El Último año

17. Sin retorno

«hola valeria»
«podemos hablar?»
Ese fue el mensaje que apareció en la pantalla de mi móvil después del incidente en clase, como si no hubiera pasado nada grave entre nosotros. La notificación vibró sobre la mesa, y yo me quedé mirándola un rato, incapaz de decidir si quería abrirla o no.
Era de Lucas. Lucas, mi amigo desde hacía ya dos años. Bueno… mi examigo, porque después de todo lo que pasó, ya no puedo verlo de otra manera. En el momento en el que alguien que se supone que es tu amigo piensa que eres mala persona, ese momento en el que pasa tus límites sin ningún remordimiento, ese momento en el que le importa más la opinión de otros más que tú, en ese momento dejas de considerarle un amigo.
Lo curioso es que, si alguien ajeno lo hubiera leído, habría pensado que se trataba de una simple invitación a hablar. Pero para mí, esas cinco palabras pesaban como una piedra. Llevaban detrás todo el dolor, la decepción y la sensación de traición que había ido acumulando desde que empezó aquel maldito rumor en el instituto.
🏐
Todavía me cuesta explicar por qué me dolió tanto. Supongo que tiene que ver con que, desde hacía unos años, aprendí a odiar que la gente inventara cosas sobre mí. Mi vida ya era lo suficientemente complicada como para, encima, tener que soportar historias falsas inventadas por otros. No soportaba la idea de que alguien opinara, juzgara o distorsionara lo que yo vivía sin conocer ni una mínima parte de mi verdad.
Por eso, cuando empezó a circular el rumor de que Lucas y yo estábamos saliendo, sentí que se me caía el mundo encima. No porque fuera ofensivo en sí mismo, sino porque era mentira. Y yo no estaba dispuesta a cargar con otra mentira más en mi vida.
Lo peor no fue el rumor, sino que Lucas nunca lo desmintió. Al contrario, se quedó callado, dejó que se siguiera alimentando la historia. Y cuando le pregunté por qué, entendí la verdad: él quería que fuera real. Quería que yo fuera algo más que su amiga.
El problema es que yo no sentía lo mismo. Y ese silencio suyo, ese dejar que los demás inventaran a su conveniencia, fue para mí una traición. Porque yo siempre le había dejado claro que odiaba ese tipo de cosas, que lo último que soportaría sería que alguien jugara con mi nombre, con mi vida, con lo que la gente pensaba de mí.
Y, sin embargo, lo hizo.
Por eso, cuando me llegó su mensaje de “¿podemos hablar?”, lo único que pensé fue: no, no podemos. Porque ya no había nada que arreglar, porque el mismo dejo claro que no quería acercase a mí, porque aún recuerdo ese día en el que me lo dijo.
🏐
Claro que al final nos vimos. Fue inevitable, porque él insistió y yo necesitaba soltar lo que llevaba dentro. La discusión fue cara a cara, y todavía recuerdo cada palabra como si me hubiera quedado grabada a fuego.
Nos encontramos en un banco del parque, el mismo en el que tantas veces habíamos hablado de cosas importantes. Pero esta vez todo era distinto.
—Valeria, de verdad, yo no quería que pasara así —me dijo, casi suplicando con los ojos.
Y entonces exploté. Todo lo que había contenido salió de golpe:
—¿Pero tú eres gilipollas o qué, Lucas? —le solté con rabia—. ¡Sabes perfectamente que odio que la gente se invente mi vida, que no soporto que hablen sin saber, y tú te callas! ¡Te callas, joder!
Él intentó interrumpirme, pero yo seguí:
—¿Tienes puta idea de lo que es aguantar miradas, risitas, comentarios de mierda en el pasillo? ¿Sabes cómo me sentí cuando todos iban diciendo que “Valeria y Lucas están juntos”? ¡Y tú callado, porque te convenía! Porque querías que fuera verdad, ¿no? Porque es muy divertido ver que tu sueño "se cumple" mientras que otra persona le estás haciendo daño, ¿no?
Lucas bajó la cabeza, y ese gesto me enfureció más todavía.
—Sí, quería que fuera verdad —admitió por fin, con voz temblorosa—. Porque me importas, porque me gustas… porque no eres solo una amiga para mí.
—¡Y eso ya me lo dijiste! Pero me prometiste que seríamos solo amigos, joder—grité, sintiendo las lágrimas asomar—. ¿Tan difícil era? ¿Tenías que dejar que todo el puto instituto inventara nuestra vida? Sabías que me dolería, pero aun así te dio igual ¿verdad?
Él me miró, con los ojos brillantes, y dijo:
—Valeria, me importas mucho. No quiero perderte. Eres lo más importante que tengo y solo con verte me haces sonreír. Te aprecio mucho, enserio.
Pero esas palabras ya no me servían. Porque cuando alguien de verdad no quiere perderte, no te deja sufrir en silencio para beneficio propio.
🏐
Me levanté del banco y empecé a caminar. Sentía un nudo enorme en la garganta, como si me estuviera ahogando en mis propias lágrimas. Y entonces, en medio de la calle, exploté. Lloré como hacía tiempo no lloraba, con rabia, con cansancio, con la amarga certeza de que cada vez que me acerco a alguien termino sufriendo.
Era como un patrón que se repetía: me abro, confío, me ilusiono con la idea de una amistad sincera… y al final siempre termina en decepción. Porque no hay nadie lo suficientemente bueno como para anteponerte a sí mismo, porque la rara soy yo, que sí lo hago.
Y ahí, mientras intentaba recuperar el aire, tuve una claridad brutal: no quiero volver a sufrir por nadie. No voy a permitir que nadie, por muy importante que sea para mí, tenga el poder de hacerme sentir tan pequeña, tan rota e insignificante. No pienso volver a aguantar que alguien me haga daño a costa de mis límites. Lucas los cruzó, y si me quedo, si le doy otra oportunidad, sería como decir que mis propios límites no valen nada.
Ya no se trata solo de él, sino de mí. De respetarme, de protegerme, de decidir que mi paz y mi verdad no son negociables.
Por eso, aunque duela, aunque me cueste, la respuesta es la misma de siempre:
«Ya me perdiste, Lucas.»
No, Lucas. No podemos hablar si eso implica hacerme sentir menos, si eso implica volver a olvidarme a mí misma. Porque a partir de ahora, será diferente.
Después de mandar ese mensaje, fui a mi cuaderno y escribí.
Olvídate de mí.
Estoy harta de q te enfades conmigo x cosas que hacen otros, q pagues conmigo tus problemas... Jdr, soy humana y tengo sentimientos, me duele que me hables así de mal y después quieras q seamos mejores amigos. Va a ser q no.
Me merezco q me traten bien, que me quieran y q me apoyen, si tú no estás dispuesto, otro lo hará por ti, otro ocupará tu lugar.
Creo que merezco más de lo que tú me dabas, merezco q me hablen con respeto, q confíen en mí, y tu eso no lo haces. Te pedí que me olvidaras y te dio igual. Tambien merezco que me escuchen, aunq sea un poco.
Es raro ya q, después de todo lo que hiciste para q por lo menos fuésemos amigos, te de tanto igual perderme. Me parece surrealista q alguien pueda importarte tan poco. Pero da igual.
Mejor para mí. Olvídame.
Y con eso, me despedí de el para siempre, sin vuelta atrás, porque hay personas que no merecen estar en tu vida.



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En el texto hay: adolescente, memorias, crecimiento

Editado: 12.02.2026

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