El universo de un buen padre

10. Una oportunidad para bailar

Mason percibía igual el sabor de todos los pasteles, sólo fingía que uno le gustaba más que el otro de acuerdo con lo que opinaba Jessie. El único sabor de pastel que él disfrutaba era el de chocolate y su prometida había dejado muy claro que no tendrían un pastel de boda con dicho sabor.

—Yo creo que este es el indicado, ¿qué opinas? —preguntó Jessie y tomó un bocadito del pastel que sostenía en un plato—. Es el que me ha gustado más que los otros.

—¿Sí?

—Sí, pruébalo.

Y Mason lo hizo, pero tampoco lo encontró diferente a los otros quince que habían probado; todos tenían algo de vainilla y a Mason no le gustaba la vainilla. 

«Mi vida es una tragicomedia», pensó él mientras su prometida hablaba con la planeadora de bodas.

—Eligieron el de vainilla con nueces, excelente opción —halagó la mujer que les estaba cobrando casi el aire que respiraban por organizar la boda—. ¿Desean tener un segundo pastel?

—¿Eso se puede? —preguntó Jessie con tono maravillado.

—Claro.

—¡Tenemos que volver a probar todos! —exclamó la futura novia y corrió al inicio de la larga mesa donde estaba estibados los platos con rebanadas de pastel.

Mason suspiró hondo y miró hacia el techo. No se sentía capaz de volver a comer tanta vainilla.

—Me encanta la pareja que hacen —señalo la organizadora.

—Gracias —murmuró Mason.

Jessie ya se encontraba lejos probando los pasteles de nuevo.

—No todos los novios consienten tanto a su prometida.

—Qué mal, debería ser así…

Mason hacía todo por culpa, pero sabía que si estuviera verdaderamente enamorado sería muchísimo más complaciente con su futura esposa. Era algo que ya no viviría, empezaba asimilarlo, aunque eso no le quitaba el sabor amargo de la boca; sólo por aquello decidió dar otro bocado al pastel que sostenía.

—Y a mí me encanta consentir a esos prometidos que están estresados por la organización de la boda.

Mason demoró unos segundos en comprender, lo hizo hasta que la mujer le anotó su número personal del celular en su tarjeta de presentación y la deslizó en el bolsillo de su pantalón rojo. Entonces ella se despidió con un guiño coqueto y se marchó hacia donde se encontraba Jessie.

El músico ni se tomó la molestia de mirar la tarjeta, sólo dejó el plato en la mesa y salió del lugar.

—¿No elegirás el segundo pastel? —preguntó Jessie, levantando un poco la voz, mientras Mason atravesaba la puerta.

—Confío en tu elección —contestó él a lo lejos.

La exclusiva repostería donde se encontraban contaba con un jardín en medio de los enormes edificios de Manhattan. El aire fresco espabiló a Mason. Recordaba a la perfección que tiempo atrás no habría dudado en llamar a esa mujer sin importar si estaba con Jessie o con alguien más, pero el Mason del presente sólo quería saber cómo se encontraba Vivian y Corina.

Era sábado. Corina sólo tenía un par de clases por la mañana y, a esa hora cuando ya pasaba del mediodía, ya debería estar en casa con Vivian. La enfermera que los ayudaba sólo iba por unas horas en lo que la melliza llegaba, en ella recaía mayor responsabilidad.

Mason llamó a la chica, pero su primera llamada pasó directo al buzón de voz. Corina contestó hasta la segunda vez.

—Hola —saludó ella en tono muy bajo—. Perdón. Estaba en el cuarto con Vivian.

—No pasa nada, ¿cómo está?

—Inquieta…

—Sigue extrañando a su mamá…

—Creo que así será por mucho tiempo, al menos que ella regrese pronto, ¿crees que lo haga?

—No lo sé, eso espero…

—¿Y si contactas a tu tía? La abuela de Vivian… 

Mason tenía el número telefónico de la mujer, pero le había pedido que sólo la llamara en caso de emergencia. Temía que tuvieran interferida su línea telefónica y así dieran con el paradero de Vivian.

«Ella estará escondida a plena vista», señaló la abuela. Y era verdad, ya había algunas fotografías en internet de Mason comprando ropa de bebé para su sobrina.

—Lo intentaré. —Trató de que su voz no demostrara la duda, no lo consiguió—. ¿Crees que Vivian esté lista para acompañarnos al rato?

—Es probable. Ya tiene un rato durmiendo, ¿ya casi terminan ahí?

—Sí, Jessie está escogiendo el segundo pastel para la boda y… —Mason calló. Sintió que no era adecuado hablar de esas cosas con Corina, mas no sabía por qué—. Te llamo cuando termine.

—De acuerdo.

La llamada terminó, pero Mason permaneció un momento más contemplando la pantalla de su celular. 

Nunca había mirado a Corina como algo más que la cuñada de Ava, incluso dudaba que pudiera llamarla «amiga», pero en esos escasos días había despertado mucha curiosidad en el chico. Recordaba algunas cosas que Callum le había contado, como que amaba la danza, pero la abandonó desde niña porque sus padres no podían costear las clases y las mellizas decidieron estudiar carreras universitarias «normales»




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