Luna
Veo como la mujer se ha vuelto a desmayar y observo de reojo a Maximiliano, que suspira con fastidio. Se lleva la mano a la cabeza antes de dirigirme una seria mirada. Levanto ambas manos en el acto. Arruga el ceño y me apresuro a hablar antes de ser culpada de algo que no hice.
—¡Soy inocente! Ella simplemente entró y al verme se desmayó.
Se quedó en silencio, justo en ese momento entraba una de las empleadas con hierbas aromáticas. Vi como la acercó a la mujer, con cuidado, hasta que ella volvió a abrir sus ojos. Noté como su mirada quedó detenida en la mirada de mi jefe, como esos dramas de internet.
Es evidente que a ella le gusta. Qué pena, enamorarse de un hombre como ese, la compadezco.
—¡Ay! —exclamó con exagerada mal actuación antes de lanzarse a los brazos de Maximiliano—. Tengo tanto miedo, abrázame fuerte, imagine ver a tu difunta esposa y...
Otra vez su atención se detuvo en mí, otra vez la saludé, otra vez estuvo a punto de perder el sentido. Pero esta vez Maximiliano la agarró de los hombros.
—No es Constanza, ella se llama Luna, es... —vi su incomodidad, la verdad es que podría decir 'niñera' pero con Tamara presente no lo puede decir.
—Es mi mamá —completó el pequeño angelito inocente de Dios.
Y la mujer, se volvió a desmayar. Maximiliano chasqueó la lengua, se colocó de pie y me ordenó.
—Vaya a su cuarto.
—¿Qué? ¿Me está castigando?
—No la estoy castigando, solo que con su presencia ella no dejara de desmayarse, necesito hablar con ella primero, ¿lo entiende?
Bufé, tengo que saltarme la cena justo cuando tengo más hambre que nunca. Crucé los brazos y le di la espalda dispuesta a retirarme. Lo haré con la mayor dignidad posible, como una mujer orgullosa, altanera, que no rogara pan a nadie y...
¡Gruñ-gruñ!
Mi traidor estómago me acusó frente a todos.
—Pero, mamá no ha probado comida, tiene hambre —salió mi ángel en mi defensa.
—No te preocupes, mi pequeña, papá, no dejará morir de hambre a mamá por otra mujer —sentencié fingiéndome lastimada.
Maximiliano carraspeó, se ve incómodo. Te lo mereces.
—Señorita... digo cariño, pediré que te lleven la comida a tu habitación, ¿te parece?
¡¿Cómo qué cariño?! Me pagó para fingir ser la madre de su hija, no su pareja. Bueno, si quiere que haga ese rol, ahí vamos, entonces. La remuneración que va a pagarme es demasiado alta para quejarme ante los nuevos desafíos.
—Claro, quieres dejarme lejos para quedarte —pausa dramática— al lado de esa mujer intrigante.
Señalé con el dedo acusador. Pestañeó confundido dibujando una mueca en su rostro.
—¿Cuál mujer intrigante?
—Esa, acostada en el sofá, que se muere por ser tu nueva esposa.
—¿Te volviste loca? ¡Es la prima de Constanza!
No supe qué decir, esa información no estaba en el momento que me armé toda esta actuación. Crucé los brazos, solo hice lo que pude. Estaba a punto de empezar con el nuevo guion creado en mi cabeza cuando vi acercarse a Maximiliano. Con su mirada penetrante, con el ceño arrugado, con la mandíbula apretada. Creo que me pasé con mi acto... estoy en problemas.
—No juegues con mi paciencia —me susurró al oído.
Lo había olvidado, este hombre es un peligro andante. Con un solo chasquido de sus dedos podría hacerme desaparecer en segundos. Retrocedí sonriendo nerviosa.
—Está bien, entiendo, entiendo... cariño —dije entre dientes.
Y el traidor de mi estómago volvió a gruñir. Maximiliano bajó lentamente su mirada a mi vientre, el que por reflejo cubrí con ambas manos.
—No fui yo, fue él —me reí con torpeza.
—Ve a la habitación —dijo con seriedad.
—¡Sí, señor! —exclamé en el acto y me fui corriendo por las escaleras.
No respiré aliviada hasta llegar a la habitación y cerrar la puerta. Literalmente casi me puse la soga al cuello. Me acerqué a la cama y me dejé caer sobre el blando y mullido colchón. Mi cama anterior estaba tan vieja que sentía como los resortes se enterraban en todo mi cuerpo cada vez que intentaba dormir, y ya le había dado tantas vueltas que no tenía más solución.
—¿Por qué tuve que terminar trabajando para un hombre tan cascarrabias? ¡¿Y por qué tuve que casarme con un hombre infiel y tacaño con su esposa?! No hubiera terminado así, sino fuera por Mateo. Ni siquiera en nuestros años de matrimonio compró un colchón decente.
Me senté en la cama rezongando, y luego me puse a pensar en la situación que pasó con esa tal Ariel. Según mi tirano jefe ella es la prima de su difunta esposa, pero la forma como lo miraba, como se abrazó a su cuerpo, es evidente que a ella le gusta. Ojo de loca no se equivoca.
El tema es: ¿Él sentirá lo mismo por ella?
Con la actitud fría e indiferente como actuó, daba a entender que no. Pero en los hombres uno nunca sabe. Dicen una cosa y hacen otra. ¡Qué complicado! Agarré uno de los cojines y lo estreché con fuerzas entre mis brazos.
Solo quiero pronto juntar dinero y desaparecer de esta ciudad. Comenzar desde cero en otro lugar, podría ser en el sur, hay lugares bastante bonitos. Pero... extrañaría a ese pequeño ángel. Espero que para ese entonces Tamara se haya dado cuenta de que yo no soy su mamá.
—Señorita, le traje su comida —señaló una joven empleada llegando a mi habitación.
Vi como dejaba la bandeja sobre el velador, pero antes de que se retirara la tomé de la muñeca.
—Disculpa, ¿cuál es tu nombre?
Me miró confundida, luego sonrió animada.
—Me llamo Mónica.
—Mónica, dime, ¿cómo está todo ahí abajo? —le sonreí de forma amigable. La curiosidad me mata, quiero saber si esos dos están haciendo 'cochinadas' ahí abajo. De seguro también mandaron a su habitación a la pobre de Tamara.
De inmediato se sentó a mi lado.
—Está muy tenso el ambiente, muy tenso... —me habló susurrando—. Parece que la señorita Ariel y el señor tuvieron una discusión. No sabemos qué hablaron para terminar tan enojados.