Lucía, que, claramente era una amiga de mentira. Ella leía mi mensaje y ya cuando volvía me preguntaba.
Mientras andaba de camino al parque estuve pensando. Me da miedo meter a gente en mi vida porque después duele mucho cuando se van, pero no sentí ese miedo cuando hablé con David. No sé si le volveré a ver, a lo mejor era eso, solo sé que con él era muy fácil hablar. Él era esa persona que siempre necesité, pero nunca busqué. El no menospreciaba mis problemas, me escuchaba con atención porque quería y no por compromiso, sentía que el me entendía y al no conocerle bien era más facil. No me juzgó y además me invito a jugar con sus amigos. Se portó muy bien conmigo.
Me senté en un banco y empecé a darle vueltas a la cabeza. No hablaba con Patri desde el accidente salvo la vez que se acercó. Tengo una teoría. Ninguna de ellas me vio cuando me senté apartada, obviamente, pero seguro que mirarían a David y sus amigos y se dieron cuenta de que yo estaba con ellos. A lo mejor por eso tambien estaba molesta, porque yo si había hablado con ellos. Recuerdo que me dijo que Pedro le parecía guapo. Mi pensamiento cesó cuando mi móvil vibró. Fui a mirarlo y como siempre que nos enfadábamos, consiguió amargarme el día.
«Valeria, vamos a hablar las cosas de una vez.»
Parecía que la invocaba cuando pensaba en ella, esa no fue una excepción. Sinceramente, no tenía ganas de hablar con ella así que la dejé en visto.
— Menos mal que estás, así no espero solo.
— ¡Qué susto Luis! No me hagas eso, por favor.
— Perdoooooooooón, ¿me perdonas? Si, porque tú eres buena gente, ¿verdad?
— Si, no pasa nada. ¿Traes la pelota?
— Sip, vamos a jugar un rato, los demás están por llegar.
Estuvimos jugando unos 10 minutos, después, empezaron a llegar Los demás. Cuando me vieron, no se cortaron ni un poco, se me acercaron y me saludaron como si nos conociéramos desde siempre, todos menos David, a él no le vi por ningún lado.
— ¿Sabéis si David va a venir?
— No, esta malo con fiebre, me lo dijo antes. — Pedro me dijo eso, yo, como no sabía si era verdad le escribí.
«Hola David, ¿estás bien? Me han dicho que no vas a venir.»
Ya miraría el móvil después, me fui a jugar un rato con los demás.
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Llevábamos una hora y media jugando ya, yo estaba cansada, así que fui al baño. Avisé a Luis, le dije que sí sonaba mi móvil mirase si era mi madre, y me fui al baño, me quería refrescar. Cuando llegué, Luis se acercó y me dijo que me habían escrito. Lo que no avisó es que no era mi madre solo. Cuando miré el móvil, tenía un mensaje de mi madre y dos de Patri, más el de David. Cómo no, yo miré primero el de ella.
«Valeria, no me dejes en visto»
«Respóndeme, ¿o estás muy ocupada con tus nuevos amigos? ¿Sabes qué? Que me da igual, tú y yo ya no somos amigas, o por lo menos lo parece porque ya no me hablas, vete con ellos mejor.»
Me había cansado mucho ya de sus arrebatos, estaba harta de que a la mínima se enfadase conmigo y yo no pudiese enfadarme ni una sola vez.
«Vale Patricia, adiós»
Después la bloqueé. Tambien le respondí a mi madre y le dije a David que se mejorase. Cuando levanté la vista tenía a Luis delante.
— Dos cosas: 1, ¿Patricia no era con la que discutiste el otro día? 2, ¿Estás bien?
— 1, sí, estoy enfadada con ella y se lo acabo de volver a dejar claro, 2, a estas alturas no lo se. Solo sé que estoy muy cansada, de todo.
Sin yo darme cuenta, ya me envolvía en sus brazos. Él era más alto y tenía más musculo que yo, se notaba que era más grande. Agradecí mucho ese abrazo, no sabía cuánto tiempo hacía, quitando el accidente, que alguien me abrazaba así. Tenía muchas amigas, sí, pero quitando a Paula y Tere, las demás parecían de mentira.
— De mí no vas a cansarte, estoy aquí para lo que necesites. — Entonces se separó y, mirándome con cariño, me dijo — Por cierto, ¿me apuntas tu número en el móvil? Es que David no nos lo ha pasado. Así puedo meterte en el grupo que tenemos.
— Claro, déjame tu móvil.
Le apunté mi número y cuando fui a mirar el mensaje, que me mandó para asegurarse de que el número estaba bien, me di cuenta de que no tenía batería, así que me despedí de todos y me fui corriendo a casa. Si no respondía a mi madre no le importaba tanto como que me quedase sin batería o apagase el móvil, decía que así no podía localizarme si no respondía, y yo le hacía caso.
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Esa noche me dormí pensando, no estaba dispuesta a aguantar otra vez como alguien me menospreciaba y no me respetaba como merecía. Estaba segura de que no quería volver a sentirme igual de mal, que no quería sentirme atada a nadie, así que tomé la decisión de alejarme de ella de verdad. Hablaría con la demás y se lo explicaría todo, solo para que supiesen que no quería estar con ella como amigas otra vez. Compartíamos pandilla y eso no lo podía cambiar, así que me acostumbraría a estar con ella sin tener relación y ya está. Realmente me sentí bien cuando decidí eso, me sentí en paz conmigo misma.
Puede parecer una tontería, pero cuando algo te daña así es porque lo quieres tanto que no quieres soltarlo, pero cuando lo haces duele, y mucho, pero sientes esa calma interior, esa que se siente como un nuevo capítulo.