Sacha
Contesto la llamada sin mirar quién es.
—Hola, mi niña. ¿Cómo estás?
Y entonces las pocas lágrimas se convierten en un torrente.
—Abuela, estoy enferma. Me siento tan mal.
—Deja todo, toma el primer vuelo y ven. Te espero.
¡Y esa es la solución! Escapar de todos los problemas. Esconderme como un ratoncito en su madriguera. Solo necesito un poco de tiempo para recomponerme. Si me quedo, me enredaré en este nudo de silencios y malentendidos, como en la brea. Necesito un respiro de aire fresco. Cambiar de ambiente. Pensar todo, entender qué tengo, qué quiero y cómo seguir adelante. ¿Es tan terrible la realidad como la imagino ahora? Quizá solo un par de palabras basten para poner todo en su lugar.
—Voy a ir. Ahora miro cuándo hay vuelo y llegaré. Espérame.
—Perfecto. Este año me salió una mermelada de frambuesa deliciosa, te pondrá en pie enseguida.
Camino por la calle mirando el horario de vuelos. La nieve cae sobre la pantalla del teléfono, convirtiendo los copos en grandes gotas. Las aparto una y otra vez con las manos heladas y por fin encuentro la información: salida a la una de la madrugada. Tengo un par de horas para preparar mis cosas y hablar con Platón.
Subo a mi piso. Bajo la puerta me espera Tikhon.
—¿Dónde estabas? —pregunta con reproche.
—Fui a la farmacia —abro la puerta, me quito los zapatos y voy al dormitorio sin quitarme el abrigo.
—¿Estás enferma?
—Sí, un poco resfriada.
—¿Y la medicina? —mira mis manos vacías.
—La farmacia estaba cerrada.
—Voy yo a otra, ¿qué problema hay?
Levanto la vista hacia él. Mis ojos se humedecen. Me froto la cara con las palmas, intentando borrar las lágrimas sin que se note. Me acerco al armario y tomo una maleta.
—No hace falta, la compraré yo misma.
—¿Y por qué la maleta? ¿Te vas?
—Sí, unas pequeñas vacaciones.
—¿Sola?
Solo asiento con la cabeza, como un muñeco.
—¿Se pelearon? —Tikhon… imposible ocultarle nada. Pero no tengo ganas de sentarme a lamentarme de la vida.
Detengo el embalaje y lo miro, pensando qué responder.
—No. Solo necesito tiempo. Necesito recomponerme. Estoy hecha pedazos, Tikhon, me perdí a mí misma. Quizá sea por la enfermedad, o quizá me equivoqué de camino. Estoy exprimida como un limón. —Vuelvo a llorar. Me miro en el espejo. ¡Qué belleza! Nariz roja, ojos hinchados de tanto llorar, rostro pálido…
—Sacha —se acerca y me abraza—, si necesitas algo, solo dilo, yo lo haré, lo sabes.
Esas palabras parecen de otra realidad. Quiero escucharlas, pero no de un amigo, sino de un amado.
Suspiro y me aparto.
—Lo sé —confirmo.
—¿No me dirás a dónde vas?
—Me quedaré en Europa —respondo evasiva.
—Hm… Entiendo.
Echo en la maleta lo esencial. Corro al baño, tomo el cepillo de dientes y el champú. Vuelvo y los meto en la bolsa. Bien, los documentos ya los tengo…
—Vamos —le digo a Tikhon—. Caminamos hacia la entrada. Saco un juego de llaves de repuesto y se lo entrego. Pido un taxi por la aplicación. Me pongo los zapatos. Tikhon toma mi bolso.
—No, lo llevo yo.
—Anda, enferma, al menos te acompaño hasta el taxi.
Bajamos. El coche ya espera.
—Si aparece tu chico, ¿qué le digo?
Me muerdo el labio y pienso.
—Nada. Solo que me fui.
—Como digas. Cuídate, Sanya. Tú eres única, para ti y para mí —me abraza.
Me desprendo de él y subo al taxi.
—Al aeropuerto —le digo al conductor. Él solo asiente.
Marco el número de Olga Petrovna, la cuidadora de Platón.
—¿Sacha? ¿Tan tarde? ¿Pasó algo? —pregunta con voz preocupada.
—No, no, nada. ¿Me puede pasar a Platón un momento? Me voy unos días y quiero avisarle para que no se preocupe.
—Voy a ver si no duerme… —escucho la puerta del dormitorio chirriar y su voz baja: “Platón…, ¿no duermes? Sal al pasillo”. Luego me dice: —Solo un momento, aquí tienes, Sacha te llama.
—¿Sacha… pasó algo?
—Platón, no te preocupes. Me voy unos días con la abuela, ¿sí? Así que el sábado no podré ir. Además estoy un poco enferma. Haré dos cosas a la vez: la visitaré y me cuidaré. Cuando regrese, iré directo a verte.
—¿Seguro que estás bien?
—¡Sí! —respondo demasiado rápido, casi fingido.
—¿Y Valera? ¿Va contigo?
—Eh… no. Trabajo. Se queda en la ciudad.
—¿Y vendrá?