El universo de un buen padre

5. Lo bueno es que se casan por amor

La serpentina dorada volaba por los aires. Los flashes de las cámaras fotográficas añadían brillos a los papelitos que giraban alrededor de ellos. Las copas de cristal chocaban entre sí para brindar y dejaban escapar algunas gotas de champagne con el movimiento. La música estaba a un volumen tan alto que debían gritar para hacerse escuchar y las sombras sólo se rompían con las luces psicodélicas que se movían al ritmo de la canción.

Jessie y Mason eran el centro de todas esas fotografías. Ella cautivando con su elegancia y sonrisas bien ensayadas. Él en su papel de misterioso y reservado. Juntos eran la combinación perfecta, el noviazgo más querido por los medios de comunicación y admiradores.

Las amigas de Jessie se habían colocado sus antifaces dorados con los que la actriz les había pedido que fueran sus damas de honor; no paraban de hacerse fotografías. Algunas se colgaban del brazo de Mason, siempre era así y él se había acostumbrado; suponía que Jessie tenía pocas amigas verdaderas y en ese grupito dudaba que hubiera más de una que pudiera ostentar el título.

Mason quería unirse a la celebración. No tenía el más mínimo interés en la boda y ya tampoco bebía alcohol, pero amaba una buena salida con los amigos donde podía olvidarse un rato de su realidad con pláticas sin sentido y burlándose de los otros borrachos. No obstante, no lograba concentrarse en sus amigos, su mente regresaba a Vivian.

Su celular por fin recibió un mensaje. Había preguntado cómo se encontraba la bebé, pero Corina se demoró en responder.

Corina: Perdón, la estaba recostando. Ella está bien, ya comió y se encuentra durmiendo.

El mensaje iba acompañado de una fotografía de la «bodoque». Mason no controló la sonrisa en su rostro.

Mason: Aprovecha dormir. Ava me recomendó dormir cada vez que la bebé lo hiciera.

Corina: Eso haré, ¿cómo les va a ustedes?

Mason: ¿No has visto las redes sociales? Ya tenemos a las damas de honor.

Corina: No he tenido ni tiempo de agarrar el celular.

Mason: Un día serás una buena madre.

Corina: Eso espero.

Ambos esbozaron una sonrisa a la pantalla.

Mason: No creo que tardemos mucho aquí.

Corina: Diviértanse, no te preocupes.

Mason no encontró qué más decir y decidió guardar el celular. Debería ya estar durmiendo, pues por la mañana le harían la prueba de ADN y, en unos cuántos días, podría saber si Vivian era en verdad su hija. Ya había pensado apoyar a la madre sin importar si la bodoque era o no suya, pero… ¿y si en verdad era padre? Quiso beber un tequila sólo para pasar el incómodo nudo que se formó en su garganta.

—¡Foto! —chilló Jessie y se dejó caer en el regazo de su prometido—. ¡Sonríe!

Mason no reaccionó.

—Deberíamos irnos pronto, Jess. Tengo un compromiso por la mañana.

La chica frunció el entrecejo.

—Pero si es temprano.

—Ya pasa de medianoche…

—¿Y desde cuándo eso importa? —espetó la rubia—. No me digas que es por la máquina de popo que está en el departamento…

Mason la empujó de su regazo, aquel comentario no le gustó.

—Tiene nombre, es Vivian.

—Lo que sea —silbó Jessie—. No me iré temprano sólo por eso.

—Pues no te vayas —concordó él—. Quédate aquí con tus amigas estúpidas, me largo.

—Pues lárgate, no te necesito.

Mason se incorporó y, sin decir más, se marchó. Jessie permaneció con los brazos cruzados en espera de que volviera para disculparse, pero eso no sucedió.

Mason atravesó la entrada principal y regresó a casa donde unos pequeños ojos, iguales a los suyos, lo esperaban.

♥︎

Corina descansaba en el cuarto de invitados cuando Mason llegó al departamento. No la despertó, él mismo había experimentado lo agotador que era cuidar un bebé, así que la dejó dormir. En lugar de eso se asomó en la habitación improvisada para Vivian y, en el acto, se sintió mal.

Ese no era un cuarto para un bebé. Las compras continuaban en sus bolsas, no había dónde guardar la ropa. La carriola estaba en un rincón al lado de la bañera. Vivian quizá no era su hija, pero no podía ser tan cruel para tenerla en esas condiciones.

Avanzó con paso sigiloso hasta la cuna, se asomó y se topó con la sonrisa de la pequeña. La bebé se estaba estirando, sus manos estaban por arriba de su cabeza y sus diminutas piernas flexionadas. Emitió un ligero balbuceo al verlo y volvió a juntar sus ojitos mientras trataba de verlo mejor.

Mason quiso sacarla de la cuna y abrazarla, pero no sabía cómo hacerlo sin supervisión. Ava y Corina le habían explicado, ¿podría hacerlo?

Él quería intentarlo.

Primero fue a lavarse las manos y a quitarse la chaqueta, luego regresó a la habitación donde Vivian continuaba esperándolo con los ojitos muy abiertos.




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