Embarazada de un demonio

Capítulo 15

—Ya tengo la maleta lista -dice Carol saliendo de su habitación con la maleta en la mano. Se encontraban en la casa de sus padres.

 

  Hace un tiempo ella pensaba independizarse, pero sus padres la convencían que se quedara en la casa, que no tenía necesidad de irse a otro lugar sola si ya poseía un hogar.

 

—¿No se van a quedar comer? -pregunta Elvira Olmos (cabello verde corto y ojos azules), la madre de Carol. Una mujer de 48 años.

—No mamá. Ya desayunamos.

—Yo creí que se iban a vivir juntos -comenta Franklin Villegas (cabello lila y ojos naranjas), el padre de Carol. Un hombre de 51 años.

—Todavía no tenemos tanto tiempo juntos.

—Pero hacen muy buena pareja.

—Papá, no asustes a Román -protesta Carol avergonzada- Nuestra relación va poco a poco. Como debe ser.

—En la época de antes el noviazgo era corto.

—Papá, tú tampoco viviste en ese época.

—Yo cuando conocí a tu mamá sabía que era la mujer con la que me casaría -responde Franklin.

—Eso no siempre pasa, papá.

—Franklin, no puedes estar ofreciendo a nuestra hija así -dice Elvira mirando mal a Román. Ella no confiaba totalmente en él.

—Román es un buen hombre -responde Franklin.

—De eso no podemos estar seguro todavía.

 

 Elvira y Franklin comenzaron a discutir sobre la relación de Carol y Román.

 

—Mamá, papá. Nos vamos -interviene Carol.

—Adiós -dice Román incómodo.

 

 Román y Carol salieron rápido de la casa sin escuchar la discusión de los padres de Carol. Pusieron la maleta en el maletero y entraron en el auto.

 

—Tu padre ya quiere que vivamos juntos y tu madre todavía no me acepta -comenta él.

 

 Los padres de Carol eran dos polos opuestos. La madre era sobreprotectora y su padre era alguien más confiado y relajado.

 

—Mi mamá siempre ha sido terca y soy su única hija.

—Yo no sé como quiere que me gane su confianza.

—Poco a poco se dará de cuenta de la clase de hombre que eres -contesta Carol.

—¿Y que clase de hombre soy?

—Una muy guapo, simpático y maravilloso.

—¿Maravilloso? -pregunta Román con una gran sonrisa de felicidad.

 

  Se sentía feliz que su novia le dijera toda esas cosas bonitas sobre él. 

 

—Sí, y mucho. Aunque me robes mi almohada cada vez que dormimos juntos.

—Yo no recuerdo nada de eso -Román finge que no sabe nada.

—Porque estás medio dormido cuando lo haces. No puedo ni levantarme ni un segundo al baño porque terminó sin almohada.

—No hay pruebas de eso.

—¿Quieres que te graben cuando sucede? -pregunta Carol cruzando sus brazos.

—Eso sería invadir mi privacidad -dice él ofendido. 

 

  Llegan al edificio y entran al apartamento de Tatiana.

 

—Tatiana, trajimos el mercado -dice Carol- Todo lo que necesitamos ya que no tenemos casi nada ¿Tatiana?

 

 La buscaron por todo las habitaciones del apartamento y no se encontraba.

 

—No está por ningún lado -comenta Román.

—¿Le ocurrió algo?

—Aquí dentro del edificio debería estar a salvo. Quizás salió del apartamento a conocerlo o a hablar con los demás.

 

  Carol intentó llamarla, pero el celular sonó desde el sofá. 

 

—¿Por qué cuando más se necesita comunicar dejan el celular? -pregunta Carol preocupada.

—Vamos a buscarla. Puede estar en el edificio.

 

  Salieron y vieron a Patrick abriendo la puerta de su apartamento para entrar.

 

—Patrick, ¿Has visto a Tatiana? -le pregunta Román a Patrick.

—Esa es la chica nueva, no la he visto.

—¿Será que está en alguno de los apartamentos? -le pregunta Román a Carol.

—Ella no tiene confianza con ninguno.

—Puede que la hayan invitado.

 

  Tocaron la puerta del apartamento de Adrián. Román estaba seguro que ella no podría estar allí, pero no perdían nada con preguntarle a su amigo.

 

—Adrián ¿has visto a Tatiana? -le pregunta Román.




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