La mañana siguiente llegó demasiado rápido para Alondra. Después de una noche casi sin dormir, terminó de guardar sus cosas en silencio mientras Alison la observaba desde la puerta de la habitación.
—¿Estás segura de que vas a manejar sola? —preguntó su amiga con preocupación.
—Sí. Necesito hacerlo
Alison asintió y caminó hasta ella. Sin decir nada más, la envolvió en un fuerte abrazo.
—Cuídate mucho, Alondra
—Lo haré.
—Y háblame cuando llegues.
—Te lo prometo.
Las dos permanecieron abrazadas unos segundos más. Después, Alondra tomó su mochila, respiró hondo y salió de la residencia universitaria el camino hasta la casa de sus padres era largo.
Cinco horas.
Cinco eternas horas durante las cuales los recuerdos de su abuela no dejaron de pasar por su mente las tardes cocinando juntas, las historias que le contaba cuando era niña, las veces que la había consolado después de una mala nota o un corazón roto y ahora ya no estaba cuando finalmente llegó a su ciudad, el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados Alondra giró por la calle de su infancia y sintió cómo el corazón se le encogía la entrada de la casa estaba llena de automóviles.
Familiares.
Vecinos.
Amigos.
Todos habían acudido a despedirse, apenas estacionó el auto, vio a su padre de pie junto a la entrada y vestía completamente de negro era un hombre alto, de cabello castaño y lentes rectangulares. A pesar de los años, mantenía una excelente condición física gracias a la disciplina que había conservado desde su época como boxeador profesional al verla, se quedó inmóvil como si no supiera qué hacer como si verla hiciera real lo ocurrido Alondra bajó del auto y corrió hacia él.
—¡Papá!
Su padre la recibió entre sus brazos y entonces se quebró el hombre fuerte que toda su vida había parecido invencible comenzó a llorar Alondra sintió los sollozos sacudir su cuerpo eso bastó para que las lágrimas que había estado conteniendo escaparan también de sus ojos.
—Lo siento tanto... —murmuró él.
Ella simplemente lo abrazó con más fuerza.
Después de varios minutos lograron separarse.
—Ven —dijo su padre con voz apagada—. Tu mamá te está esperando.
Entraron juntos el ambiente dentro de la casa era pesado silencioso, doloroso las conversaciones apenas eran susurros entonces la vio su madre sentada en una de las salas, rodeada de familiares Alondra se acercó rápidamente y tomó sus manos.
—Mamá...
Su madre levantó la vista los ojos enrojecidos el rostro agotado y ambas se abrazaron.
—¿Qué pasó? —preguntó Alondra entre lágrimas—. ¿Qué fue lo que pasó, mamá?
Su madre respiró temblorosamente.
—Nos acostamos todos a dormir como siempre... —dijo con dificultad—. Por la mañana subí a darle sus medicamentos... y ya se había ido.
Las dos volvieron a abrazarse el dolor era demasiado grande para decir algo más después de unos minutos, Alondra se apartó lentamente y caminó hacia el ataúd cada paso se sentía más pesado que el anterior cuando finalmente llegó frente a él, sintió que el aire abandonaba sus pulmones su abuela parecía estar dormida tan tranquila, tan serena como si en cualquier momento fuera a abrir los ojos y sonreír las lágrimas comenzaron a caer sin control sus ojos recorrieron el rostro de aquella mujer que había sido una segunda madre para ella.
—Perdóname... —susurró—. Perdóname si alguna vez te fallé.
Entonces algo llamó su atención en una de las manos de su abuela había un anillo uno que jamás había visto hermoso, extraño y mientras intentaba recordar si alguna vez lo había usado, una voz masculina llegó a sus oídos.
—Era su favorito.
Alondra se quedó inmóvil aquella voz tan profunda y grave a la vez, extrañamente familiar su cuerpo entero se tensó lentamente levantó la mirada y lo vio un joven vestido completamente de negro alto de piel tan blanca que parecía irreal cabello negro como la noche ojos oscuros e intensos su cuerpo era delgado, pero claramente marcado bajo la ropa elegante que llevaba puesta el desconocido observaba el ataúd con expresión tranquila.
—Siempre decía que ese anillo le recordaba algo importante —continuó.
Alondra lo miró confundida no recordaba haberlo visto jamás y, sin embargo... sentía que lo conocía los ojos de ambos se encontraron el tiempo pareció detenerse ninguno apartó la mirada una sensación extraña recorrió el pecho de Alondra como si algo invisible los conectara como si aquellos ojos negros hubieran estado observándola desde mucho antes de ese momento ella abrió los labios para responder, pero una mano tocó suavemente su hombro.
—Todo estará bien, hija —dijo su padre.
Alondra volvió la cabeza.
—Papá...
Cuando regresó la mirada al lugar donde estaba el desconocido... ya no había nadie el espacio estaba vacío, ni rastro del joven, ni siquiera entre las personas que llenaban la sala Alondra parpadeó varias veces buscándolo intentando encontrarlo, pero era imposible había desaparecido su corazón comenzó a latir con fuerza.