El Verano de las Flores Marchitas

DONDE TERMINA EL SUEÑO

Alondra despertó de golpe abrió los ojos y se incorporó tan rápido que por poco perdió el equilibrio su respiración estaba agitada miró a su alrededor una y otra vez sin entender qué estaba viendo.

Árboles.

Solo árboles.

Árboles tan altos que sus copas parecían perderse entre las nubes. Flores de colores desconocidos crecían por todas partes y pequeñas luces brillaban entre la hierba como si diminutas estrellas hubieran caído sobre el suelo.

Alondra frunció el ceño.

—¿Qué mierda...?

Giró sobre sí misma.

—¿Dónde carajos estoy?

No había rastro de la mansión, ni de la fiesta, ni de nadie el silencio era extraño tranquilo demasiado tranquilo entonces una melodía llegó hasta sus oídos Alondra se quedó inmóvil conocía esa canción la había escuchado cientos de veces su abuela la tarareaba mientras cocinaban juntas. Mientras regaban las flores del jardín. Mientras doblaban ropa o simplemente pasaban el tiempo sentadas hablando.

Su corazón dio un vuelco.

—Abuela...

Sin pensarlo comenzó a caminar siguiendo aquella melodía la canción parecía alejarse cada vez que se acercaba, guiándola más y más profundo entre los árboles hasta que finalmente el bosque desapareció y Alondra se quedó sin aliento frente a ella había un lago. Aquello era demasiado hermoso para llamarlo simplemente un lago

El agua era tan azul que parecía hecha de cristal líquido. Flores de loto blancas, rosadas y doradas flotaban sobre la superficie moviéndose suavemente con la brisa peces plateados nadaban bajo el agua dejando pequeños rastros de luz a su paso algunos animales se acercaban a beber sin mostrar miedo alguno mariposas luminosas revoloteaban entre las flores.

Todo parecía irreal Como si hubiera entrado en una pintura.

—No puede ser...

Sus ojos recorrieron cada rincón del lugar nunca había visto algo tan hermoso una extraña sensación llenó su pecho, calma, tranquilidad como si aquel lugar la estuviera abrazando.

—Debo estar soñando— se llevó una mano al brazo y se pellizcó —¡ay! — volvió a hacerlo —¡ayyy! — el dolor era real muy real —mierda...

—Ya terminaste.

La voz masculina la hizo sobresaltarse Alondra giró tan rápido que casi pierde el equilibrio y entonces lo vio el chico el mismo chico que aparecía en sus sueños el mismo por unos segundos simplemente se quedaron observándose alondra parpadeó varias veces.

—No— Volvió a parpadear —No, no, no.

El muchacho arqueó una ceja.

—¿Qué?

—Sigo soñando.

Él soltó un suspiro uno largo, cansado como si ya estuviera perdiendo la paciencia caminó hasta ella y sin previo aviso le dio un pellizco en el brazo.

—¡Auuu!

Alondra se llevó una mano al lugar.

—¿Qué te pasa?

—¿Sigues pensando que es un sueño?

—¡No me toques!

—Entonces deja de decir tonterías.

—¿Tonterías?

—Sí.

Ella lo señaló de inmediato.

—Aparecí en medio de un bosque mágico, frente a un lago imposible y con un desconocido que sale de la nada. Creo que tengo derecho a decir tonterías.

Por primera vez pareció quedarse sin respuesta solo la observó Alondra aprovechó aquello.

—Eso pensé.

El muchacho cerró los ojos unos segundos.

—Eres muy ruidosa.

—Y tú demasiado amargado.

—Perfecto.

—Perfecto.

Alondra cruzó los brazos el chico volvió a observarla había algo extraño era exactamente igual a como la recordaba y al mismo tiempo completamente diferente.

Más alta.

Más madura.

Y con los mismos ojos.

Los mismos ojos de Lucrecia.

—¿Acaso ella no te dijo nada?

La sonrisa desapareció del rostro de Alondra.

—¿Ella?

—Lucrecia.

Alondra sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Cómo conoces a mi abuela?

—Primero deja de decir tantas groserías.

—Primero responde mi pregunta.

—Pareces un hombre hablando.

—Y tú pareces un abuelo regañón.

El muchacho la miró fijamente ella le sostuvo la mirada ninguno retrocedió finalmente él suspiró.

—Tenemos mucho de qué hablar.

—Pues empieza.

—Sígueme.

Comenzó a caminar Alondra tardó unos segundos antes de seguirlo.

—Oye.

No respondió.




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