El universo de un buen padre

9. Razones para casarse

—Ian, ¿quién se llama así? —espetó Mason y lanzó el dardo hacia la diana, se clavó cerca del centro.

—¿Qué tiene  de malo el nombre? —Mark estaba recargado en la pared de la bodega que ahora contenía todas las cosas que estaban en la habitación de los videojuegos. 

—¡Es ridículo! 

Mason retiró el dardo de la diana, se alejó y volvió a arrojarlo, esa vez dio al centro.

—¿Por qué sería ridículo el nombre de Ian?

—Parece un gemido, no un nombre.

Mark enarcó una ceja. 

—¿En serio piensas eso?

—Por supuesto que sí.

Mason volvió a retirar el dardo, sabía que tenía más en algún sitio, pero no recordaba dónde y la bodega era un desastre como para buscarlos.

—Mi padre se llama Ian —confesó Mark. Mason se quedó estático a mitad de su recorrido hacia su puesto de lanzamiento, estaba mudo—. Ahora cuando hable con él me costará no imaginar que su nombre es un gemido.

—Mark… —empezó Mason.

—Está bien —interrumpió Mark con el aplomo que lo caracterizaba—. Comprendo que los celos hacen decir muchas tonterías.

El guardaespaldas salió de la bodega sin dar oportunidad a que Mason formulara una contestación; éste necesitó un par de segundos para mover las piernas y salir en busca de Mark.

—¿Celos? No sé de qué hablas —dijo Mason mientras seguía al guardaespaldas hasta la cocina—. No siento celos por los compañeros de actuación de Jessie.

Era obvio que se refería a eso, ¿no? Apenas la noche anterior había salido al aire el capítulo de la semana de la serie de televisión donde Jessie era la protagonista. En ese episodio tenía una escena muy romántica con su compañero de reparto.

—Yo sé que no es por Jessie —sonrió Mark al tiempo en que abría el refrigerador y sacaba una cerveza, eran light como las que tomaba la actriz. El guardaespaldas hizo un gesto desagradable al percibir el sabor, pero no tenía opción—. Creo que nunca has sentido celos por algo que haga Jessie.

—Claro que sí —titubeó Mason, era verdad, ¿no? Trató de recordar su última escena de celos, pero estaba en blanco—. Estoy seguro que sí.

Mark bebió un rato más de su cerveza y dijo.

—¿Ya no bebes alcohol tampoco?

—No, me mantengo limpio de todo.

—Qué bueno, es importante ahora que tienes una hija. —Mark señaló la habitación con la puerta entreabierta donde descansaba Vivian—. Tienes que ser más responsable y maduro.

—Lo soy.

—Sentir celos por las citas de la niñera no habla de mucha madurez, Mason.

Mark esbozó una sonrisa autosuficiente mientras las neuronas de Mason explotaban de la pura vergüenza. El guardaespaldas dejó su cerveza en la encimera de la cocina y se dirigió a la habitación de Vivian.

Mason necesitó otro par de segundos para reaccionar, aunque esta vez se detuvo en la puerta antes de entrar. Mark comprobaba que Vivian continuara durmiendo tranquila, había pasado por una crisis de llanto en la que, sino fuera por el guardaespaldas, Mason estaba seguro de que la pequeña seguiría llorando. Se aterraba sólo de pensar que podría estar sola con él, ¿qué haría en ese caso?

—No siento celos por las citas de Corina. —susurró Mason cuando llegó al lado de Mark—. Corina puede salir con quien quiera.

—Obvio que sí, es soltera.

—Ajá.

—¿Y su cita es hoy?

—Ajá…

Mark entrecerró los ojos y analizó el rostro pálido de Mason o, mejor dicho, el rostro normalmente pálido que en esos momentos lucía sonrojado.

—¿Cómo van los preparativos de tu boda? —inquirió Mark también en un susurro y señaló hacia la puerta. Ambos salieron de la habitación antes de que Mason contestara.

—Bien. Hemos tenido algunas citas con los planeadores de la boda y creo que todo marcha a la perfección.

—¿Listo para ese «sí, acepto»?

—Claro… 

Mark rio por lo bajo y meneó la cabeza.

—Estás a tiempo de cancelarlo, Mason.

—No, no puedo hacer eso —liberó el músico y su cuerpo pareció desinflarse con cada palabra—. Destruiría a Jessie y suficiente daño le he hecho.

—Entonces pretendes seguirla dañando con un matrimonio sin amor.

—La quiero, Mark, no es sin amor —contradijo Mason y lanzó una mirada de soslayo a la habitación—. Me ha soportado tantas cosas…

—El matrimonio no es para dar un agradecimiento.

—Lo sé…

—Ella también merece a alguien que anhele de igual forma casarse.

—Jessie no quiere hijos…

Mark miró hacia la habitación de Vivian.

—Oh…

—Pero entiende y respeta mi trabajo.

Mark asintió. La vida de un músico era complicada y para nada como proyectaban en las redes sociales. Podían pasar meses separados de sus parejas y basar toda su relación en videollamadas, no todos soportaban eso.




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