Elisa

Capítulo VI - El jabón

Esa noche Bruno durmió junto al corral. Después de cambiarle las vendas a Candelaria, dejó una jarra llena junto al catre, tomó su manta y se encaminó hacia la puerta.

—¿Adónde va?

—A dormir.

Ella miró la manta enrollada bajo su brazo.

—Me doy cuenta. Preguntaba dónde.

—Cerca del corral.

—No tiene que hacerlo.

—Hombre estuvo inquieto anoche.

Desde fuera llegó el sonido del caballo removiendo la tierra con un casco.

—No parece especialmente preocupado.

—Se le pasa cuando no hay desconocidas muriéndose en el camino.

—No estaba muriéndome.

Bruno apoyó una mano en el marco y la observó.

—Claro.

Candelaria apartó la manta y puso un pie en el suelo. La habitación se inclinó antes de que alcanzara a sostenerse del catre.

—No diga nada.

—No había alcanzado.

Regresó a la cama con toda la dignidad que pudo reunir.

—Mañana dormiré en el granero.

—Mañana lo discutirá con las piernas.

Bruno salió antes de que ella encontrara una respuesta. Se acomodó contra uno de los postes del corral, con la manta alrededor de los hombros y Hombre respirando a pocos pasos. Desde allí podía ver la puerta de la casa y, aunque se dijo que permanecía atento al caballo, levantó la cabeza más de una vez al oír crujir la madera en el interior.

Candelaria despertó cuando la madrugada todavía permanecía retenida en los muros. Escuchó el balde golpeando junto al bebedero, el roce de una cuerda y la voz de Bruno murmurando algo que no alcanzó a entender. Las manos le ardían menos y el dolor de la espalda se había reducido a una rigidez soportable, de modo que esperó a que pasara el primer mareo, se cubrió con el chal y salió.

El sol tocaba apenas los bordes de los cerros. Más abajo, el estero reflejaba una línea de luz entre los pastizales. Candelaria había crecido en el mismo valle, pero en la casa Arriagada el norte llegaba domesticado al patio, contenido por muros y ordenado alrededor de los naranjos y la fuente. Allí los arbustos crecían donde encontraban agua y el viento atravesaba el terreno sin una galería que lo detuviera.

Hombre levantó las orejas al verla.

—Buenos días.

El caballo volvió al bebedero.

—Tiene los mismos modales que su dueño.

—Él no tuvo que recogerla del camino —respondió Bruno desde el otro lado del cercado.

Candelaria no lo había visto agachado junto a una pila de madera.

—Eso explica su mejor carácter.

Bruno soltó el nudo que tenía entre las manos.

—¿Cómo se siente?

—Mejor.

—¿Mejor de verdad o mejor porque quiere caminar hasta el granero?

—Ambas cosas pueden ser ciertas.

Él señaló la construcción detrás del corral.

—Vaya despacio.

El granero era bajo, de madera oscurecida por los años y con una puerta que se sostuvo apenas cuando Candelaria la empujó. En el interior olía a heno, cuero y polvo tibio. Había herramientas, sacos, un arado viejo y una silla rota junto a la entrada. Los objetos permanecían allí porque servían o porque todavía podían repararse; ninguno llevaba un apellido ni vigilaba desde las paredes.

Candelaria se sentó sobre el heno. Desde una rendija podía ver el estero y a Bruno moviéndose junto al corral.

—¿Ya empezó a romper cosas?

Él estaba en la puerta con unas tablas bajo el brazo. Candelaria miró la flor seca que sostenía entre los dedos y ocultó el pétalo quebrado dentro de la mano.

—Buenos días para usted también.

—Ya nos saludamos.

Bruno dejó las tablas junto al muro y revisó las rendijas.

—Voy a cubrirlas antes de la noche.

—Podría dormir con otra manta.

—No tengo otra.

Candelaria miró la que él había usado junto al corral.

—Entonces le devolveré la que me dio.

—También podría dejar de discutir cada vez que alguien intenta ayudarla.

—Solo discuto cuando da órdenes como si fueran verdades reveladas.

—Hace frío, las tablas tienen huecos y usted todavía no puede caminar sin marearse. No hubo revelación.

Apoyó una tabla contra el muro. Candelaria la examinó desde el heno.

—Está torcida.

—No.

—Baja hacia la izquierda.

Bruno retrocedió y comprobó la inclinación.

—Un poco.

—Se lo dije.

—Puede sostenerla.

—¿No estaba demasiado débil para trabajar?




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