El Último Baile

Capítulo 18 - Después de cruzar la línea

El beso no terminó esa noche.

Se quedó.

En la forma en que Élise no pudo dormir.
En cómo Julien se quedó más tiempo del que había planeado.
En el silencio nuevo que ya no era incertidumbre… sino algo más intenso.

Élise despertó temprano, pero no por costumbre.

Se quedó mirando el techo, repasando cada segundo de la noche anterior. El calor en su pecho no era miedo. Era algo más peligroso.

Esperanza.

Se incorporó lentamente y tocó sus labios sin darse cuenta.

—Esto es real —susurró.

Y ahí estaba el problema.

Julien, en cambio, no necesitó pensarlo demasiado.

Desde el momento en que salió del departamento, lo supo: no había vuelta atrás.

Pero tampoco había prisa.

No quería apresurar algo que había nacido con tanto cuidado.

Cuando se encontraron esa tarde, algo había cambiado.

No se saludaron como antes.
No hubo distancia natural.

Había conciencia.

—Hola —dijo Élise, con una leve sonrisa.

—Hola —respondió Julien, observándola un segundo más de lo habitual.

El silencio entre ellos ya no era neutral. Era eléctrico.

—¿Te arrepientes? —preguntó ella de pronto.

Julien negó sin dudar.
—No.

—Yo tampoco —admitió Élise.

Pero sus manos estaban tensas.

Julien lo notó.
—Pero…

Ella suspiró.
—Pero ahora es más real. Y lo real… puede romperse.

Julien dio un paso más cerca.
—También puede quedarse.

Mientras tanto, Camille no estaba dispuesta a perder.

Sentada frente a su madre, con una copa en la mano, hablaba con una calma peligrosa.

—Ella no va a volver —dijo.

Madeleine la miró, fría.
—Entonces habrá que recordarle lo que pierde.

Camille sonrió lentamente.
—O mostrarle lo que puede perder ahora.

—¿Él? —preguntó Madeleine.

—Exacto.

El juego había cambiado.

Y ellas también.

Esa noche, Élise abrió el sobre una vez más.

El pequeño estudio.
El nuevo trabajo.
La posibilidad de una vida que no dependiera de nadie.

Y ahora… Julien.

Por primera vez, la elección no era entre bueno y malo.

Era entre seguro
y verdadero.

Cerró los ojos.

—No quiero volver a sobrevivir —susurró—. Quiero vivir.

Cuando levantó la mirada, Julien estaba observándola.

No dijo nada.

No preguntó.

Solo esperó.

Y Élise entendió algo importante:

Esta vez, la decisión no era sobre huir…
sino sobre quedarse, incluso cuando daba miedo.




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