Alondra despertó de golpe su respiración era agitada y una fina capa de sudor cubría su frente. Durante varios segundos permaneció inmóvil, observando el techo de su habitación mientras intentaba recuperar la calma.
Otra vez ese sueño.
Siempre el mismo.
Un campo cubierto de flores marchitas.
Una voz que no lograba entender.
Y aquel chico Siempre aquel chico Alondra cerró los ojos y se frotó el rostro con ambas manos.
—Ya estoy cansada de esto... —murmuró.
Se incorporó lentamente y lanzó una mirada a la habitación que compartía dentro de la facultad de danza. La luz de la mañana entraba por la ventana, iluminando las paredes decoradas con fotografías, recuerdos y apuntes de clases.
Tras un largo suspiro, se levantó de la cama se acercó al espejo que colgaba junto al armario y observó su reflejo su cabello estaba desordenado por el sueño y sus ojos mostraban señales evidentes de cansancio, pero no era eso lo que llamaba su atención era aquel recuerdo la imagen del muchacho que aparecía una y otra vez en sus sueños no podía distinguir con claridad su rostro sin embargo, cada vez que despertaba sentía una extraña nostalgia como si hubiera perdido algo importante como si hubiera olvidado a alguien.
—¿Quién eres? —susurró observando su reflejo.
—¡Alondra!
La voz de Alison la sacó de sus pensamientos.
—¡El desayuno está listo!
—¡Ya voy!
Alondra terminó de arreglarse y salió de la habitación en la pequeña cocina del dormitorio estudiantil encontró a su mejor amiga colocando dos platos sobre la mesa Alison era hermosa su cabello color café claro caía sobre sus hombros en suaves ondas y sus ojos negros siempre parecían transmitir tranquilidad. Poseía rasgos delicados, una figura llamativa y una elegancia natural que atraía miradas dondequiera que fuera a diferencia de ella, alondra tenía una apariencia más sencilla no llamaba tanto la atención por sus curvas como Alison, pero era bonita a su manera y poseía una sonrisa capaz de iluminar cualquier lugar.
—Gracias por el desayuno —dijo tomando asiento.
—De nada. Algún día tendrás que cocinar tú.
—Ese día no llegará jamás.
Alison soltó una carcajada las dos comenzaron a comer mientras conversaban sobre las clases, los exámenes y los planes para el verano.
—Por cierto —dijo Alison de pronto—. Hay una fiesta esta noche.
Alondra levantó una ceja.
—¿Otra?
—Claro que sí.
—No sé...
—¿No sabes?
—No tengo mucho ánimo hoy.
Alison hizo un exagerado puchero.
—Vamos, Alondra. Llevas días encerrada pensando quién sabe en qué.
—Estoy bien.
—Mentira.
Alondra rodó los ojos.
—¿Y si simplemente no quiero ir?
—Entonces te obligaré.
—Eso suena ilegal.
—Y aun así funcionará.
Las dos terminaron riendo pocos minutos después miraron la hora y casi saltaron de sus asientos.
—¡Llegaremos tarde!
Salieron corriendo del dormitorio mientras intentaban terminar el desayuno.
El resto del día transcurrió entre clases, ensayos, entrenamientos y profesores exigentes cuando finalmente regresó a su habitación, alondra sintió que las piernas iban a rendirse en cualquier momento se dejó caer sobre la cama con los audífonos puestos y cerró los ojos no duró mucho la puerta se abrió de golpe.
—¡Alondra!
Ella retiró un audífono Alison ya estaba completamente arreglada vestido elegante maquillaje impecable y una enorme sonrisa.
—No.
—Ni siquiera he dicho nada.
—No.
—Vamos a la fiesta.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Media hora después, alondra estaba en la fiesta todavía no entendía cómo alison siempre lograba convencerla la música retumbaba en toda la casa las luces cambiaban constantemente de color mientras decenas de estudiantes bailaban, reían y disfrutaban de la noche alondra terminó relajándose.
Bailó.
Rió.
Bebió un poco junto a sus amigos por unas horas logró olvidar los extraños sueños hasta que su teléfono comenzó a sonar frunció el ceño al ver la pantalla.
Papá.
—Ahora vuelvo —les dijo a sus amigos.
Salió de la casa buscando un lugar más tranquilo la música quedó atrás el aire nocturno era fresco contestó la llamada.
—Hey, pa. ¿Cómo estás?