Ellie

Capítulo 10.

Varios días habían pasado ya. Mi habitación era mi único reconfort, mi cama se volvió parte de mi. Me consumí.

 

— Ellie, la cena está lista cariño — hablo mamá desde el otro lado de la puerta.

 

Le había dicho que me encontraba enferma, solo así podía faltar al mundo y quedarme en mi habitación. Al principio era mentira, luego se hizo realidad. La temperatura subía y bajaba, el dolor de garganta en las noches era a veces insoportable, nariz roja, mi cuerpo debilitado al límite.

 

— ¿Cariño?

 

— ¡Tengo un poco de jaqueca mamá! — grite derrotada en el suelo recargada en la puerta.

 

— Amor, debo de llevarte al médico. No seas necia, han pasado varios días.

 

— No te preocupes, estoy bien. Solo debo descansar…

 

— Traeré la cena y comeremos juntas ¿está bien?

 

— No, madre, en serio estoy bi… — me corte apenas escuche sus tacones resonar en la escalera. Mierda.

 

Como pude me levanté y traté de ordenar mi cuarto. Tratar fue muy poco para lo que en realidad hice. No fue hasta que llegué a mi baño y vi la pequeña banca con la ropa que había utilizado aquel sábado, que mis ojos se desbordaron de nuevo. 

 

<<¡¿Qué hago?!>> <<¡¿Qué hago?!>>

Patalee y ahogue los gritos en mi mano. ¿Qué podía hacer para borrarlo? ¿No solo podía enterrarlo en el pasado y ya? ¿Por qué mi jodida cabeza tenía que repetir las mismas imágenes una y otra vez?

 

— Pero qué desastre hay aquí, Ellison. — Tome con fuerza el lavabo y trate de respirar, luego abrí la llave y me moje la cara para salir.

 

— Lo siento mamá. — salí y mi abrumación creció cuando mamá hizo a un lado las cortinas y abrió la ventana dejando entrar los pocos rayos de sol que había. — ¡Mamá, por favor, cierra!

 

— Necesitas despejarte, Ellie. — sacudió las cobijas y me dejó caer en la silla del escritorio— Oh, ¡hola Oliver!

 

Abrí los ojos y Margaret ya tenía la cabeza fuera de la ventana saludando. — ¡Mamá! — voy hasta ella y la quito de ahí tratando de cerrar la ventana.

 

— Hola Ellie — mi mirada cayó a Oliver, me quedé fija y luego cerré al fin la ventana.

 

— Es un lindo chico, el otro día me ayudó con las bolsas del super.

 

— ¿Y te enamoro con eso? Esperaba más de ti.

 

— ¿Qué es lo que te sucede? Nunca me habías hablado de esa manera. Ellison, ¿qué pasa? ¿por qué estás tan diferente? — toma mi cara— Cariño, vamos ¿dime lo que sucede? y te prometo que lo arreglaremos juntas.

 

Fingí una sonrisa. — Nada mami, solo estoy enferma.


 

La luna era opaca por las grandes nubes cargadas de agua de lluvia. Mis botas blancas de lluvia dan fuertes pisadas a los charcos de las calles, pequeños o grandes, no importa. Es lo mismo. Mi aliento se confunde con el humo que sale de las casas y negocios de alrededor. El río Támesis, famoso y más importante de Reino Unido, se cierne sobre mi.

 

Saco los cigarrillos de mi chaqueta. Siempre los he aborrecido pero hoy será una tregua, serán mis amigos y me ayudaran aunque sea unas cuantas horas. Aun recuerdo cuando se los quité a Lía diciendo y alegando lo malo que son y veanme ahora sentada en la orilla del río cubriendo mis pulmones con tabaco.

 

El humo me marea y a la hora de sacarlo me hace toser, recargo la cabeza en el farol detrás de mí y cierro los ojos por un segundo.

 




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