El último segundo

Capitulo 20

Corro.

No porque crea que puedo cambiar algo.

Corro porque todavía no acepto que ya pasó.

El pasillo se estira frente a mí como aquella carretera. Blanco. Interminable. Irreal. Cada paso retumba con un eco metálico que no existe aquí, pero que mi memoria no deja de repetir.

La sala de espera aparece.

Y él está allí.

Adrián.

Sentado. Inclinado hacia adelante. Las manos unidas. Los ojos bajos, como si todavía estuviera contando segundos para no decir algo de lo que pudiera arrepentirse.

Uno.

Dos.

Tres.

Levanta la mirada cuando me detengo frente a él.

Y sonríe.

Dios.

Sonríe.

Como si nada hubiera pasado.

Como si el mundo no se hubiera partido en dos. Como si no hubiera un coche detenido para siempre en mitad de una curva que no supimos doblar.

—Pensé que no vendrías —dice.

Su voz es la misma. Cálida. Contenida. Esa voz que siempre parecía sostener el caos cuando yo no podía. Yo ya no puedo sostener nada. Porque lo recuerdo todo.

La noche.

El silencio denso dentro del coche.

Su respiración pesada.

—No sé si volver fue lo correcto.

Lo dijo sin mirarme. Y yo… yo quería herirlo. Quería que dudara. Quería que sintiera el peso de haber regresado por mí.

—Entonces ojalá no lo hubieras hecho.

Nunca escuché el golpe. Escuché el vacío.

Vuelvo a mirarlo ahora. Está de pie frente a mí. Tan cerca que podría tocarlo. Pero no lo hago. Porque ya sé. Yo desperté. Él no.

—¿Qué fue lo último que dijiste? —me pregunta otra vez.

No hay reproche en su voz. Solo una necesidad que me rompe por dentro. Trago saliva.

—Nada importante —miento.

Porque si lo digo en voz alta, lo pierdo otra vez. L

a sala empieza a deshacerse.

Las paredes se vuelven traslúcidas.

El reloj se queda sin números.

El aire pesa.

Él da un paso hacia mí.

—No fue tu intención.

No sabe. No sabe que esas fueron mis últimas palabras antes de que todo se apagara.

No sabe que, mientras él giraba el volante, yo todavía estaba enfadada.

No sabe que su última decisión fue intentar volver por mí.

Extiendo la mano. Esta vez lo toco. O creo que lo toco.

Su piel es tibia. Real. Sus dedos se cierran alrededor de los míos como si siempre hubieran pertenecido allí. Y por un segundo —solo uno— pienso que tal vez podemos quedarnos así. Suspendidos. Sin impacto. Sin culpa. Sin hospitales.

Las voces comienzan a filtrarse como agua rompiendo una puerta.

—¡Está reaccionando! —¡Valeria, mírame!

Mi cuerpo pesa. Mi pecho arde.

Hay algo tirando de mí hacia atrás, hacia la luz brutal de un lugar donde los milagros llegan incompletos. Adrián me mira distinto ahora. Como si empezara a entender.

—Valeria… —dice mi nombre con esa calma que siempre usaba cuando yo estaba a punto de romperme—. No te quedes conmigo.

Niega suavemente con la cabeza.

Yo sí entiendo. Si me quedo aquí… él deja de existir del todo. Si vuelvo… lo dejo atrás. Mis dedos se aferran a los suyos con desesperación infantil.

—Quédate —susurro.

No sé si se lo digo a él. O a mí.

Sus manos empiezan a deslizarse.

No porque quiera soltarse. Sino porque algo más fuerte que nosotros está decidiendo.

—No fue tu intención —repite.

Y por primera vez siento que el perdón duele más que la culpa.

El espacio entre nosotros se llena de luz. Una luz cruel. Definitiva.

Intento decirle que lo siento.

Intento decirle que siempre quise que volviera.

Intento decirle que, si pudiera elegir otra vez, callaría.

Lo abrazaría. Haría que el coche se detuviera antes de la curva. Pero el último segundo no negocia.

Sus dedos se escapan. Su silueta se vuelve transparente.

Y mientras su imagen se rompe como vidrio bajo el agua, lo último que veo es su boca formando mi nombre. Valeria. Luego nada. Aire entrando a mis pulmones como una herida.

Un techo blanco. Una máscara de oxígeno. Voces reales. Giro la cabeza con el corazón desbocado.

La silla de la sala de espera está vacía. Y aunque sé que desperté… …nunca supe si él alcanzó a escuchar lo que iba a decirle.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.