El trayecto de regreso a casa fue un choque de realidad para Alinne. Del aire acondicionado y el aroma a perfume caro de CASAFER House, pasó al bochorno del metro y al ruido constante de su barrio. Su departamento era pequeño, una unidad de dos habitaciones donde el olor a estofado de su madre siempre la recibía antes que las palabras.
—¿Cómo te fue, hija? —preguntó Cristina desde la cocina, secándose las manos en un delantal gastado.
Alinne dejó su maletín sobre la mesa de madera laminada y se dejó caer en una silla.
—Creo que bien, mamá. El CEO mismo me entrevistó. Me enviarán un caso práctico hoy.
Cristina se acercó y escudriñó el rostro de su hija con esa intuición que solo las madres poseen. Alinne intentó evitar su mirada, pero el ligero rubor en sus mejillas la delataba.
—Ese hombre... —comenzó Alinne, buscando las palabras adecuadas—, es distinto a lo que esperaba. Hay algo en él, una forma de mirar que... me puso muy nerviosa. Pero no un nervio de miedo, sino algo más.
La expresión de Cristina se endureció de inmediato. Dejó el plato que sostenía y se sentó frente a ella, tomando sus manos con firmeza.
—Alinne, escúchame bien —dijo con voz grave—. La gente como los Casafer no tiene las mismas reglas que nosotros. Esa "chispa" de la que hablas es un juego para ellos. Los ricos no tienen buenas intenciones con las jóvenes como tú; nos ven como accesorios o como distracciones temporales. No permitas que un traje caro y una oficina bonita te cieguen. Tú vas por el trabajo, nada más.
—Lo sé, mamá. Solo fue una impresión —mintió Alinne, sintiendo que la advertencia de su madre pesaba como el plomo.
🍷
Mientras tanto, en un exclusivo club privado en la zona alta de la ciudad, el ambiente era muy distinto. Mauricio Casafer observaba el ámbar de su whisky mientras su mejor amigo y director legal de la holding, Octavio, revisaba unos informes en su tablet.
—Hoy conocí a alguien interesante —soltó Mauricio de repente, interrumpiendo el silencio.
Octavio levantó una ceja, dejando de lado el dispositivo.
—¿Una nueva conquista o un nuevo tiburón para la junta?
—Una candidata para administración. Alinne Vaca —Mauricio pronunció su nombre con una lentitud casi deliberada—. Tiene una mente brillante, pero es su fuego lo que me llamó la atención. Quiero saber más de ella, Octavio. Quiero explorar qué hay detrás de esa fachada de profesionalismo impecable.
Octavio suspiró y se reclinó en su sillón de cuero.
—Mauricio, te conozco. Esa mirada de "curiosidad" tuya siempre trae problemas. Una aventura con una empleada, o incluso con una candidata, es lo último que la holding necesita ahora que estamos bajo la lupa de los inversores. No arriesgues la estabilidad de CASAFER House por un capricho.
—No es un capricho —replicó Mauricio, aunque ni él mismo estaba seguro de sus palabras.
—Lo que sea que sea, mantenlo bajo control —advirtió Octavio—. Recuerda en qué posición estás.
Mauricio no respondió. Dejó el vaso sobre la mesa lateral y, de manera casi inconsciente, su pulgar empezó a acariciar una alianza de oro que llevaba en su dedo anular. El metal estaba frío contra su piel. Por un segundo, el ruido del club desapareció y fue reemplazado por un recuerdo borroso de una promesa hecha años atrás; un compromiso que seguía pesando sobre él, aunque el mundo pensara que era un hombre libre para elegir su destino.
Miró el anillo una última vez antes de cerrar el puño, ocultándolo, como si así pudiera ocultar también la parte de su vida que Alinne aún no conocía...