No todas las historias comienzan con un encuentro.
Algunas empiezan con una coincidencia.
Hay conexiones que no nacen del amor ni del afecto, sino de algo más preciso: el instante exacto en que dos cuerpos, dos voluntades, dos silencios responden al mismo ritmo. No buscan permanecer. No prometen repetirse. Solo ocurren.
Este no es un relato sobre amar, ni sobre perder.
Es sobre reconocer algo que sucede una sola vez y, aun así, deja huella.
Como un vals que solo unos pocos saben escuchar.
Como dos cisnes que se cruzan bajo la luna y continúan su camino.