El Último año

19. Cerrando un ciclo

Ya no puedo más. No hay un puto día tranquilo. Siempre alguien se queja, siempre hay un problema, siempre algo sale mal. No hay descanso. Me paso la vida escuchando a los demás llorar por cosas que, a veces, ni siquiera son tan graves, como si el mundo se les viniera abajo por una nota, una pelea con sus padres o una discusión tonta con sus hermanos. Y mientras tanto, yo me trago lo mío, lo de ellos, todo junto… y nadie se da cuenta de que yo también estoy hecha mierda.
Me cansa que todos piensen que soy el hombro donde pueden llorar, el refugio al que acuden cuando todo les supera. ¿Y yo? ¿Quién carajo me sostiene a mí cuando no puedo más? Nadie. Estoy sola, y aun así sigo ahí, escuchando, tragándome mis ganas de gritarles que paren, que no puedo cargar con todo.
Lo peor es que mi vida se ha derrumbado más de una vez, delante de mis propios ojos, en un solo puto día. Todo lo que me costó años construir se me fue al carajo en cuestión de horas, y tuve que levantarme de entre los escombros como si nada. Mientras tanto, la gente sigue quejándose de cosas que, comparadas, parecen una broma. Y no digo que sus problemas no importen, pero joder, los míos también existen, y son igual de reales, aunque no los ande gritando.
La diferencia es que yo no me arrastro llorando por ahí. Yo también me quiebro, pero sonrío igual, porque no me queda otra. Aunque todo se caiga a pedazos, aunque arda todo a mi alrededor, me vuelvo a levantar. Lo reconstruyo todo, aunque sea sola, aunque me duela. Pero de verdad, estoy cansada. No sé cuánto más puedo aguantar.
Solo quiero que las cosas se hagan un poco más fáciles, aunque sea por un rato. Que la gente deje de darme la espalda cuando más necesito que se queden. No quiero seguir siendo siempre la fuerte, la que escucha, la que aguanta, mientras por dentro me estoy rompiendo. Quiero ser feliz, y ya. No debería sonar tan difícil, pero parece que lo es.
🏐
Cuando tu mejor amiga se va, no se olvida en un minuto. No es algo que se pase rápido, es un golpe que cuesta digerir y que no sé cómo manejar. Ahora mismo siento que la odio. El odio porque me ilusioné a su lado, porque mientras yo imaginaba un futuro juntas, ella ya lo estaba buscando con otra persona. El odio porque me mintió, me engañó y me dejó de lado justo cuando más la necesitaba. El odio por haberse enfadado conmigo simplemente por no estar bien, por reprocharme que la necesitara, como si pedir apoyo fuera un pecado.
El odio porque fue egoísta, porque estuvo tan centrada en sí misma que ni siquiera se dio cuenta de que yo, su mejor amiga, estaba al límite, a punto de rendirme del todo. El odio porque no me quiso como yo de verdad me merecía. Y lo peor es que, a pesar de todo, todavía me duele quererla.
Patri, Paula, Lucas… ahora también Luis, que ni siquiera me mira. ¿Quién será el próximo en irse? ¿Cuántas veces más tengo que perder a la gente a la que me entrego por completo?
🏐
¿Y qué pasa cuando ya no sientes nada? ¿Qué se supone que hay que hacer cuando estás tan cansada que, al intentar sonreír, lo único que consigues es que se te llenen los ojos de lágrimas? Al final da igual lamentarse, llorar o gritar, porque nada cambia. Solo queda seguir adelante, aunque duela, aunque no quieras, con la esperanza de que, tarde o temprano, lo malo se diluya y puedas fingir que nada pasó.
Y como siempre, me toca sacar el cuaderno. Escribir lo que nunca digo, lo que me trago en silencio, lo que quisiera soltarle a la gente en la cara, pero al final siempre me contengo. Escribir se convierte en mi forma de gritar sin hacer ruido, en mi manera de no romperme del todo. Porque, aunque no me escuchen, aunque nadie lo lea, al menos aquí puedo ser sincera.
Y mientras le escribo a Patri, lloro como una cría pequeña, sin poder parar, como un río desbordado que no deja de fluir. Me siento ridícula, vulnerable, pero al mismo tiempo es lo único que puedo hacer: soltar todo lo que llevo guardado. Y entonces me doy cuenta… ahora toca escribirle a Paula.

Patricia:
Se acabó. Después de tantas cosas que vivimos, de tantos momentos que compartimos, terminar así parece casi irónico. Me quedo con mucho que nunca dije, con palabras que se me quedaron atravesadas, con sentimientos que al final solo me hicieron daño. No puedo negar que fuiste una persona importante en mi vida, y quiero quedarme con lo bueno, pero me cuesta demasiado después de la última vez que nos vimos.
Durante años pensé más en ti que en mí. Me olvidé de lo que yo quería, de lo que yo necesitaba, solo porque tenía miedo a perderte. Te quise, y en ese cariño me perdí a mí misma. Pero una relación sana no es eso, no debería serlo nunca. Si de verdad me hubieras valorado, si en serio te hubiese importado lo que teníamos, habrías encontrado la forma de demostrarlo.
Lo que siento ahora ya no es solo enfado; es rechazo, tristeza, culpa… Siempre me sentí mal a tu lado, como si nunca fuera suficiente, como si todo lo que hacía se quedara corto. Y aun así tragué, aguanté, callé.
Pero luego vienes, hija de la gran puta, a decirme que no tengo derecho a enfadarme, a tratarme como si fuera igual de mierda que tú, a querer decidir quién puede o no ser parte de mi vida. ¿Quién carajo te crees?
Escúchame bien: no vuelvas a hablarme, no vuelvas a acercarte a mí. No quiero parecerme a ti en nada, y ten por seguro que no te quiero a mi lado. Lo nuestro terminó, y no pienso mirar atrás.
Adiós, Patricia.

Paula:
Gracias por haber estado conmigo todos estos años, por hacerme sentir que alguien, al menos por un tiempo, me elegía a mí. No voy a negar lo bueno, porque existió y me marcó, pero tampoco puedo dejar de lado lo malo, porque fue lo que terminó pesando más.
Te juro que algún día lo voy a conseguir. Algún día estaré jugando, cumpliendo mis metas, y tú no estarás en las gradas como antes, animándome. Te enterarás por casualidad, tal vez por una amiga en común, de que lo logré sin ti. Y ese día sabrás que no me hiciste falta, que no fuiste necesaria, que ya no eres nada mío. Solo quedarás como el recuerdo de una niña que creí conocer, pero que ahora mismo odio con todo lo que tengo dentro.
Vive tu vida, Paula, y déjame vivir la mía. No vuelvas. No intentes regresar porque, si lo haces, te devolveré cada herida que me dejaste, y más. No quiero más excusas, no quiero más promesas vacías, no quiero más de ti.
Lo juro: tienes un billete reservado solo para ti, con destino directo a la mierda. Y cuando estés en camino, hazme un favor: asegúrate de olvidarme.
🏐
Hay momentos en la vida en los que te das cuenta de que aferrarte solo te lastima. Que insistir en mantener cosas que ya no funcionan solo te desgasta. Este capítulo no es sobre venganza ni rencor; es sobre cerrar lo que duele, soltar lo que ya no me pertenece y aprender a seguir, aunque duela. Hoy pongo palabras a lo que siento, escribo para cerrar un ciclo que llevaba demasiado tiempo abierto.
Hay veces que solo se trata de decir adiós.



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En el texto hay: adolescente, memorias, crecimiento

Editado: 12.02.2026

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