El Verano de las Flores Marchitas

La noche de la luna llena

Alison llevaba varios minutos tratando de despertar a Alondra. La movía de los hombros con evidente preocupación mientras una ligera brisa agitaba las hojas del jardín.

—¡Alondra! ¡Alondra, despierta!

La joven abrió los ojos de golpe, incorporándose sobresaltada. Miró a su alrededor, confundida. El lago seguía frente a ella, las flores seguían meciéndose con el viento y el cielo conservaba el mismo color anaranjado del atardecer.

—¿Dónde te habías metido? —preguntó Alison, asustada—. Me estabas asustando. Te llamaba y no respondías.

Alondra se llevó una mano a la cabeza.

—Perdón… creo que me quedé dormida.

Pero mientras lo decía, una sola pregunta martillaba su mente.

¿Había sido realmente un sueño?

Alison la ayudó a ponerse de pie.

—Vamos, entremos. Ya todos se fueron.

Alondra asintió y ambas regresaron a la casa.

Sin embargo, durante el resto del día, Alondra fue incapaz de concentrarse. En clase, las palabras de los profesores pasaban desapercibidas para ella. Una y otra vez volvía a recordar aquellos ojos violetas, aquel cabello negro tan largo y el lago iluminado por la luna.

Suspiró cansada.

—Definitivamente me estoy volviendo loca —murmuró para sí misma.

Al terminar las clases, tomó su bolso y caminó junto a Alison hasta el estudio de ballet. Después de cambiarse, comenzaron los ejercicios y, poco a poco, el movimiento de su cuerpo y la música consiguieron relajarla al final, terminó aceptando que todo aquello no había sido más que un sueño extraño al concluir la práctica, Alison comenzó a guardar apresuradamente sus cosas.

—Date prisa, Alondra. Si seguimos aquí, la señora Ana nos va a matar.

La muchacha sonrió.

—Adelántate. Me quedaré un rato más practicando.

Alison hizo un puchero.

—Está bien. Te veré en casa. Ayudaré a limpiar con la señora Ana.

—Nos vemos.

La joven se quedó sola el silencio llenó el enorme estudio. Solo se escuchaba la música y el roce de las zapatillas contra el suelo pulido pasó casi una hora cuando miró el reloj, ya era bastante tarde.

—Ay, no…

Apagó la música, tomó sus cosas y se dispuso a marcharse entonces escuchó un ruido algo se arrastraba.

—¿Hola? —preguntó nerviosa—. ¿Hay alguien ahí?

Avanzó con cautela. Una sombra estaba de espaldas, inmóvil, al final del pasillo.

—¿Hola? ¿Quién…?

Unas manos la sujetaron bruscamente por detrás y cubrieron su boca.

—Shhh…

El corazón de Alondra casi se detuvo.

Aquellos ojos.

Aquellos ojos violetas.

Era él.

El chico de su sueño.

Ella se quedó paralizada.

—Debemos salir de aquí —susurró él.

Pero escuchar aquella voz hizo que alondra gritara al instante, una sombra oscura se lanzó hacia ellos el muchacho la apartó y la empujó hacia un lado Alondra cayó al suelo.

—¡Corre! —gritó él.

Con un movimiento veloz, una espada apareció entre las sombras en su mano y chocó contra aquella criatura Alondra observó aterrada cómo ambos intercambiaban golpes la sombra parecía humana, pero estaba cubierta por una niebla negra y sus ojos brillaban como brasas aprovechando un descuido, alondra tomó su bolso y se puso de pie para huir, pero la criatura la vio una especie de látigo negro salió disparado hacia ella.

—¡Ahhh!

El lazo se enrolló alrededor de su pierna y comenzó a arrastrarla la piel le ardía como si estuviera siendo quemada, sin embargo, una espada cortó el látigo.

—Qué escurridizo eres —dijo el joven con una sonrisa divertida antes de golpear a la criatura.

Alondra, aterrada, solo podía observar las espadas se movían tan rápido que apenas podía seguirlas volvió a ponerse de pie.

—¡Tengo que salir de aquí!

La sombra trató de alcanzarla nuevamente Pero el muchacho cortó uno de sus brazos.

—Idiota.

Alondra soltó un grito.

—¡Aaaahhh!

—De verdad que eres ruidosa —murmuró él.

Con un último movimiento, la cabeza de la criatura salió despedida su cuerpo se convirtió en cenizas que desaparecieron con el viento.

—Solo era una simple sombra, cariño —susurró.

Pero al volverse… Alondra ya había salido corriendo.

—¿Eh?

La vio desaparecer por la puerta.

—Ah… ¿en serio?

Alondra corría desesperada por las calles. Su respiración era agitada y las lágrimas amenazaban con salir.

—¡¿Qué demonios era eso?! ¡¿Qué demonios era eso?!




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