En tu Mirada

Capitulo 3

La oficina asignada a Alinne para realizar su caso de prueba era pequeña pero eficiente, con paredes de cristal que daban al bullicioso pasillo del departamento administrativo. Durante tres días, Alinne se sumergió en un mar de hojas de cálculo, análisis de riesgos y proyecciones de mercado. El reto era complejo: reestructurar una de las subsidiarias de logística que perdía dinero a raudales.

Sin embargo, el mayor desafío no eran los números, sino la presencia constante de Mauricio Casafer.

Mauricio no tenía ninguna razón real para visitar ese piso con tanta frecuencia, pero parecía haber desarrollado una súbita obsesión por la "supervisión directa".

—Esa proyección de flujo de caja es demasiado optimista, señorita Vaca —dijo Mauricio una tarde, apareciendo de la nada detrás de ella.

Alinne dio un pequeño salto, sorprendida. Él estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo y el aroma a sándalo de su loción. Mauricio se inclinó sobre el escritorio, señalando una celda en la pantalla de la laptop. Al hacerlo, su antebrazo rozó el hombro de Alinne. Fue un contacto breve, pero ambos sintieron la descarga.

—Si se refiere a la reducción de costos operativos, señor Casafer, he considerado la automatización de los almacenes —respondió ella, intentando que su voz no temblara—. No es optimismo, es eficiencia.

Él giró la cabeza, quedando a escasos centímetros de su rostro. Sus ojos oscuros buscaron los de ella con una intensidad depredadora.

—La eficiencia no siempre considera el factor humano —murmuró él, bajando la voz a un tono casi íntimo—. Pero me gusta que no retroceda cuando la cuestiono.

Él mantuvo el contacto visual un segundo más de lo necesario antes de erguirse y retirarse sin decir nada más, dejando a Alinne con el corazón galopando y una extraña mezcla de irritación y deseo.

🍷

Mientras tanto, en una cafetería discreta a pocas calles de la holding, Cristina se encontraba con una vieja conocida. Briseida, una mujer de unos cincuenta años con una mirada que denotaba haber visto demasiado, trabajaba como secretaria en el departamento de contabilidad de CASAFER House desde hacía más de una década.

—Te lo pido como amiga, Briseida —decía Cristina, apretando una taza de café entre sus manos—. Alinne es joven, es ingenua a pesar de lo inteligente que es. Ese hombre, Mauricio Casafer... he oído historias. No quiero que mi hija sea otra de sus conquistas desechables.

Briseida suspiró, acomodándose las gafas.

—Cristina, sabes que por ti haría cualquier cosa, pero vigilar a la hija del jefe no es sencillo. Mauricio es un hombre reservado, pero cuando pone el ojo en algo, no descansa. He notado que baja mucho al piso de los pasantes últimamente. Eso no es normal en él.

—Por eso mismo —insistió Cristina con desesperación—. Infórmame de todo. Si la invita a algún lado, si se quedan solos hasta tarde... lo que sea. Necesito protegerla de un mundo al que no pertenece.

Briseida asintió lentamente.

—Está bien. Seré tus ojos y oídos dentro de la holding. Pero ten cuidado, Cristina. Si Mauricio se entera de que hay alguien husmeando, no tendrá piedad.

🍷

El viernes por la noche, la oficina comenzó a vaciarse. Alinne seguía concentrada en su informe final, decidida a entregar un trabajo impecable. El silencio era casi absoluto hasta que el sonido rítmico de unos pasos seguros anunció su llegada.

Mauricio entró sin llamar, esta vez sin su saco, con las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los codos, revelando unos brazos fuertes y velludos. Se apoyó en el marco de la puerta, observándola.

—Es tarde para seguir trabajando —dijo él.

—Quiero terminar esto. No me gusta dejar las cosas a medias —replicó Alinne, sin apartar la vista de la pantalla, aunque sus dedos ya no sabían qué teclear.

Mauricio se acercó lentamente y, con un gesto audaz, cerró la tapa de la laptop de Alinne. Ella finalmente lo miró, indignada.

—¿Qué hace?

—Cuidar mi inversión. Una analista agotada comete errores —Mauricio sonrió de esa forma que hacía que las rodillas de Alinne flaquearan—. Además, su caso de prueba es excelente. Ya lo he visto casi todo. Pero hay detalles estratégicos que no se pueden discutir en una oficina llena de oídos.

Él dio un paso más, invadiendo su espacio personal. El roce de sus rodillas bajo el escritorio fue inevitable. Alinne sintió un escalofrío recorrerle la columna.

—¿A qué se refiere? —preguntó ella en un susurro.

—Tengo algunas dudas sobre su propuesta de fusión. Dudas que requieren una conversación más... relajada. Mañana por la noche tengo una reserva en el *L’Éclat*. Considérelo una cena de trabajo. Una extensión de su entrevista.

Alinne sabía que aceptar era peligroso. Recordó las palabras de su madre, las advertencias sobre los ricos y sus intenciones. Pero también sentía la ambición profesional y esa atracción magnética que la empujaba hacia él como un imán.

—¿Una cena de trabajo un sábado por la noche? —lo desafió ella con una ceja levantada.

Mauricio se inclinó, su rostro a centímetros del de ella, su aliento rozando sus labios.

—En CASAFER House, los negocios no conocen de horarios, Alinne. ¿Vendrá, o es que le teme a un simple intercambio de opiniones?

—No le temo a nada, señor Casafer —respondió ella, aunque por dentro sus nervios eran un caos.

—Excelente. Pasaré por usted a las ocho. Y no me llame "señor Casafer" fuera de estos muros. Mañana, solo seré Mauricio.

Él se retiró, dejándola en la penumbra de la oficina. Alinne no se dio cuenta de que, desde un rincón oscuro del pasillo, Briseida observaba la escena con preocupación, preparando mentalmente el reporte que le daría a Cristina al día siguiente. La red comenzaba a tejerse, y Alinne estaba justo en el centro...



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En el texto hay: obsesion, pasion, poder

Editado: 04.08.2026

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