Estuve toda la noche pensando en el último mensaje que me mandó Luis, no dormí más de tres horas, y en ese tiempo, soñé que hablaba con él. Si es cierto que se había convertido en alguien muy importante para mí y le quería mucho, pero tenía la duda de si era lo mismo que él pensaba. Durante la noche, miraba la hora hasta que fueron las seis de la mañana, a esa hora me levanté y me empecé a vestir.
Necesitaba salir de mi casa y hacer algo para despejar la mente, así que me di una ducha rápida y me puse ropa de correr. Cogí mis cascos y el móvil y cerré la puerta de mi casa. Fui corriendo al por el barrio y al final me aburrí de la zona, así que decidí ir al parque.
Mientras corría estuve pensando en la conversación de anoche. En mi cabeza no entraba que yo pudiera gustarle, si es verdad que me sentía muy cercana a él, pero no estaba segura de lo que quería, además, si hacía algo mal podía irse todo a la mierda. No había dormido y tampoco desayunado, por lo que me encontraba fatal. Paré en un banco y miré el móvil por primera vez desde anoche. Tenía varios mensajes, de mis amigas la mayoría, pero había uno de Luis, ese lo dejé para el final. Primero respondí al grupo de niñass que teníamos mis amigas y yo.
«Oyeeeee, mañana quedáis??»
Paula siempre preguntaba por eso el día anterior y yo siempre le decía que, si porque me encantaba salir, solo que a veces éramos solo dos o tres.
«Yo sip»
«Valeri, escribeme al priv, tenemos q hablar.»
Vi ese mensaje y me asusté un poco la verdad, pero al final, con ella podías esperar cualquier cosa y nunca acertarías. Así que le escribí.
«hola pauu, q pasa??»
«TIA»
«SE PUEDE SABER Q HAS HECHO?!»
«q he hecho de q?»
«ns, dime tu pq a luis le dio una crisis existencial a las 3 de la mañana y me llamó diciendo q no le querías»
«Q HIZO Q?!»
«tia, tienes q hablar con el, ademas, este finde celebras tu cumple y no podeis estar asi»
«vrd, ya te cuento»
Ya con ese mensaje cerré el móvil y cuando me fui a levantar, alguien se estaba acercando a mí, era él.
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Me levanté del banco y me dirigí hacia él, tenía mucho que decirle, pero no sabía cómo, no sabía cómo decirle lo que pensaba sin dañarle o sin estropear la relación que teníamos. Fueron unos pocos segundos y en esos segundos yo ya tenía pensado el que decirle, lo que no tenía en mente era lo que diría él y como me sentaría. Se le veía cansado y apagado, en sus ojos vi algo que no supe identificar. Cuando lo tuve delante ni me miró, pasó de largo y se fue con alguien que había detrás mía, no me dijo nada ni se dio la vuelta al pasar de mí. Lo único que me salió del cuerpo fue irme, me fui al campo donde mis amigas estaban y jugué durante horas con ellas para olvidarlo todo.
Al llegar a mi casa me dolía muchísimo la mano, avisé a mi madre y me fui al médico. Estuve dos horas en la sala de espera hasta que me atendieron, me dijeron que era un esguince y que esperase dos semanas en reposo con la venda. Al caminar para casa comencé a llorar, no podía estar pasándome esto a mí, no después del accidente, que ya hacían 4 meses de él. La mano me seguía molestando y esa vez me hice más daño al jugar y resulta que si había algo.
Quedaban dos calles hasta mi casa y me lo crucé. Luis volvió a pasar de largo y después escuché la primera mentira que salía de su boca.
— Oye, ¿por qué no la has saludado? — Por la voz, supe que era Pedro.
— ¿A quién?
— A Valeria Luis, ha pasado por tu lado.
— Ah, no la he visto.
Cuando escuché eso aceleré el paso, me sequé las lágrimas y seguí con mi camino hasta mi casa.
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Salía corriendo mientras las puertas estaban a punto de cerrarse, iba tarde. La gente me miraba raro, supongo que por la ropa y porque corría como si la vida me fuese en ello. En cuanto vi el colegio me hice una última carrera, la más rápida. No quería llegar tarde porque si no, el árbitro, no me dejaría entrar y eso era suficiente motivación para mí. Llevaba ya más de dos meses sin pisar un campo, sin tocar un balón. Entré en el pabellón y vi la pista, ya estaban jugando. Fui hacia el banquillo y en el trayecto parecía que me querían dar, no sé de dónde salieron todos esos balones, pero iban a por mí, todos los de la pista querían darme. Esquivé los que pude y cuando llegué al lado de mi entrenador, me dijo que llegaba tarde y entonces, lo vi todo borroso.
Me desperté y recordé que solo era un sueño. Desde que estuve en el hospital tenía pesadillas con el vóley y esa era una de las que más se repetían. No entendía por qué y tampoco se lo había dicho a nadie, solo lo ignoraba y volvía a dormirme.
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