Estaba unos tres metros, así que decidí acercarme. Me miraba con una cara que, a pesar de ser mi padre, no conseguía descifrar. No sabía que le volvería a ver y menos hoy, aunque si le estaba esperando.
— Hola papá
— Valeria, te dije que no volvieses a jugar al fútbol...
— Pero... — al igual que yo le interrumpí, el me lo hizo a mí.
— Deja que acabe. Te dije que lo olvidases, que me olvidases a mi tambien y por lo que sé, no lo has hecho.
— Veo que es mutuo. — No sabía cómo actuar, no sabía que me diría ni que haría. No quería volver a cagarla.
— A una hija no se le puede olvidar. Sara me ha dicho que siempre intentaste hablar conmigo.
— No se puede olvidar a un entrenador que me ha dedicado tanto tiempo como has hecho tu — vi que su cara se entristecía, solo por el hecho de llamarle entrenador, solo eso hizo que la primera lágrima saliera mientras todas las demás la acompañaban —, y menos a un padre. Déjame arreglar las cosas entre nosotros, no vuelvas a irte. Te necesito.
— No fui al hospital a verte, pero lo intenté. Iba tan rápido en la moto que tuve un accidente y a mi tambien me ingresaron, le dije a tu madre que no te lo contase. Quería verte, sobre todo verte jugar y ya lo he hecho.
— Cuando empecé a juagar con ellos sentí que tambien estaba contigo, que podías verme.
— Lo haces muy bien, he visto que has practicado lo que se te daba regular, me alegro de ver que has avanzado.
— Yo me alegro de que estés aquí.
— Felicidades, mi niña.
En ese instante, dio una zancada y me envolvió en sus brazos, ese que sirvió para curar todas las heridas, y que tambien me dio fuerzas para seguir adelante. Mientras me abrazaba le dije lo único que sentía en aquel momento.
— Te quiero.
— No llores, ya eres mayor para eso, eres una señorita.
— No vuelvas a irte, nunca más me dejes.
— No sabes lo que cuesta olvidarte cielo. Acuérdate de esto, todo aquel que te conozca quedará marcado y jamás podrá olvidarte.
Cuando nos separamos, me di cuenta de que el tambien tenía los ojos llorosos, pero a diferencia de mí, él tenía la cara seca. No sabía cómo decirle lo mucho que le había echado de menos, así que hice lo que se me ocurrió.
— Ven conmigo.
Fui corriendo hacia los demás y les pregunté.
— ¿Qué os parece un partido?
— Valeria, ¿Qué te pasa?
— Me pasa que vuelvo a sentirme entera Luis.
— Yo sí quiero jugar un partido — Eso lo dijo Carlos.
— Vale, mi padre y yo contra vosotros.
— ¿Ese es tu padre? Me dijiste que, ah, nada ya entiendo.
David comprendió porque estaba con los ojos llorosos, los demás decidieron unirse a la idea del partido y cuando yo se lo dije a mi padre, sentí que de verdad quería. Cuando se lesionó, fue a los 30 años, desde entonces, no ha vuelto a jugar, ni si quiera por libre. Dejó de jugar con sus amigos aun habiéndose recuperado ya, la única persona con la que ha jugado desde entonces ha sido conmigo. Cuando nací, vio una oportunidad en mí, me enseñó y jugó conmigo, yo fui esa excepción y por eso le dolió tanto que lo dejase.
🏐
Llevábamos dos horas jugando ya, era incluso casi de noche.
— Valeri.
— Dime papi. — Siempre que él me decía Valeri, yo le decía papi. Era una broma nuestra.
— Es tarde y tenemos una sorpresa para ti.
— ¿Qué es?
— Tu hermana, quería disculparse por haberse separado de ti y ha preparado, junto con tu madre, una sorpresa. Por tu cumpleaños.
— Muchas gracias.
Por detrás mía, alguien se aclaró la garganta y digamos que fue demasiado fuerte. Cuando me di la vuelta estaba Luis mirándome. Se me había olvidado mencionarles que era mi cumpleaños y que las galletas eran de eso.
— Felicidades Valeria. Un año más vieja, un año más fea.
— Oye, para decirme que soy fea me voy eh.
Nos reímos y me dio un abrazo, mientras tanto los demás se acercaron y cuando se enteraron también lo hicieron. Sin duda, era el mejor cumpleaños.
— ¡OYE, UNA COSA IMPORTANTE! — Todos se alejaron de mi por el grito que había pegado.
— Valeria, es importante que no nos dejes sordos, así no podremos escuchar tu noticia ¡IMPORTANTE!
— Perdón, bueno, os quería decir una cosa. Tengo la intención de celebrarlo la semana que viene, pero también vienen mis amigas...
— La cosa es que si queréis ir — Mi padre me interrumpió, aun que mejor, porque me daba cosa decirlo.
— Si, eso quería decir.
Todos se empezaron a reír, me alegraba que se llevasen bien con mi padre, además les habíamos ganado 9-5.
— Claro que vamos Valeria. — David respondió en nombre de todos.
— Vale, pues os añado en el grupo. Ya hablamos. — Eso último lo dije mirando a Luis.
Desde el día que David no vino, nosotros dos nos llevábamos muy bien, creo que era con el que más confianza tenía, aparte de David.
🏐
Por el camino, estuve hablando con mi padre de todo lo que habíamos hecho en el último año y como iba el comienzo de curso. Era como si nada fuese real, como si por arte de magia todo fuera un cuento de hadas. Pero algo tenía claro, lo fuese o no, iba a disfrutarlo. Nunca he sido mala persona y no entendía por qué ahora parecía que me estaban castigando.
Cuando llegamos a casa, todo estaba decorado y muy bonito. Mi madre y mi hermana nos saludaron y Sara se acercó a mi primero. Me abrazó y mientras lo hacía me dijo:
— Felicidades Valeri. — Por primera vez, desde que mi padre se fue, volvió a llamarme así.
— Gracias — Lo dije casi en un susurro, no me salía más voz que esa y tenía los ojos llenos de lágrimas, pero que, esta vez, no resbalarían por mis mejillas.
Sentía que todo volvía a su sitio, que mi vida empezaba a ir en el camino correcto. Me sentía feliz de nuevo.
🏐