El Último Baile

Capítulo 16- Una puerta que no se abre

Camille no creía en las casualidades.

Creía en la información, en los contactos, en llegar primero. Y Julien Beaumont era, desde su punto de vista, una oportunidad demasiado evidente como para ignorarla.

El evento era pequeño, discreto, de esos donde las personas importantes fingían no serlo. Camille llegó sola, vestida con precisión quirúrgica: elegante, medida, imposible de ignorar.

No tardó en verlo.

Julien conversaba con dos conocidos cuando ella se acercó con una sonrisa ensayada.

—Julien Beaumont —dijo—. Qué coincidencia.

Él giró, educado.
—Camille, ¿verdad?

Ella sonrió con satisfacción.
—Veo que Élise no exageraba cuando hablaba de ti.

Julien levantó una ceja.
—No suelo ser tema de conversación familiar.

Camille rió suavemente.
—Ella tiende a dramatizar.

Julien no respondió. La observó con calma, como quien ya ha entendido el juego.

—¿Te gustaría tomar algo? —propuso Camille—. Podríamos hablar con más tranquilidad.

Julien dudó apenas un segundo. No por interés. Por claridad.

—De acuerdo —aceptó—. Pero solo un momento.

Se alejaron del grupo. Camille cruzó la pierna con elegancia calculada.

—Élise está pasando por una etapa —dijo—. Siempre fue... impulsiva.

Julien la miró fijamente.
—No es la palabra que usaría.

Camille inclinó la cabeza, bajando la voz.
—Somos muy distintas. Ella necesita que la guíen. Yo sé moverme en este mundo.

Julien apoyó la copa sobre la mesa sin beber.

—Y aun así —dijo— no es contigo con quien quiero estar.

La sonrisa de Camille se tensó.
—Julien, no tienes por qué elegir todavía.

—Sí la tengo —respondió él, tranquilo—. Y ya elegí.

Camille lo miró, incrédula.
—¿Por ella?

—Por mí —corrigió—. Ella solo me recordó cómo se siente.

El silencio cayó como una sentencia.

Camille se recompuso rápido.
—Ten cuidado —advirtió—. Élise no pertenece a este mundo.

Julien sostuvo su mirada sin parpadear.
—Por eso lo está cambiando.

Se levantó sin esperar respuesta.

Élise estaba sentada en el borde del balcón cuando Julien regresó esa noche. Lo vio acercarse y supo, sin preguntar, que algo había pasado.

—Camille —dijo él antes de que ella hablara.

Élise cerró los ojos.
—Lo intentó.

Julien asintió.
—No fue incómodo. Fue innecesario.

Ella lo miró, buscando algo. Tal vez duda. Tal vez distancia.

No encontró ninguna.

—No tienes que defenderme —dijo Élise.

Julien se acercó un poco más.
—No lo hice. Me posicioné.

El aire entre ellos cambió. Ya no era refugio. Era tensión viva.

—Eso... —susurró Élise— lo cambia todo.

Julien sonrió, despacio.
—Lo sé.

No se tocaron.
No fue necesario.

Camille había intentado abrir una puerta.

Julien la había cerrado sin violencia.

Y Élise, por primera vez, supo que no estaba sola...
ni necesitaba ser rescatada.




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