El último segundo

Capitulo 1.3

Se acerca con el vaso en la mano y, por un segundo, creo que va a sentarse lejos. Pero no. Elige la silla frente a mí, dejando un asiento vacío entre los dos. Una distancia prudente.

Huelo el café recién hecho.

—Es una mala máquina —añade, como si necesitara justificar su presencia.

—Es un mal hospital para tener paciencia —respondo.

No sé por qué digo eso. Tal vez porque aquí la paciencia no sirve de nada.

Me observa un segundo más de lo necesario.

—¿Familiar? —pregunta.

Asiento.

—Mi hermana.

No digo más. No quiero decir “coma”. No quiero decir “no despierta”. Las palabras, cuando se pronuncian, pesan el doble.

Él baja la mirada al café.

—Lo siento.

Y lo dice sin lástima. Solo como un hecho.

—¿Y tú? —pregunto.

Duda apenas un segundo.

—Mi padre está ingresado.

Algo en su voz cambia. Es mínimo, pero existe. Una tensión casi invisible.

—¿Grave?

Aprieta el vaso un poco más de lo necesario.

—Depende del día.

No insiste. No da detalles. Tampoco yo.

—Trabajo aquí —añade después—. Paramédico.

Ahora entiendo la forma en que se mueve. La quietud entrenada. El cuerpo preparado para reaccionar en cualquier momento.




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