El verdadero monstruo

Intercambio bajo la luna

Caminar, caminar ,caminar...no pienses en nada más Damián...

Después de un tiempo me senté en la estación de autobuses... No planeaba "irme en autobús"... Solo ... Esperar. Pasados unos minutos escuché pisadas... Era ella. Alina se acercaba con pasos suaves y un...¿Nuevo color de cabello?

—¿Te retocaste el tinte?— pregunté ya colocándome de pie.

—Eh... sí...—Ella dudó un poco tocando con suavidad su cabello— ya sabes... Prefiero el café oscuro, ya se me estaban iniciando a notar las raíces.

—Bien. ¿Tus padres no están hoy?

Alina negó con la cabeza.

—¿Y los tuyos?

—Salieron al observatorio, dicen que hoy hay una actividad especial por la luna roja y eso.

—¿Y tú simplemente te escapaste de que forma...?

—Les dije que no quería ir —respondí encogiéndome de hombros.

—Ah...

Simplemente avanzamos por la calle camino a la escuela hasta que Alina rompió el silencio.

—Damián...¿No crees que sería más fácil hacerlo en una gasolinera o algo así? Tipo... Ya hemos entrado en lugares abandonados y así... No sería difícil.

—Si no vamos a mi casa es porque no quiero...no se una criatura del inframundo o algo así conectado a mi casa y si el baño de gasolinera es una buena alternativa, pero vamos , nadie va a ver bien a dos adolescentes metiéndose en un baño de gasolinera.

—Bien, bien, tienes razón, pero...¿Entonces no era mejor buscar una casa abandonada?

—Oh, vamos Alina si te vas a echar para atrás dilo, está bien... Pero hey es nuestro último año. ¿No quieres dejar... algo en los pasillos?

—Ok,ok... vamos antes de que nos descubran.

Seguimos caminando hasta el colegio... Luego nos pasamos la parte de atrás de la reja... la misma que se saltan los que llegan tarde a clases. Llegamos a una de las puertas, intenté abrirla, pero... cerrada.

—¿En serio creíste que eso iba a estar abierto? —dijo Alina riéndose un poco de mí.

—Mira, solo era para asegurarse... ¿Trajiste lo que te pedí?

—Obviamente lo traje.

Alina sacó una ganzua de su mochila y comenzó a trabajar en la puerta mientras yo observaba a los alrededores... Su abuelo es cerrajero, una fortuna para esta misión.

—¡Ya está listo, Damián!

—¡Vamos!

Caminamos por los pasillos del colegio... Sabíamos que el cuidador no estaría; la mayoría están concentrados en sus cosas o en la actividad que hicieron por "el eclipse". Así que nadie tendría por qué preocuparse... Después de todo... no vamos a robar nada, así que..., no es nada malo... ¿No?

—Bien... ¿Y qué espejo quieres para tu ritual raro? —preguntó Alina con genuina curiosidad.

—No lo sé... Tenemos los baños de hombres, los de chicas o... los de los profesores.

...

—¡Vamos a los baños de profesores! —declaramos ambos a la vez.

Seguimos caminando por los pasillos hasta llegar al baño de los profesores. Ella abrió la puerta con su técnica infalible; entramos y comenzamos a sacar todo lo necesario hasta que vi las velas.

—¿Por qué las velas son blancas?

—En la tienda de siempre no había negras —respondió Alina ya encendiendo las velas.

—¡Se supone que ese color era nuestra protección de cualquier energía rara!

Alina suspiró, pero simplemente comenzó a colocar las velas alrededor del lavamanos.

—Mira, son blancas, así que debe ser mejor, ¿no? Por la pureza e inocencia y todo eso... ¡Solo confía!

—Bien, por lo menos el baño huele a canela.

—Lo que digas, a la próxima las compras tú.

—Bien... Traje la cinta y sí es del color adecuado.

—Sí, ajá, ya te escuché, Damián —respondió ella rodando los ojos—. Quédate aquí, voy por las sillas.

—Vale, yo termino de arreglar esto.

Cuando Alina se fue, moví un poquito las velas... Debía asegurarme de que estaba bien; si el color estaba mal, por lo menos que eso estuviera bien. Saqué la cinta de color negro de mi mochila, también las tijeras e inicié a amarrarla a mi dedo índice... Después de un tiempo escuché ruido en los pasillos... Era Alina arrastrando ambas sillas; la ayudé rápido a cargarlas, colocando ambas dentro del baño, espalda con espalda frente al espejo.

—¿Ya terminaste con la cinta?

—Solo falta que amarres el otro extremo.

Ella asintió, comenzando a amarrar el otro extremo de la cinta a su dedo; sin embargo, mientras lo hacía, inició su duda...

—¿Y... quién de nosotros irá mirando al espejo? Ya sabes... dicen que... paga más caro o lo que sea.

—Sí, pero... funciona mejor.

Alina levantó la mirada, aún esperando respuesta, pero... nada.

—Mira... Si quieres ir, estará bien; si te asusta, también está bien... Voy yo y tú le das la espalda al espejo.Además, en el tutorial decía que el chico debía estar mirando el espejo; no creo que sea buena idea cambiarlo.

—Vale...

Ya ambos atados por la cinta negra, apagamos la luz, nos sentamos en las sillas tomándonos las manos, ya con la cabeza agachada... Sentía las manos frías, el ambiente tenso; me comenzó a ir en mis pensamientos hasta que Alina apretó un poco mi mano.

—Vamos.

Suspiré, conté hasta tres e iniciamos a recitar las palabras a la vez.

—Moriré joven por ambición, moriré joven por amor; hoy tu puesto tomo, hoy mi vida te doy. El inocente muere primero, el traidor viene después; daría todo por hacerlo de nuevo; hoy te encontraré. Amadeo, Amadeo, Amadeo, lo hago por...

Y ahí viene lo importante aquí... ¿Para qué haces este ritual? ¿Qué quieres a cambio? ¿Qué quiero a cambio?

—Lo hago porque quiero libertad —respondí casi en un susurro.

—Lo hago porque quiero la verdad —dijo Alina muy segura.

La puerta principal se cerró de golpe con nosotros dentro, haciéndonos sobresaltar; el espejo se empañó, la temperatura bajó. No ese frío que aquí era constante por la brisa, no ese frío de nervios... Es un frío que te congela los huesos, es un frío de muertos. Me mantuve tranquilo a pesar de eso, levanté la mirada lentamente hacia el espejo... Ahí está la respuesta a todas nuestras plegarias; mis ojos se fijaron en el vidrio del espejo y reflejo…




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