La cocina de la mansión estaba envuelta en el cálido aroma del café recién hecho. La luz del sol se filtraba por los grandes ventanales, iluminando las encimeras de mármol mientras el silencio era roto únicamente por el suave tintinear de las tazas Alondra permanecía de pie frente a la barra con una taza entre las manos. Miraba el vapor elevarse lentamente, pero su mente estaba muy lejos de aquel lugar.
Las palabras de Crein no dejaban de repetirse una y otra vez.
"Soy un guerrero."
"Déjame mostrarte la verdad."
Desde la noche anterior, aquella conversación había quedado grabada en su cabeza. Intentaba convencerse de que todo había sido una locura, una mala broma o simplemente un sueño extraño. Sin embargo, algo dentro de ella le decía que no era así.
—¿Alondra?
No respondió.
—¿Alondra?
Seguía perdida.
—¡Alondra!
La voz de Alison la hizo volver de golpe a la realidad.
—¿Eh...? —parpadeó varias veces antes de sonreír con torpeza—. Perdón.
Alison frunció ligeramente el ceño.
—¿Estás bien, Alo?
Alondra asintió despacio.
—Sí... solo estoy un poco distraída.
Su amiga caminó hasta colocarse a su lado, apoyándose sobre la barra de la cocina.
—¿Segura? Desde que despertaste tienes la cabeza en otro lado.
Alondra soltó una pequeña risa para intentar restarle importancia.
—En serio, estoy bien.
Alison la observó durante unos segundos, como si tratara de descubrir qué ocultaba detrás de aquella sonrisa.
Finalmente suspiró.
—¿De verdad vas a estar bien aquí sola?
Alondra dejó la taza sobre la barra y la abrazó con cariño.
—Sí. Ve tranquila. Tus papás te están esperando.
Alison correspondió el abrazo antes de separarse.
—Está bien... pero cualquier cosa me llamas.
—Lo haré.
—Prometido.
—Prometido.
Las dos sonrieron.
Alondra observó cómo Alison abandonaba la cocina hasta perderse por el largo pasillo de la mansión y entonces volvió el silencio uno que, inevitablemente, volvió a llenar su cabeza con los recuerdos de la noche anterior.
El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y violetas cuando la tarde dio paso lentamente a la noche Alondra permanecía sentada en uno de los sillones del amplio patio trasero de la mansión. La suave brisa movía las hojas de los árboles mientras observaba a los jardineros terminar con las últimas tareas del día.
Soltó un largo suspiro el cielo se oscurecía poco a poco Entonces unas voces llamaron su atención Los jardineros levantaban la mano saludando a alguien que acababa de llegar Alondra dirigió la mirada hacia la entrada del jardín su respiración se detuvo un instante.
—...Crein.
El joven volvió el rostro al escuchar su nombre respondió al saludo de los hombres con una leve inclinación de cabeza mientras ellos recogían sus herramientas y desaparecían dentro de la mansión cuando el jardín quedó prácticamente vacío, Crein comenzó a caminar hacia ella.
Lo hacía con calma.
Sin prisa.
Como si quisiera darle tiempo para observarlo.
Su ropa completamente negra se ajustaba a su cuerpo atlético. El largo cabello oscuro parecía fundirse con las sombras que comenzaban a cubrir el jardín, moviéndose con la brisa como si también formara parte de la noche. Sus ojos plateados brillaban con una intensidad imposible bajo la escasa luz del atardecer, mientras el ligero tono rojizo de sus labios contrastaba con la palidez de su piel.
Solo entonces Alondra reparó en el tatuaje que recorría parte de su brazo no lo había visto la noche anterior sintió un extraño cosquilleo recorrerle el pecho Crein se detuvo frente a ella.
—Hola, Alondra— ella levantó la vista y él sonrió apenas —¿Lista para conocer un poco más de este mundo?
Mientras hablaba, extendió lentamente la mano hacia ella Alondra permaneció inmóvil observándola durante unos segundos después levantó la mirada hasta encontrarse con sus ojos plateados.
—¿Puedo confiar en ti, Crein?
Aquellas palabras hicieron que el joven se tensara por un instante el tiempo pareció detenerse los ojos de alondra comenzaron a cambiar lentamente, adquiriendo un intenso tono amarillo dorado que brilló bajo la luz de la luna naciente crein abrió los ojos con sorpresa sin apartar la vista de ella, cayó sobre una rodilla frente a alondra ella frunció ligeramente el ceño al verlo reaccionar de aquella manera.
—No me estás mintiendo... ¿verdad?
Su voz apenas fue un susurro.
—Ese mundo... sí existe.
Crein dejó escapar una pequeña sonrisa, aunque en el fondo todavía había cautela en su mirada.